Sobreabundancia
El otro día se me estropeó el ordenador portátil. Supongo que se paró, de puro agotamiento, como un caballo al que han llevado al galope durante demasiado tiempo. Los que entienden de informática me dijeron que no merecía la pena arreglarlo, así que me he pasado unas cuantas tardes recorriendo el departamento de electrónica de varios centros comerciales, o perdido en Internet mirando las diferentes características de cada modelo. Que haya tanta oferta es estupendo, sí, pero, qué quieren que les diga, como no sepas muy bien qué estás buscando es para volverse loco. Pero no pasa solo con los ordenadores. Pasa con todo. Hace unos meses, un librero me contaba que veinte años atrás su trabajo era mucho más sencillo, más cómodo. Para él y para los lectores, me decía. Se publicaban menos títulos, pero al menos cuando un cliente entraba en una librería no se mareaba, y lo que era más importante para él, el librero sabía lo que tenía. Ahora es imposible, se quejaba. Por muchas horas que le eche...