Unas cuantas cosas que he aprendido (III): El desapego
Es lo que más extraño encuentran los lectores cuando se lo cuentas, pero a mí me pasa desde hace varios libros. No sabría decir cuál. Al principio uno está enfermo de literatura, de ficciones, y la idea confusa que tiene del oficio se asemeja a la de un tipo obsesionado con su trabajo. Tampoco creo que yo haya sido uno de estos. Por lo menos no tengo esa sensación. Pero sin que uno pierda el placer o la pasión por contar historias, llega un momento en que te das cuenta de que la distancia entre lo que escribes y tu propia vida es tan saludable como necesaria. Alguna vez lo he hablado con amigos escritores. ¿No te pasa que cuantos más libros escribes la distancia que mantienes entre las horas que estás sentado jugando a imaginemos y las otras, en las que vives, es cada vez mayor? Eso es oficio, me decía un escritor hace poco. Tal vez. Es inevitable que una buena idea te sorprenda lejos de tu escritorio. Es más, las mejores cosas se te ocurren paseando, viendo la tele, tumbado en la ca...