Los ojos de Belén Rueda


Recuerda que ya tienes El violinista de Mauthausen 

y El síndrome de Mowgli 

EN BOLSILLO SÓLO POR 8 EUROS    (ALGAIDA ECO)


Llegamos pronto, porque una de las manías de las que no tengo intención de desprenderme cuando voy a cine es acomodarme en la última fila, cerca del pasillo, antes de que se apaguen las luces, ver los tráilers y los anuncios que, aunque a veces sean los mismos, no se disfrutan igual que en la tele.
Cruzar la puerta del Cervantes, en Sevilla, siempre es un momento agradable. Con tanta multisala enlatada, procuro ver siempre las películas en este viejo teatro con palco, lámpara majestuosa en el techo, gruesas cortinas rojas y un leve olor a humedad, a cuarto que ha estado cerrado demasiado tiempo. Resulta demasiado desconsolador sentarse en una sala tan grande sólo junto a cinco o seis personas, pero el cine Cervantes se mantiene en el centro de Sevilla, irreductible, orgulloso, el útimo de una especie, como el Alameda multicines o el Avenida, que se ha ido extinguiendo sin que nadie haya sido capaz de levantar la voz lo suficiente para conservarlos. No sé si la gente joven que hoy va al cine en Sevilla ha llegado a conocer las butacas tan cómodas del Bécquer, en la Macarena; el viejo Regina, muy cerca de donde ahora se levanta ese paisaje que recuerda a Terminator de las setas de la Encarnación; o el Fantasio, en Triana, donde vi Parque Jurásico hace diecisiete años; las tres salas del Cristina, donde recuerdo haber visto La caja de música, de Costa Gavras o Pretty woman; o el viejo Pathé, donde vi con mi hernana, fascinado, en una de esas reposiciones que también desaparecieron para siempre, El Padrino, a finales del verano de 1983, cuando acababa de cumplir catorce años.
Son muchos más: el Florida, el Corona, el olvidado Astoria, el Rialto, pero en el Cervantes recuerdo haber pasado muchos de los mejores ratos como cinéfilo en los últimos veinte años: Bailando con lobos, La lista de Schindler, La vida es bella, El paciente inglés, Los chicos del coro y, no hace mucho, la fabulosa Origen. No sé si serán buenas películas o no, pero a mí me hicieron muy feliz mientras las veía. Me gusta tanto este cine que casi siempre, al mirar la cartelera, busco qué ponen en el Cervantes antes de decidir lo que voy a ver. Ayer ya se habían terminado las colas del fin de semana, los miles de espectadores que se ha echado al zurrón Los ojos de Julia desde que se estrenó el viernes pasado.
Dos décadas atrás no me entusiasmaba Belén Rueda. Eran los primeros tiempos de las televisiones privadas, y aunque no podía negar que tenía encanto, ella no era de las mujeres que más me gustaban. Creo que no empezó a interesarme hasta los últimos episodios de Periodistas, cuando se dejó el pelo largo, me parece, y se disputaba con Esther Arroyo el amor de Ginés García Millán, un tipo con suerte donde los haya, por cierto. En Los Serrano no resultaba difícil entender el drama del bueno de Antonio Resines, que no dejaba de preguntarse todo el tiempo qué estaba haciendo una mujer como ella con un tipo como él.
Por si todo esto fuera poco, Belén Rueda además es buena actriz. Anoche disfruté mucho viendo Los ojos de Julia, y en algunos momentos pasé miedo, lo que no es mala cosa en la sala oscura de un cine. ¿Que en algunos momentos se parece demasiado a Psicosis y está llena de tópicos facilones? Pues sí. ¿Que bastantes de las cosas que suceden son increíbles? Pues también. ¿Que a lo mejor viéndola otra vez no me gustaría tanto? Es posible. Pero es que me da mucha pereza ponerle pegas a las películas que me hacen pasar buenos ratos. Eso, mejor que lo hagan otros.

Al poco de empezar la película tuvimos que cambiarnos de sitio porque una de las luces de emergencia se encendía y se apagaba. Me pregunto ahora si además del sonido envolvente, ese parpadeo caprichoso no sería otro de los recursos de la sala para hacer la película más creíble, para que diese más miedo.
© Andrés Pérez Domínguez, noviembre de 2010

Comentarios

  1. Belén Rueda con los años ha mejorado,como el buen vino y en esta peli, está fenomenal, es muy buena.
    Hablas de unas películas, las cuales me encantan y que de tanto en tanto me gusta volver a ver, ya que cuando las vuelves a ver siempre encuentras detalles que se te habian escapado.

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  2. Bueno si te sirve de consuelo en Bilbao ya no quedan cines ,a no ser que te vayas a un centro comercial,quizas alguno ,pero tampoco tardara en cerrar,uno de los ejores y mas antiguos cambio , a peliculas en version original,para la gente que le gusta ,verlo sin doblar ,pero poco duro,terminaron por cerrarlo ,sin previo aviso y de un dia para otro a si que nada,habra que acostumbrarse.No e visto aun la de Belen Rueda pero esta semana espero tener tiempo.

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  3. Hola Andrés:muy buena pelicula la vi el domingo.es una buena actriz,yo tambien hiba a un cine como el cervantes.y estába en el centro (EL EMPERADOR)un gran cine y teatro .ya esta cerrado.un saludo .

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  4. uufff,qué miedo da ya eso de las luces Andrés,jajaja y antes de empezar la peli!!!!,madre mia...según me cuenta alguien que ha leído el libro de las casas encantadas de sevilla,el cine Cervantes es uno de ellos,de los que guardan ciertas historias sobre fenómenos extraños,no sé si será verdad,yo también soy de las que miro las carteleras de estos cines y si me gusta lo que hay voy y si no casi que no busco en más cines,a menos que de verdad tenga interés en algo,y nunca nunca noté nada en el Cervantes,y eso que voy mucho como digo.

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  5. Gracias a todas por vuestros comentarios. Encantado de veros por aquí.

    Abrazos,

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