Nochevieja
Nunca me gustó la Nochevieja, pero no porque yo sea de esos que se ponen nostálgicos el 31 de diciembre, sino porque, a pesar de que la Navidad me agrada bastante, la fiesta de esta noche siempre me ha resultado incómoda, muy cansada, como si uno tuviera que pasárselo bien por narices - por imperativo genital, como decía un viejo amigo - entre matasuegras y canciones pasadas de moda. A pesar de ello he claudicado y he ido dos veces a un cotillón, hace muchos años, con tal mal recuerdo como hastío, con el único resultado positivo de un cuento que sucede el día de Nochevieja, que Félix J. Palma, a quien todavía no conocía, y su hermano (supongo que Juan Carlos, al que no conozco personalmente pero tengo enlazado en el blog) me publicaron en un suplemento cultural que dirigían, hace catorce años. Qué queréis que os diga. No me gustan las uvas, y en una fiesta de Nochevieja uno no puede evitar la sensación de estar haciendo el ridículo mientras los demás picotean nerviosos en la copa ...