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Mostrando entradas de abril, 2011

Unas cuantas cosas que he aprendido (III): El desapego

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Es lo que más extraño encuentran los lectores cuando se lo cuentas, pero a mí me pasa desde hace varios libros. No sabría decir cuál. Al principio uno está enfermo de literatura, de ficciones, y la idea confusa que tiene del oficio se asemeja a la de un tipo obsesionado con su trabajo. Tampoco creo que yo haya sido uno de estos. Por lo menos no tengo esa sensación. Pero sin que uno pierda el placer o la pasión por contar historias, llega un momento en que te das cuenta de que la distancia entre lo que escribes y tu propia vida es tan saludable como necesaria. Alguna vez lo he hablado con amigos escritores. ¿No te pasa que cuantos más libros escribes la distancia que mantienes entre las horas que estás sentado jugando a imaginemos y las otras, en las que vives, es cada vez mayor? Eso es oficio, me decía un escritor hace poco. Tal vez. Es inevitable que una buena idea te sorprenda lejos de tu escritorio. Es más, las mejores cosas se te ocurren paseando, viendo la tele, tumbado en la cam…

¡Copiad, malditos!

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Acaban de emitir en la 2 de TVE un documental sobre las descargas en Internet: ¡Copiad, malditos! No ha estado mal, aunque podría haber estado mucho mejor. Me hubiera gustado saber qué opinan más autores. A Lorenzo Silva lo entrevistaron para el programa, pero apenas sale unos segundos. Sin embargo, la entrevista a Lorenzo Silva, que podéis ver completa pinchando en el enlace que está al final de esta entrada, en mi opinión resulta mucho más interesante que todo el documental. En esta bitácora he hablado hasta aburrir de la piratería, pero después de escuchar a Lorenzo, me parece que no hay nada más que añadir. Se puede decir más alto, pero no más claro, y tampoco se puede decir mejor, creo. Echadle un vistazo. Os aseguro que merece la pena.


PINCHAR AQUÍ PARA VER LA ENTREVISTA COMPLETA

Unas cuantas cosas que he aprendido (II)

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Más cosas. Hay que estar preparado para el rechazo. En realidad, que la editorial donde estás convencido de que tus libros deberían publicarse no quiera arriesgarse contigo y a lo mejor ni siquiera te conteste un año después de haberle mandado una novela no tiene por qué significar nada. Si tienes la paciencia necesaria o eres lo bastante inconsciente como para dedicarte a escribir, a lo mejor un día son los editores los que se te insinúan, así, por las buenas, como si hubieras vuelto a la adolescencia. Oye, tenía muchas ganas de saludarte. Hace tiempo que te sigo. ¿No tendrás nada para publicar con nosotros? Eso no significa que te vayan a publicar, igual que si la chica de tus sueños te llamaba un día para quedar cuando eras un adolescente tampoco quería decir que te la fueras a llevar al huerto, pero al menos te quedas un rato con el ceño fruncido, como si algo hubiera cambiado mientras andabas con la nariz metida entre las páginas de tu próximo libro. Es cuestión de tiempo, y de to…

La sana ignorancia

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Muchas veces siento como si viviera en un mundo paralelo al que no llegan ni las noticias sobre los nuevos cantantes que se han hecho famosos sin que yo me entere ni lo que pasa en la política. Con los artistas de la canción es como si yo estuviera siempre pendiente de otra cosa; y con los políticos, lo que me pasa es que hace ya mucho tiempo que me cansé de recordar sus nombres, y casi siempre, por desgracia, de escuchar lo que dicen o prometen alegremente. Más de una vez he acudido a una entrevista con la mosca detrás de la oreja porque sé que me van a preguntar mi opinión sobre las facturas falsas del ayuntamiento de Sevilla, por las setas de la plaza de la Encarnación o el oportunismo de las obras en periodo electoral. Algunos periodistas piensan que no quiero mojarme, pero la única verdad es que no me interesa.No debería ser así, pero hace mucho que dejé de escuchar lo que dicen los políticos. Y no es nada personal, pero no me creo a ninguno. De alcalde para abajo, apenas sé el n…

Estudiantes

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En noviembre pasado tuve un encuentro con los chavales del instituto de Aracena, en Huelva. Ya lo conté por aquí en su día. Hace poco me escribía Rubén Contreras, uno de los estudiantes, y me decía que había empezadoLa clave Pinner, se enganchó irremediablemente y la terminó en dos días. Siempre digo, y eso lo sabéis quienes me conocéis, que el mayor halago que alguien me puede hacer es que no ha podido soltar un libro mío, aunque no sepa por qué (en realidad, lo mejor es no saber nunca por qué). Pero escuchar esto de un adolescente, que además añade que no acostumbra a leer salvo por obligación, es doblemente gratificante. Al leer el comentario de Rubén, que, además, es tocayo del protagonista de El violinista de Mauthausen, me he acordado de que quería colgar en el blog una entrevista que me hicieron hace poco dos alumnas del Instituto Cauca Romana, de Segovia. Al releerla ahora, me percato de que he contado algunas cosas sobre las lecturas de mi adolescencia que no había contado nu…