Los sonidos del silencio (II)

En Rescate en el tiempo, una novela de ciencia ficción del fallecido Michael Chrichton, varios personajes viajan en una máquina del tiempo, y al llegar su destino, el siglo XIV, a algunos los asalta el pánico en un bosque al escuchar el silencio de la naturaleza, la ausencia de ruido de motores, casi siempre presente en nuestra época aunque sea de una manera lejana. Sin embargo a mí no me aterra el silencio, y a menudo pedaleo muchos kilómetros campo a través para llegar a un sitio lejos de la carretera, lejos de coches y de motos, donde en ocasiones solo se puede escuchar la brisa, el croar de las ranas en una charca o esa quietud que aterrorizaba a los personajes del autor norteamericano.

Sé que sonará como una barbaridad, pero a veces me pregunto si no sería posible quedarse sordo a voluntad propia, solo durante el tiempo que uno quiera, para no tener que escuchar nada que no te apetezca.

Resulta complicado que te apasione el silencio en un país tan ruidoso como España y tan permisivo con los que no respetan el silencio, donde difícilmente nadie se atreve a llamar la atención a alguien que no respete, no ya la ley, que parece ser confusa casi siempre sobre la contaminación acústica, sino un cartel que prohíba el uso del teléfono móvil en determinados lugares. Pasa en la sala club del AVE, donde hay un área bien determinada en la que no se permite el uso el del móvil o se pide silencio, y donde pocas veces no he visto a algún despistado manteniendo una conversación telefónica.

Se vive muy bien aquí, no lo dudo, y aunque me siento orgulloso de ser español echo de menos la conciencia cívica de muchos sitios que he visitado en el extranjero, sobre todo de los Pirineos para arriba, la naturalidad con que la gente de la calle ejerce sus derechos y señala sin complejos a los listos que no cumplen las normas. Hace cuatro años, entre Inglaterra y Escocia, en el vagón de un tren que un cartel señalaba libre de ruidos, un viajero se levantó para llamar la atención a un adolescente porque el eco que le llegaba de la música de sus auriculares le molestaba. El adolescente, que viajaba con su familia, le pidio disculpas y apagó el reproductor. Ningún problema. Todo tan natural como que son las normas y hay que respetarlas. Punto.

No digo yo que tengamos que llegar al extremo de Suiza, donde en algunos sitios está prohibido usar la cisterna por la noche, pero me pregunto con qué cara habrían mirado a uno que hubiera pedido silencio en el AVE a cualquiera que hubiera estado dando la tabarra con sus cuitas durante buena parte del trayecto al resto del pasaje.

© Andrés Pérez Domínguez, enero de 2011

Comentarios

  1. Spain is different, Andrés. Y creo que llevamos en los genes ser diferentes. Desde que volví de Algeciras para establecerme otra vez en Madrid, una de las cosas que más me exaspera es que mucha gente pone música en el Metro en el móvil. Vas leyendo un libro (el Metro para leer es genial)y llega un tonto con el móvil y te jode el momento. Antes escuchaban música, pero con cascos, nada que objetar. Ahora ponen la música a toda hostia. En más de una ocasión me he cambiado de vagón. Es insoportable.

    P.D.: "Rescate en el tiempo" es una de mis novelas preferidas. Un abrazo.

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  2. Hola ,se habla muy alto la verdad .yo cuando hablo voy subiendo el tono,( me doy cuenta eh )y ya hablo mas bajo,ahoralo que me fastidia es la gente que habla por el movil ,dando voces,debe ser que no oyen bien.y la musica alta .me hace mucho daño en los oidos ,(si les dices algo te insultan)un saludo

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  3. Hola Andrés,Te comento que me molestan mucho los volúmenes altos de las radios,y los ruidos de los celulares ,pues si estoy leyendo o estudiando mientras viajo, pierdo la concentración. Me encantan los espacios tranquilos, como el campo, la playa , lejos de la bulla.
    ¡Felicitaciones por tu blog! Gracias por compartir notas tan interesantes.
    Un abrazo.

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  4. A me me molesta un monton cuando vas en el autobús y el de turno se pasa todo el viaje hablando por el movil, lo encuentro de un mal gusto brutal que todos los pasajeros nos vayamos enterando de las chorradas que a veces se cuentan y ya no hablar de lo que les costada en € esa llamada.

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  5. Hola Andrés. A veces me invaden esas mismas dudas sobre ruidos y comportamientos. Casi siempre llego a la conclusión, quizás por consolorame, que sin esos tics la sociedad española sería más seria y nórdica pero menos atractiva, no sé...

    Ah, me cautivó "La clave Pinner"!

    Un abrazo

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  6. Es un caso únicamente de educación. El silencio es un tesoro. Yo que soy de una isla pequeña sé lo que es el silencio casi absoluto. Vivir ahora en una gran ciudad se hace a veces molesto.
    Un abrazo

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  7. Gracias a todos por vuestros comentarios.

    Alinando, bienvenido, y me alegro de que La clave Pinner te cautivase...

    Abrazos,

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