De lobos y hombres

Llueve tanto en el sur de España que algunos ríos se han desbordado. Antes de la hora de comer a veces está tan oscuro que parece que se ha hecho de noche de pronto, como si en lugar de a un tiro de piedra de África estuviésemos cerca del círculo polar. Sin embargo la temperatura, que tanto había bajado los últimos días, por culpa de las nubes ha subido hasta rondar los veinte grados, y uno sale a la calle preparado para no pasar frío porque está muy cerca el invierno y enseguida se da cuenta de que la ropa de abrigo empieza a sobrar, y te metes en un bar y al poco tiempo te gustaría que estuviera conectado el aire acondicionado.

Abrigado más de la cuenta dejo el coche lejos del cine, como siempre, para dar un largo paseo. La ciudad se antoja vacía salvo por unos cuantos grupos de franceses con los que me cruzo. Me pregunto si no les habrá pillado el conflicto de los controladores al llegar a España, y me da un poco de pena al verlos en la ciudad en un puente con tanta agua. La lluvia me gusta, pero siempre acaba resultando un poco incómoda, y conducir es mucho más peligroso. Prefiero los días de invierno en los que hace mucho frío pero luce el sol.

Muy cerca del cine, un chaval cruza un semáforo en rojo sin preocuparse de que en ese momento estén pasando los coches, y no se le ocurre otra cosa que insultar a un conductor que tiene la prudencia de hacer sonar el claxon para no atropellarlo. Le enseña la punta del paraguas, amenazándolo. Marica, le increpa, varias veces. Nunca seré capaz de entender cómo alguien puede tener la desvergüenza de no agachar la cabeza o acaso pedir disculpas cuando sabe que ha metido la pata y que el otro tiene razón. Pasa al volante, demasiadas veces, y después de tantos años conduciendo nunca termino de acostumbrarme.

Entre lobos no la ponían en mi cine favorito, pero yo, que tanto he hablado de Mowgli y de los lobos de la manada de Seonee, tenía interés en ver esta película. Lo pasé bien, y en algunos momentos me sorprendió. Resulta agradable y novedoso ver un paisaje español en una película de aventuras como ésta, y por el rato que aparece Sancho Gracia creo que merece la pena pagar la entrada. Supongo que es inevitable acabar preguntándote cuánto hay de verdad y cuánto de ficción en lo que has visto. Al final, unas letras sobreimpresionadas en la pantalla te explican que Marcos Pantoja, el hombre que vivió entre lobos, dice que los momentos más auténticos de toda su existencia sucedieron cuando vivía con los animales.

Muchas veces miro a mi alrededor y estoy convencido de que lleva razón.

© Andrés Pérez Domínguez, diciembre de 2010

Comentarios

  1. estoy totalmente de acuerdo, ver a Sancho Gracia es una delicia, es un grandísimo actor.

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  2. Hola Andrés ; gran pelicula y con Sancho mejor cuesta creer que fué real pero asi es ( a veces los animales son mejores que las personas)a mi me gustó mucho .saludos y buenas tardes

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  3. Absolutamente de acuerdo, querido Andrés.

    Tu novela, una vez más, me ha encantado. Te envío un correo.

    Un fuerte abrazo y gracias.

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  4. Dicen que es una película muy buena, yo la tengo apuntada para estas fiestas.

    FELIZ NAVIDAD ANDRES.

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  5. Gracias por vuestros comentarios.

    Abrazos para todos,

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  6. Pues tienes razon cada dia los humanos son peores y es preferible un animal, son leales cuando comienzan a quererte y ganarse el amor animnal es sencillisimo. el ejemplo cliche, el perro, un amigo hasta la muerte. Un abrazo y disfruta la navidad escritor. Richard Sabogal

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