Sábado

Siempre me han llamado la atención los jubilados que cada mañana se siguen levantando tan temprano con la misma energía que si tuvieran que lidiar con el ajetreo de la vida laboral. Me pasa lo mismo con la gente que, cuando viaja, acostumbra a hacerlo por un motivo relacionado con su trabajo, como si así pudieran eludir alguna clase de sentimiento de culpabilidad inconfesable al alejarse de su rutina. Pero yo ahora de lunes a viernes me paso el día entre libros, entre los que escribo y los que leo, y muy pocas veces de las que he salido al extranjero durante los últimos años no ha sido para documentarme sobre alguna novela en la que esté trabajando o he podido resistirme a utilizar las ciudades que he visitado como escenario donde suceden las historias que me invento.

Always be closing, les sermonea Blake, el personaje que interpreta Alec Baldwin, a los arrinconados vendedores en Glengarry Glenn Ross. Always be closing. Siempre estar vendiendo.

Todo es trabajo, parece. El sábado, desde muy temprano, pese a que se barrunta tormenta, mi único objetivo es acercarme a la Feria del Libro Antiguo, en la plaza Nueva de Sevilla. Tres noches antes, la niebla era tan densa que el puente de Triana se antojaba el Tower bridge, y el otro día, al llegar a la plaza Nueva, ya tengo los pantalones mojados hasta las rodillas.

Me gusta eschar un vistazo siempre a los puestos de libros viejos, y aunque voy dispuesto a gastar la mañana curioseando en las casetas, no resulta cómodo coger los libros, abrirlos con cuidado, preparándote para recibir ese olor a canela de las páginas usadas mil veces mientras sujetas el paraguas y regateas el chaparrón. Veo algunos libros que me interesan para la novela que estoy escribiendo, o para alguna otra que quizá escribiré en el futuro, pero en lugar de llevármelos, memorizo los títulos para volver otro día, a ser posible entre semana y sin lluvia.

A mi lado una mujer joven pide el beneplácito a su pareja para comprar una novela histórica que solo cuesta un euro. Él asiente, pero ella tampoco parece muy segura. Si cuestan tan baratos será por algo, dice. No estaría mal explicarle que los libros tienen una vida tan corta que muy pocos se libran de la guillotina o de criar polvo en los almacenes dos o tres años después de su publicación. Es una de las cosas que más cuesta aceptar en este oficio, y lo mejor es asumirlo cuanto antes y no lamentarse. Pero nadie me ha dado vela en ese entierro, y no acostumbro a ponerme a hablar con quien no conozco, así que sigo mi camino.

Detrás de un mostrador hay un librero sentado con la cabeza medio escondida, como si ya estuviera muy cansado a pesar de que la jornada no ha hecho más que empezar. Veo algo en la pared que me interesa. En la mayoría de las casetas se puede pasar para curiosear en las estanterías, pero yo siempre prefiero pedir permiso antes de entrar. Cuando se lo pregunto, el hombre asiente levemente con la cabeza, con tanta desgana que no acabo de estar seguro de poder hacerlo. Me pregunto también si le pasa algo, si ha tenido algún problema durante la noche y ahora no le queda más remedio que atender a los clientes encorvado de mala manera sobre los libros. Entro, procurando no fijarme en él, por pudor, y echo un vistazo a lo que me interesa. Enseguida percibo un olor dulzón, inconfundible, y no puedo evitar una sonrisa. Esta maldita imaginación muchas veces me juega malas pasadas: el librero me ha dejado entrar a regañadientes porque se está fumando un canuto.

Fuera, la lluvia arrecia, y yo tengo los calcetines empapados.

© Andrés Pérez Domínguez, noviembre de 2010

Comentarios

  1. Andrés aquí en Barcelona también hace cada domingo un mercado de libros (el mercado de San Antonio),yo voy muchas veces y me lo pasó genial, a veces compro y otras solamente por curiosidad.

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  2. Hola Andrés; bonito comentario,aqui también hay una feria del libro antiguo dura 15 dias ,siempre voy por supuesto vuelvo a casa con varios . me encanta mirar libros ,el dia del libro, y la feria ,nunca falto y en todas compro (creo que soy adicta)un saludo

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  3. Fantástica entrada, Andrés. Me ha encantado ese olor a canela.

    Y muchas gracias por ese correo.

    Un fuerte abrazo.

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  4. Hola Andrés .Te cuento que acá en Lima me encanta visitar la feria de libros.Y siempre llevo a casa una obra literaria.
    ¡Felicidades! y que sigas alcanzando muchos éxitos con la publicación de tus novelas.
    Muchos saludos.

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  5. Gracias por vuestros comentarios.
    Un placer, como siempre.

    Abrazos a todos,

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