Veinte años no es nada

La semana pasada cumplió mi sobrino veinte años, y cuando miro hacia atrás no me queda otra que reconocer que para mí es como si no hubiera pasado el tiempo. Me pasa con casi todo. Echo la vista atrás y ya recuerdo cosas de hace casi cuatro décadas, y es raro, porque yo sigo pensando que aún tengo la misma edad que tenía cuando nació mi sobrino, casi la misma que él tiene ahora; el día que llevé a su abuela, mi madre, al hospital porque su madre, mi hermana, se había puesto de parto. Parece que fue ayer cuando nació, pero mi sobrino ahora es un virtuoso de la guitarra, lleva un pendiente, y a regañadientes me pide permiso para fumar cuando estoy delante, por respeto o por costumbre. Qué raro es todo esto, le decía el otro día a mi sobrino, porque para mí es como si no hubiera pasado el tiempo, y a veces tengo que darme pellizcos para recordar que ya no soy un chaval, que jamás volveré a serlo. Y tampoco estoy seguro de haber aprendido muchas cosas o de haber alcanzado eso que llaman madurez, lo que se supone que tenemos, o debemos tener, los adultos. Quizá el paso del tiempo lo único que significa es que cada vez tenemos más responsabilidades, por la vida que se complica aunque no queramos, porque tienes que ir tomando el relevo. O tal vez cumplir años también sea ir desprendiéndote de lo que no te importa o te molesta, eliminar lo accesorio, centrarte solo en unas cuantas cosas que te complacen y evitar, en la medida de lo posible, las cosas que no te gustan y la gente que te incomoda.

Pero al ver hacerse mayores a los que vienen detrás uno termina siendo consciente del paso del tiempo, implacable. Veinte años no es nada, decía el tango, creo que para salvar el abismo entre dos personas que se aman y nacieron con dos décadas de diferencia. Yo también creo que veinte años no es nada, pero no por el mismo motivo del tango, sino porque la vida se pasa enseguida, sin que nos demos cuenta, y bastará un parpadeo para pasen otros veinte años y mi sobrino tenga la misma edad que yo tengo ahora.

© Andrés Pérez Domínguez, marzo de 2011


www.twitter.com/aperezdominguez

Comentarios

  1. Es increíble que no nos demos cuenta del paso del tiempo. Debemos aprovecharlo al máximo sin dejar de ser felices ni un solo segundo. Abrazos.

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  2. La verdad que pasa muy rapido,y me acuerdo cuando mis sobrinas erán unas niñas y ya tienen 26 y 18,y es cuando veo lo mayores que ya somos mis hermanos y yo .(casi sin darnos cuenta),y mis padres .en fin llevarlo bien y ser felices,saludos ANDRÉS,

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