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Mostrando entradas de enero, 2011

Un poco bruto

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Es una semana extraña y complicada, con algunas decepciones y otras alegrías que las compensan. Llego al tramo final de la rehabilitación de mi hombro maltrecho, pero sigo un poco dolorido después de un mes de láser, electroestimulación y ultrasonidos. Lo que más me molesta de todo es no saber cuándo podré volver a hacer deporte de una manera intensa, como a mí me gusta. Mi médico me dice que todavía no, si acaso, que pruebe a nadar un poco, a ver cómo responde. Le explico que no sé si seré constante con la piscina, porque soy un poco bruto, y a no ser que termine empapado de sudor no alcanzo la satisfacción de haber hecho ejercicio. Basta con un par de largos, me aclara, no más, poco a poco, y dentro de un mes te vienes a verme otra vez. Como trato de ser obediente con los médicos, termino comprándome un gorro y me doy un chapuzón. Es agradable, sí, y en lugar de un par de largos nado una hora entera. Ya lo he dicho, soy muy bruto, y estoy acostumbrado a hacer ejercicio hasta que ya …

Mi abuela centenaria

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Decían el otro día en el telediario que en China se está preparando una ley para castigar a los adultos que no cuiden de sus mayores, que no vayan a visitarlos o no se ocupen de ellos como es debido. Estoy seguro de que hay muchas cosas que podemos criticar o discutir sobre los chinos, su régimen político monocolor, la proliferación de tiendas que tanto parece molestar a algunos o su empeño en controlar la natalidad, sobre todo cuando los bebés son niñas; pero resulta meritorio, y tal vez ejemplarizante, que una ley obligue a visitar a los ancianos o a prestarles la atención que necesitan y, lo que me parece más importante, merecen. A mi modesto entender, pocos detalles definen más a una cultura que el respeto por las personas mayores, y nada más que por esto los chinos acaban de caerme más simpáticos. Mi abuelo paterno, en quien me inspiré para crear el personaje de Miguel Carmona en La clave Pinner, vivió con sus hijos hasta que dejó de fumar, literalmente, a los noventa y un años. …

El problema de otro

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El viernes por la noche hace frío, pero me gusta. Me acuerdo de cuando era niño y en casa siempre estaba encendida la chimenea en invierno y el viernes era el mejor día de la semana, cuando todavía no me había convertido en un adolescente al que le gustaba salir los fines de semana o que muchas veces lo haría por costumbre o porque lo animaran algunos amigos que nunca entendían que más de una noche me apeteciera quedarme en casa. Puede que por esto me guste recobrar la felicidad infantil de los viernes, la perspectiva todavía inabarcable del fin de semana que acabaría con tristeza el domingo por la noche. Creo que en esa melancolía inevitable de domingo por la noche nos pareceremos siempre los adultos y los niños. La noche del viernes pasado es angustiosa porque tengo que ir a la sala de urgencias de un hospital, y aunque sepas o esperas que no sea nada no puedes evitar la preocupación mientras conduces, buscando el camino más corto, evitando los semáforos y saltándote alguna señal d…

Los sonidos del silencio (II)

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EnRescate en el tiempo, una novela de ciencia ficción del fallecido Michael Chrichton, varios personajes viajan en una máquina del tiempo, y al llegar su destino, el siglo XIV, a algunos los asalta el pánico en un bosque al escuchar el silencio de la naturaleza, la ausencia de ruido de motores, casi siempre presente en nuestra época aunque sea de una manera lejana. Sin embargo a mí no me aterra el silencio, y a menudo pedaleo muchos kilómetros campo a través para llegar a un sitio lejos de la carretera, lejos de coches y de motos, donde en ocasiones solo se puede escuchar la brisa, el croar de las ranas en una charca o esa quietud que aterrorizaba a los personajes del autor norteamericano. Sé que sonará como una barbaridad, pero a veces me pregunto si no sería posible quedarse sordo a voluntad propia, solo durante el tiempo que uno quiera, para no tener que escuchar nada que no te apetezca. Resulta complicado que te apasione el silencio en un país tan ruidoso como España y tan permisi…

Los sonidos del silencio

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El otro día esuché al otro lado de la ventana de mi estudio la flauta del afilador, con esa familiaridad de un sonido que ha estado ahí durante años, pero tan distante y tan extraño que a mí siempre me pareció como de música sudamericana, y me acordé de que hace no mucho me enteré en la radio o vi en un telediario que hay gente que se está dedicando a la tarea tan interesante como quizá imposible de grabar sonidos que, a poco que nos descuidemos, desaparecerán para siempre. La música de los afiladores parece que es uno de ellos. No sé en las ciudades, pero en los pueblos del sur de España aún se escucha la flauta de un afilador, me temo que algunas veces grabada en un casete o quizá en un moderno reproductor de mp4.
Hay sonidos que se perderán con el tiempo, supongo, o que solo será posible escuchar en lugares remotos. A mí, que adoro el silencio, pocos sonidos me resultan tan agradables como el cencerro del ganado en el campo, o el tañer de una campana a lo lejos, que no sé si también…

¿Qué fue de Jorge Sanz?

