Sin fumar espero

No me acordaba de que habían empezado las rebajas hasta encontrarme en el centro rodeado de ríos de gente que camina apresuradamente con las bolsas donde se anuncia bien grande que los saldos han llegado. Es sábado por la tarde y hace tres noches que vinieron los Reyes Magos, pero al caminar por las calles más comerciales de Sevilla la dificultad es idéntica a la de los días de Navidad. Qué curioso que apenas setenta y dos horas antes los escaparates de las tiendas estuviesen colmadas de luces y adornos navideños y ahora los carteles que anuncian bien grande las rebajas sean lo más visible. Qué extraño que ahora, el segundo día de las rebajas, cuando cae la tarde del sábado la sección de ropa de los grandes almacenes se parezca a un paisaje después de un huracán: jerséis desmadejados, pantalones hechos un gurruño, camisetas dobladas de cualquier manera y restos de envoltorios de plástico y de cartón en el suelo. En Navidad también había mucha gente en las tiendas, pero todo se me antojaba mucho más ordenado y más limpio. No sé si al bajar los precios de la ropa la gente se vuelve más descuidada o es imposible conciliar el ansia de encontrar una ganga con las normas más elementales de educación.

Al contrario que hace unos días, solo la sección de libros de El Corte Inglés parece el lugar más tranquilo de toda la tienda. Los vendedores, que durante la Navidad no daban abasto despachando y envolviendo libros, ahora ordenan las mesas, recolocan las existencias con la tranquilidad, y quizá con el alivio, de quien sabe que su departamento no será nunca el más visitado durante las rebajas.

Pero ha sucedido algo más importante, pienso, aunque todavía no lo había podido comprobar sobre el terreno, y el descubrimiento ha sido por casualidad, cuando ni siquiera pensaba en ello ni me acordaba. Nunca he fumado, ni siquiera sé hacerlo, pero menos en el coche, porque no me gusta el olor que nunca se termina de ir del todo cuando alguien ha fumado, jamás he tenido problemas con que la gente fume a mi lado, y por alguna clase de retorcida empatía siempre me he puesto del lado de los fumadores que han protestado cuando las leyes los han arrinconado. Sin embargo, al entrar en un bar al que suelo ir en el centro, me doy cuenta de que al cabo de un rato no me escuecen los ojos ni presiento un inminente aunque ligero dolor de cabeza. Ya no habrá humo en los bares, parece. Sigo entendiendo que los fumadores protesten, pero no puedo negar que ahora que no hay humo acabo de descubrir, y estoy encantado, que me gusta mucho más entrar un bar.

© Andrés Pérez Domínguez, enero de 2011

Comentarios

  1. Ya no habrá humo en los bares, que alegria poder entrar en uno y salir sin olor a tabaco.

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  2. Yo ahora tendré que apuntarme a clases de baile si no quiero que se note que no voy a discotecas porque no sé bailar ni un trompo. Lo del humo solo era una excusa.

    Qué va hombre. Era el otro motivo. Yo estoy encantado con el nuevo orden social. Pero me parece lamentable que se haya tenido que llegar a hacerlo por medio de la prohibición y no hayamos conseguido hacerlo por el camino del respeto. Había muchos fumadores que se preocupaban por preguntar antes de encender un cigarro si había más personas con ellos. Otros, sin embargo, no solo no preguntaban sino que encima te respondían de malas maneras si eras tú el que preguntabas si les importaría apagar su cigarro o fumar más lejos.

    Tendrían que hacérselo mirar los que hablan de persecución hacia ellos y no ven que realmente son los de su bando los que ayudaron a llegar a esto. Es tristemente cómico leer u oir el comentario de que esto se empieza a parecer a la persecución de los nazis a los judíos.

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  3. Porquè tienes esa extraña virtud, de hacer arte con las palabras.
    Porqué en cada relato por simple que sea haces una delicia literaria?.
    Soy fumador desde hace 30 años ( por desgracia) y admiro y comparto tu visión del asunto.
    Siempre he respetado el derecho del no fumador, no me siento ni agredido ni acosado.
    Siempre he tenido claro que el agresor y el trangresor he sido yo.
    Pues fumar, al fin y al cabo es una de las cosas mas antinaturales que hay.
    Un abrazo.

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  4. Hola Andrés;no soy fumadora ,y nunca me ha molestado que fumen (ni cuando estan cerca de mi) pero prohibirlo.ni que fueran delicuentes, se dice que es por salud el que fuma lo seguirá haciendo.y creo tal y como estan las cosas hay otros asuntos más importantes,y las rebajas nunca ir los primeros dias es un agobio,un saludo

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  5. Hola Andrés.
    Entiendo a los no fumadores, yo soy fumadora y suelo vacíar el cenicero cuando fumo porque no me gusta el olor difícil de quitar. Pero ¡por favor! ya vale de tomaduras de pelo, como muy acertadamente dice alguien ¡no somos delincuentes! y eso de la salud pública es P.Mentira.Puestos a mirar por la salud el alcohol es más generador de problemas sociales y de salud pública, quizás continúen por ahí ya que tan bien les está saliendo, además de dividir a la gente en los si y los no, nos distraen la atención de una insanidad más grave y profunda que el poder politico-económico estan generando, el aumento de depresiones por miedo a perder lo poco que se tiene o por estar en el paro y con una hipoteca perdida.
    Además, ¿no sabemos por pura experiencia social que la prohibición genera ansiedad y aumenta el consumo? Entonces, ¿a quién beneficia ésta ridícula prohibición?. ¿No era más coherente crear espacios para fumadores? Los bares de copas son lo que son y con buenos sistemas de ventilación nadie sale dañado por el tabaco, mal oliendo si, pero eso no es para llevarse manos a ninguna cabeza.
    Doy margen a equivocarme, pero lo que veo en éste tema es lo mismo que veo en el de controladores aereos y belén Esteban o prensa rosa entre otras tonterías, manipulación y distracción mientras nos llevan al borreguismo de la aceptación pasiva.
    Abrazos para todos los si y los no.

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  6. Gracias a todos por vuestros comentarios.
    Abrazos,

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