Madrid (II, El club de la comedia)

El museo de Historia de Madrid está cerrado por obras, y el del Ferrocarril no abre los lunes, pero no hay problema: dedico la mañana a recorrer los mismos lugares que los personajes de mi novela. Qué curioso, y qué extraño también, caminar por sitios donde tu imaginación ha transitado tanto durante los últimos meses: el Retiro, paseo del Prado, Lavapiés, Puerta del Sol, Gran Vía, y un club de alterne imaginario en una bocacalle de esta famosa avenida. Aunque las nubes se han ido y hoy luce una mañana luminosa y fría, la realidad se confunde con la ficción, y como en mi novela nieva sobre Madrid, a pesar del sol imagino el cielo gris oscuro, igual que la tarde del domingo, los copos de nieve, los tranvías, los abrigos y los sombreros de hace sesenta y un años, la gente que camina tan encorvada que apenas se le puede ver la cara, y un hombre al que buscan otros hombres que una vez fueron sus amigos...

Subimos a la azotea del Círculo de Bellas Artes. Cómo pasa el tiempo. Pronto hará once años que asistí, camino de Bilbao, a la lectura de El Quijote en este mismo edificio. Las vistas son espléndidas, y ahora, con la misma perspectiva de un pájaro, vuelvo a ver los lugares por donde se mueven mis personajes.

Más tarde he quedado con ese torrente de energía y de entusiasmo que es mi querido Óscar Oliveira, el jefe de prensa de Algaida. Le cuento sobre mi nueva novela, algún pasaje en el que aparece nuestro amigo Gregorio León, que me ha prestado su nombre y su profesión de periodista para uno de los protagonistas, y Óscar se ríe y me anima a que la termine porque tiene ganas de leerla. No saben los amigos que muchas veces el impulso secreto que un escritor necesita para acabar una novela es el entusiasmo de los demás.

Tengo que llevarme algunos libros sobre Madrid, y prefiero comprarlos hoy y guardarlos en la maleta porque el martes no quiero estar todo el día cargando con ellos. Por la mañana he estado en los puestos de Claudio Moyano. Gregorio León me ha recomendado una librería pero no me va a dar tiempo de pasarme, así que por la tarde me entretengo en la sección de Historia de la FNAC, y luego me cuelo en la Casa del Libro.

Traigo unos cuantos títulos apuntados en una libreta, y mientras espero mi turno para que me atiendan suena la alarma. Acostumbrado a que la alarmas suenen a veces cuando entras en un comercio con el único resultado del gesto desganado del vigilante que te dice que pases, que no hay problema, no imagino que la joven que acaba de salir de la librería puede haberse llevado algo. Uno de los dependientes sale corriendo tras ella, en mangas cortas a pesar del frío que hace en la calle, y vuelven los dos a la tienda. La chica no pierde la sonrisa en ningún momento, ni siquiera cuando se encoge de hombros, como si el asunto no fuera con ella, y empieza a sacar tantas guías de viaje Lonely planet como si fuera a dar la vuelta al mundo. El empleado de la librería la lleva a una caja y le dice que son noventa y tres euros. Ella, sin pestañear, saca dos billetes de cincuenta y los pone en el mostrador. Como lleva dinero suficiente me pregunto si ha robado las guías por culpa de un impulso natural de apropiarse de lo que no es suyo o si, como el librero le ha dicho a su compañero, esta es de las que viene a robar por encargo. En fin.

Ha oscurecido ya cuando nos acercamos al teatro Häagen-dazs. Esta noche se graba el programa de televisión El club de la comedia. No es fácil conseguir entradas, y menos con tan poco tiempo, pero Maribel trabaja en la tele, y un rato después estamos los dos en la platea, en primera fila. No sabemos quiénes son los que van a participar hoy, pero Eva Hache sale y anuncia que serán Antonio Molero, Dani Mateo, Goyo González y Julián López. Me hace ilusión ver a Antonio Molero, que tanto me hizo reír en Los Serrano. Una vez una escritora arrugaba la nariz porque no entendía cómo me divertían Los Serrano. Pues sí, respondí, y Los hombres de Paco. Que me gusten El ala Oeste o Mad men no quiere decir que no sea capaz de pasar un buen rato con otras series menos elitistas. No fui capaz de convencerla. Ella a mí tampoco.

Pasamos un rato estupendo. Es divertido ver El club de la comedia en la tele, pero en vivo mucho más. Os aseguro que vale la pena pasar una hora sin parar de reírte.

© Andrés Pérez Domínguez, febrero de 2011


Comentarios

  1. A unos les gusta una cosa y a otros otra, mal iríamos si a todos los gustara lo mismo. Me alegro que lo pasaras bien.

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  2. Lo cierto es que mola recorrer las calles de tus personajes, sobre todo si es en una ciudad distinta a la tuya. Y es que además, yo soy madrileño, así que, qué te voy a contar. Me alegro de que estés disfrutando de mi ciudad, alicientes de todo tipo hay. Y a ver cuándo nos dices que sacas esa nueva novela. Amí también me gustan House o CSI. Pero me parto con "La que se avecina". Un abrazo.

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  3. Hola ,me alegro que disfrutáras de tu estancia en madrid.y para gustos colores,( me gusta cuentame ).Esa novela parece tan interesante que apetece leerla.aqui estaremos para cuando se publique.Un saludo Andrés

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  4. Gracias por vuestros comentarios. Ya está colgada la última entrega.

    Abrazos para todos,

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