Un abrazo, Paco.
ABC de Sevilla


Aquí estamos los dos, después de grabar esta entrevista, posando en el estudio. Gregorio es uno de los tipos a los que tengo un gran aprecio en este mundillo. Es cercano, sencillo, y tan humilde, que, cuando hablas con él, parece que le cuesta reconocer lo buen escritor que es. Pero sobre todo es un tipo con un corazón que no le cabe en el pecho. Ahí están sus libros: El pensamiento de los ahorcados o Murciélagos en un burdel, y más que vendrán en el futuro, conque no me extraña que en la próxima entrevista sea yo el que le haga las preguntas.Manifestar que esta obra es la mejor de todos los premios de novela otorgados por el Ateneo de Sevilla sería un atrevimiento que podría llevar consigo un cierto riesgo. Luego dejémoslo en una de las mejores obras a las que se ha otorgado el ya veterano Premio Ateneo de Novela de Sevilla. Por ello, con el tacto que requiere, considero el compromiso crítico de invitar a leerla, con la certeza de que quienes aborden la historia quedarán atrapados por su contenido. Y lo que puede sorprender es el oficio del autor, de cómo ha sabido montar la trama y manejar los elementos, la carpintería literaria dicha en el mejor de sus términos: exactitud geográfica y ambiental para esta historia que vive y palpita por la Europa Central, en ese tiempo de la primera mitad del siglo XX, cuando el viejo continente vivía los más sangrientos y tenebrosos capítulos de su Historia con la Segunda Guerra Mundial y su posguerra.
La novela se desarrolla sobre un triángulo amoroso, dos hombres y una mujer. Uno de ellos Rubén Castro, español republicano que como tantos otros al terminar la guerra civil en España se exilia a Francia para formar parte de la resistencia española contra la ocupación de el ejército alemán. París, 1940. Nuestro español está a punto de casarse cuando es detenido por la Gestapo y enviado al tristemente célebre campo de exterminio de Mauthausen.
Con esta intriga comienza una narración de prosa muy visual, que va mostrando “cinematográficamente” planteamientos como traición, culpa, el honor, la amistad y la redención. Porque la protagonista y novia, de nacionalidad francesa pero alemana de origen judío, acepta la oferta de colaborar con los servicios secretos aliados con el deseo de poder conseguir salvar del infierno donde está prisionero su prometido Rubén. Esto le obliga a fingir exteriormente una relación con el otro personaje masculino, un ingeniero alemán y apasionado violinista, donde por los imperativos de su papel de espía se ve obligada a una convivencia que la lleva a sentidas intimidades.
Tenemos pues una narración donde la trama mezcla hábilmente con soltura narrativa el mundo del espionaje y sus entrañas nada limpias, durante la ocupación alemana de París, posguerra en un Berlín en ruinas y la brutalidad descrita con amplio conocimiento y detalle del campo de exterminio.
Y en ese mundo agitado y descompuesto se desarrolla esta hermosa y apasionada historia de amor, con esa protagonista inmensa, desbordante de personalidad y sacrificio, obligada por una causa a hacer cosas que en tiempos normales jamás hubiera asumido voluntariamente.
Tres personajes perfectamente creados en tres escenarios muy diferentes pero inmersos en la trama que se narra. París, Berlín y Mauthausen. Unas vivencias amorosas donde el trío es consciente, pese a todas sus susceptibilidades que, junto a sus luchas internas desde distintas distancias en el transcurso del drama, las circunstancias los van acercando por una misma pasión y sufrimiento.
El amor, la división de los deseos que viven hasta el final del desenlace imprevisto, que ni los propios protagonistas podían imaginar cuál sería su final, crean una aventura tensa, ardiente y amorosa con el maravilloso y emotivo fondo musical de un violinista solidario y apasionado.

Y las noticias sobre El violinista de Mauthausen se me acumulan, y, aunque hay una editorial detrás que me trata muy bien, es al autor a quien más le duelen sus libros, conque no me queda otra que poner estas cosas por aquí. Después de todo, es mi blog, y uno no siempre tiene la suerte de que tantos lectores hayan querido conocer tu obra. Ya vendrán días nublados, así que disfrutemos cuando el sol está en lo alto. Además, este blog resulta muy útil para los periodistas interesados en mi violinista, y espero que también para los lectores. Una vez más, os doy las gracias a todos los que habéis buscado El violinista de Mauthausen estas semanas pasadas en las librerías.
El violinista de Mauthausen me está dando muchas alegrías estas semanas. Muchas más de las que había imaginado. Recibo montones de mensajes de lectores amables que me cuentan sus impresiones. La mayoría pertenecen al ámbito privado, así que no voy a ser yo quien los cuelgue en esta bitácora. Sin embargo, el escritor y crítico Antonio Parra Sanz me mandó un texto muy hermoso hace poco: me contaba que estaba disfrutando tanto con mi violinista que no había podido resistirse a escribr un microrrelato, que, además, me ha dedicado. Os lo dejo por aquí, después de haberle pedido permiso.
Para Andrés Pérez Domínguez
Marcus Müller atacó los últimos compases del adagio de Bach con todo el corazón, mientras el público desfilaba ante él con las manos agarrotadas y la mirada perdida en el violín, sintiendo cómo el calor se iba apoderando de sus almas. Marcus cerró los ojos para finalizar y no dejarse envanecer por los aplausos que ya imaginaba en sus oídos. Cuando los abrió, estaba solo. Antes de guardar el violín en su funda, tuvo que sacar de ella el uniforme de rayas, se cambió, se ajustó la estrella amarilla en el pecho y arrastrando los pies se dirigió por primera y última vez hacia las duchas.