Madrid (y III: El museo del ferrrocarril)

El martes es nuestro último día en Madrid, pero no tenemos el AVE hasta por la tarde. Todavía hay muchas cosas que tengo que ver, y quiero aprovechar la mañana. Lo primero es coger el metro hasta Delicias, para echar un vistazo al Museo del ferrocarril. Hay varias filas de vagones, locomotoras de vapor, y una sala con trenes eléctricos de juguete a los que, aunque ahora me gusta tanto el ferrocarril, nunca fui aficionado de niño y objetos curiosos que me servirán para amueblar unos cuantos capítulos de la novela que ando escribiendo.

Tengo unas cuantas dudas, y no puedo resolverlas sólo mirando los vagones y las locomotoras. Hay varios grupos de niños visitando el museo, y quienes hacen de guía son unos hombres mayores, tal vez jubilados voluntarios que en su día trabajaron en RENFE. Cuando un grupo de estudiantes se marcha le digo a uno de estos guías que me gustaría hacerle unas preguntas. Le cuento que estoy escribiendo una novela, y le pido que me diga cuál era el vagón que utilizaban los trenes en la época en la que está ambientada, y algunos detalles técnicos, como si, por ejemplo, entonces saltar de un tren en marcha podía ser tan simple como abrir la puerta y hacerlo. Este señor es muy amable, y los pocos minutos que paso con él son muy provechosos, tal vez los más provechosos de los tres días que he pasado en Madrid. Y aún queda media mañana para seguir pateando las calles de la ciudad, localizar exteriores, como a mí me gusta llamarlo. Incluso nos queda tiempo para pasar un rato en el Museo del Prado.

A las siete de la tarde, cuando llegamos a Atocha, me duelen los pies de tanto andar, y, como siempre que voy de viaje, me arrepiento de no haber traído una maleta más grande, y menos libros. Como de costumbre, ni siquiera me ha dado tiempo a leer los que traía, y he comprado tantos que las costuras de mi bolsa amenazan con estallar.

Va a ser una semana extraña: mañana miércoles será como si fuera lunes, y dentro de muy poco habré de marcharme de viaje otra vez. Hay que aprovechar todos los días que pueda para seguir escribiendo. Me gusta esta sensación de trabajar cada día, ver cómo la historia avanza poco a poco, la satisfacción de un deber cumplido aunque nadie te lo haya impuesto o pedido y que nunca puedes saber si alguien querrá publicar o leer cuando esté acabado. Un amigo escritor por el que siempre he sentido gran admiración me decía hace tiempo que quizá lo más difícil de mi carrera literaria ya estaba hecho, pero siempre que estoy trabajando procuro pensar que es lo mismo que cuando me puse a escribir la primera vez, aunque hayan pasado muchos años: que ni siquiera sé si alguien querrá publicarme lo que escribo, pero que eso no debe importarme, porque, al cabo, lo único que vale es la felicidad de cumplir con uno mismo. Lo que pase luego, cuando llegue ese momento impagable de escribir la palabra FIN, ya no dependerá de mí.

© Andrés Pérez Domínguez, febrero de 2011

Comentarios

  1. He estado en Madrid varias veces pero no he ido al Museo del ferrocarril, una asignatura pendiente.
    Me alegro que lo pasaras tan bien y continua explicándonos tus experiencias que seguro que te leemos.

    Saludos.

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  2. Tu dices:
    Me gusta esta sensación de trabajar cada día, ver cómo la historia avanza poco a poco, la satisfacción de un deber cumplido aunque nadie te lo haya impuesto o pedido o que quizá nadie querrá publicar ni leer cuando esté acabado.
    Yo te digo:
    De publicar no se, pero de estar esperando tu nueva novela seguro que si, que muchos de nosotros la esperamos, la compraremos y hasta la regalaremos, asi que ya tenemos ganas de que se publique

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  3. Me identifico contigo de principio a fin. Qué difícil es documentarse para ser honrado con los lectores, y qué satisfacción la del deber cumplido. Viajar, escribir... No se me ocurre una vida mejor.
    Tengo "El violinista de Mauthausen" esperando en mi estantería desde hace unos meses. Lo siento, ya sabes lo que pasa cuando te metes en este mundo, se te empiezan a acumular libros de amigos autores... No sé si viviré para leer y escribir todo lo que me espera.
    Saludos.

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  4. Querido Andrés:

    Si te siguen quedando dudas sobre esos trenes de la época que aparecen en tus novelas, envíame un correo con ellas. Quizá (sólo quizá, pero por intentar y probar que no quede) conozco a una persona que podría darme datos. Pertenece a la Asociación de Amigos del Ferrocarril y de historia de trenes sabe un rato.

    Y sí, ganas de una nueva novela tuya hay. Y muchas.

    Abrazos.

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  5. Hola, es cansado tanto caminar chico,pero me gusta como vas dando detalles de tú novela ,y eso hace que tenga uno más ganas de leerla,y claro que te la publican. ya lo verás.un saludo Andrés.

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  6. Gracias por vuestros comentarios.

    Abrazos para todos,

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  7. Muy buen blog!!!
    Me ha encantado leer lo que pone aquí... responde a muchas de las preguntas que te hice por el facebook y me ha animado bastante a seguir... disfrutando del proceso sin pensar qué pasará luego...

    Muchas gracias!!!

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