Los sonidos del silencio

El otro día esuché al otro lado de la ventana de mi estudio la flauta del afilador, con esa familiaridad de un sonido que ha estado ahí durante años, pero tan distante y tan extraño que a mí siempre me pareció como de música sudamericana, y me acordé de que hace no mucho me enteré en la radio o vi en un telediario que hay gente que se está dedicando a la tarea tan interesante como quizá imposible de grabar sonidos que, a poco que nos descuidemos, desaparecerán para siempre. La música de los afiladores parece que es uno de ellos. No sé en las ciudades, pero en los pueblos del sur de España aún se escucha la flauta de un afilador, me temo que algunas veces grabada en un casete o quizá en un moderno reproductor de mp4.
Hay sonidos que se perderán con el tiempo, supongo, o que solo será posible escuchar en lugares remotos. A mí, que adoro el silencio, pocos sonidos me resultan tan agradables como el cencerro del ganado en el campo, o el tañer de una campana a lo lejos, que no sé si también corren el riesgo de no volverse a escuchar dentro de unos años. Pero lo que de verdad me gustaría que estuviera a punto de extinguirse es el estrépito de los altavoces de algunos coches cuando pasan con las ventanillas bajadas malintencionadamente por una calle silenciosa, el estruendo de algunas motos que circulan a escape libre, el timbre estridente de algunos teléfonos móviles y las conversaciones que sus dueños mantienen, que ni me importan ni tengo por qué escuchar, o los gritos de ciertos invitados a los programas del corazón.

© Andrés Pérez Domínguez, enero de 2011

Comentarios

  1. un sonido que antaño se oia mucho,pero con las nuevas tecnologis ya no.

    ResponderEliminar
  2. Hola Andrés ;yo vivo en León capital ,y aqui si oimos al afilador ,y llama en los portales, y tambíen las campanas de la catedral y de san isidoro .(parece un concierto)los turitas se quedan pasmados , estamos acostumbrados, un saludo

    ResponderEliminar
  3. Antonio González18 de enero de 2011, 2:24

    Hola Andrés, me ha encantado tu nueva entrada. Acabo de leerla y me has dejado un rato mirando al vacío. yo me he criado en un pueblo y de hace unos años vivo en Sevilla capital. y me cabo de dar cuenta de lo que hecho de menos esos sonidos, aqui no los oigo, a veces alguna campana que otra si, pero no los cencerros de las ovejas ni el panadero por la mañana, ni el afilador...y por cierto en mi pueblo hay una "leyenda" de que cuando venia el afilador se levantaba el solano (viento de levante) y siempre pasa, se levanta el solano, que tambien hacia un sonido encantador al rozarse con la parra cargada de racimos de uva de mi abuela... que buenos recuerdos traen esos sonidos... un saludo. Antonio González (PR)

    ResponderEliminar
  4. Yo me he criado en Madrid, en un barrio periférico. Por tanto y, por edad, recuerdo con nostalgia el sonido de el afilador e incluso los pequeños cencerros de las ovejas. Cuando mis padres me llevaban al pueblo, escuchaba el sonido del canto del gallo y alucinaba. Desde mi casa, también escuchaba el sonido de las campanas de la iglesia del barrio. Hoy solo se escucha el sonido del tráfico. Me exaspera estar en una reunión y escuchar el sonido del móvil de alguien que olvida ponerlo en silencio. En definitiva, no me gusta el sonido de los nuevos tiempos y sí los antiguos. Estupenda entrada para la reflexión. Un abrazo, Andrés.

    ResponderEliminar
  5. Gracias por vuestros comentarios. Como me he quedado con ganas de contar alguna cosa más, he escrito una segunda entrega.
    Abrazos,

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Las pajas reales (o cómo escribir una felicitación navideña políticamente correcta)

La Teoría de la Relatividad

Un viejo cascarrabias