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Me he quedado con ganas de más, la verdad es que sí. Pensé que eran más episodios, veintitantos, o al menos trece, pero parece que el sexto era el último, y por más que buscaba la información con el mando de Canal + ya no encontraba más episodios de ¿Qué fue de Jorge Sanz?¿Que de qué va esta serie?. La verdad es que no lo sé muy bien, o tal vez sí: de un actor cuarentón que se llama Jorge Sanz y que empezó una carrera estelar en el cine como estrella infantil. Ahora los tiempos han cambiado y las cosas ya no son lo que eran: el actor se ha puesto inevitablemente barrigoncete y no es tan atractivo como antes, no le llueven precisamente las ofertas y su representante no es capaz de encontrarle algo que merezca la pena. Las mujeres lo recuerdan sobre todo por su papel en Valentina, y aunque ya no es ni una sombra de lo que fue consigue llevarse a varias al huerto...Me han gustado mucho los seis episodios que he visto. Reírse de uno mismo no siempre parece sencillo, pero resulta la mar de…

Sin fumar espero

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No me acordaba de que habían empezado las rebajas hasta encontrarme en el centro rodeado de ríos de gente que camina apresuradamente con las bolsas donde se anuncia bien grande que los saldos han llegado. Es sábado por la tarde y hace tres noches que vinieron los Reyes Magos, pero al caminar por las calles más comerciales de Sevilla la dificultad es idéntica a la de los días de Navidad. Qué curioso que apenas setenta y dos horas antes los escaparates de las tiendas estuviesen colmadas de luces y adornos navideños y ahora los carteles que anuncian bien grande las rebajas sean lo más visible. Qué extraño que ahora, el segundo día de las rebajas, cuando cae la tarde del sábado la sección de ropa de los grandes almacenes se parezca a un paisaje después de un huracán: jerséis desmadejados, pantalones hechos un gurruño, camisetas dobladas de cualquier manera y restos de envoltorios de plástico y de cartón en el suelo. En Navidad también había mucha gente en las tiendas, pero todo se me anto…

Festín de libros

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A la mayoría de las personas con las que me relaciono habitualmente les encanta el calor, el buen tiempo, con ese ritual que a mí nunca me ha gustado de visitar las playas multitudinarias en verano. Sin embargo yo prefiero el frío, y disfruto más de los paseos los días con luz y temperaturas bajas en el sur que de esas tardes interminables de verano, cuando parece que nunca se apagará el sol y lo único que me apetece es encerrarme en una habitación con aire acondicionado. Dos días antes de la noche de Reyes hace frío, y por la tarde doy un paseo hasta el centro, pero enseguida me doy cuenta de que todo el mundo ha decidido hacer lo mismo y a la misma hora que yo. Por algunas calles es imposible dar dos pasos seguidos sin chocarte con nadie. Entro en El Corte Inglés y me sorprende ver, como cada año por estas fechas, y a pesar de la crisis, una máquina expendedora de números en el departamento de joyería y a docenas de personas haciendo cola. Colas por todos sitios, igual que las he vi…

Rutina

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Aún no se han terminado las fiestas, pero ya es hora de retomar el trabajo empezado. Suelo acometer las Navidades con ganas, pero rara vez no estoy deseando que terminen antes incluso de que haya llegado la noche de Reyes. Aunque puedo adaptarme a casi cualquier circunstancia, soy de los escritores que prefieren trabajar como un funcionario o un oficinista (tantas horas cada día, tantos días a la semana), y con este desbarajuste de horarios, de comidas excesivas y de falta de ejercicio (otra de las rutinas que soy incapaz de dejar a un lado) me acabo inquietando, y no veo el momento de volver a la vida aburrida y feliz de siempre: escribir por las mañanas, hacer deporte, leer, ver alguna película. Y es que, por más que uno lo necesite, cuesta volver a la rutina. A primeros de diciembre hice una pausa en la escritura de mi nueva novela para recapitular, leerla sin prisas desde el principio y esbozar los capítulos de la segunda parte que aún me falta por escribir. Y entre tanta fiesta y…