Estudiantes

En noviembre pasado tuve un encuentro con los chavales del instituto de Aracena, en Huelva. Ya lo conté por aquí en su día. Hace poco me escribía Rubén Contreras, uno de los estudiantes, y me decía que había empezado La clave Pinner, se enganchó irremediablemente y la terminó en dos días. Siempre digo, y eso lo sabéis quienes me conocéis, que el mayor halago que alguien me puede hacer es que no ha podido soltar un libro mío, aunque no sepa por qué (en realidad, lo mejor es no saber nunca por qué). Pero escuchar esto de un adolescente, que además añade que no acostumbra a leer salvo por obligación, es doblemente gratificante. Al leer el comentario de Rubén, que, además, es tocayo del protagonista de El violinista de Mauthausen, me he acordado de que quería colgar en el blog una entrevista que me hicieron hace poco dos alumnas del Instituto Cauca Romana, de Segovia. Al releerla ahora, me percato de que he contado algunas cosas sobre las lecturas de mi adolescencia que no había contado nunca públicamente. Tal vez los más jóvenes tienen esa capacidad, aunque no lo sepan, que no te dejan otra opción que ser totalmente sincero...


P. En qué grado crees que influyó tu entorno familiar en tu pasión por la lectura? ¿Y tus profesores? ¿Recuerdas especialmente a alguno de estos últimos?

R. En mi casa siempre hubo libros, así que tuve donde escoger. No es que tuviéramos una biblioteca extensa, pero mis padres eran, y son, muy lectores. Pero no estoy muy seguro de hasta qué punto puede influir eso. También hay familias con bibliotecas inabarcables en las que los niños no tienen afición a la lectura. Depende de cada caso, supongo. A mí me gustaba mucho leer de pequeño. Y disfrutaba con los tebeos, las novelas o los libros de Historia.

P. Puede que si sólo me hubiera acercado a la libros mediante las lecturas obligatorias del colegio, no habría llegado a ser el lector que fui de adolescente. Mi formación como lector fue intuitiva, curiosa. Tuve la suerte de descubrir a Stevenson y a Dumas siendo muy jovencito.

Guardo en mi biblioteca un ejemplar de 1984, de Orwell, que me regaló un profesor. Muchos años después le mandé unos cuantos libros míos dedicados. Era una manera de devolverle aquel regalo que me hizo, más los intereses...

P. ¿Qué tipo de libros leías de pequeño? ¿Y durante tu adolescencia?

R. Leía todo lo que me apetecía, con la ingenuidad y la falta de complejos que pienso que nunca deberían perderse de adulto. De muy pequeño, con seis años, empecé mi colección de tebeos de El guerrero del antifaz, el que puede que haya sido mi héroe favorito de tebeo. También me gustaban El capitán Trueno, El Jabato, Roberto Alcázar y Pedrín, Astérix, y los superhéroes norteamericanos, claro: Spiderman, Batman, Supermán... Además, me gustaba mucho dibujar, y al mismo tiempo que devoraba las historias también copiaba los rasgos de los personajes en un papel. El dibujo es una afición que no he perdido del todo.

Con nueve años leí mi primer libro sin ilustraciones: La flecha negra, de Stevenson, e inmediatamente después, lo recuerdo, Los tres mosqueteros, de Dumas. Desde entonces no recuerdo una sola etapa de mi vida en la que no me haya acompañado algún libro. Leía todo lo que me apetecía, de un extremo a otro: El Padrino, de Mario Puzo, a los once años; El espía que surgió del frío, de Le Carré, Odessa, de Forsythe y La máquina del tiempo, de Wells, a los trece; Papillon, de Henri Charriere, El quinto jinete, de Dominique Lapierre y Larry Colins; Gorky Park, de M.C. Smith y El gran Gatsby, de Scott Fitzgerald a los 14; El factor humano, de Graham Greene, a los quince; la incomparable serie Fundación, de Asimov, y 1984, de Orwell, a los dieciséis. El nombre de la rosa, de Umberto Eco, a los diecisiete... Fue la primera vez en mi vida en la que me zampé las últimas doscientas páginas de un libro en un día. Al escribirlo ahora es como recordar momentos muy precisos de felicidad. Hay muchos más libros y la lista sería interminable, pero así, de memoria, me acuerdo de estos.

P. ¿Cuándo te diste cuenta de que querías ser escritor? ¿Cuál fue el primer texto que escribiste del que aún te sientes especialmente orgulloso? ¿Qué consejos darías a los jóvenes que tienen vocación literaria? ¿Y a sus profesores? ¿Piensas que se promociona lo suficiente la lectura entre los estudiantes?

R. Convertirte en escritor no es el resultado de una iluminación. Al menos yo no me levanté un día y me dije que quería ser escritor. Es un proceso largo, que te va sucediendo a la par que vas viviendo. En mi familia no hay escritores, y antes de ponerme a rellenar folios no conocía a ningún escritor. Para mí era una profesión tan ajena y tan extraña como la de astronauta, y aunque durante muchos años pensé, como estoy seguro de que le pasa a mucha gente, que me gustaría escribir un libro algún día, nunca llegué a planteármelo en serio. Una vez escribí un relato, pero no le di mucha importancia. Ni siquiera se lo enseñé a nadie, y no volví a pensar en ello. Aún tardé otro par de años en escribir otro. Lo hice cuando me apeteció. Y luego otro, y otro, y cada vez se acortaban más los tiempos entre un texto y el siguiente, hasta que un día decidí que tenía que dedicarle al menos un par de horas al día a sentarme a escribir historias para averiguar si eso podría llevarme a alguna parte. Llegó un momento en el que tenía bastante material acumulado, y no sabía qué hacer con él. Empecé a participar en certámenes de narrativa corta, y tuve la suerte de ganar bastantes. Luego llegó una novela, y otra, y otra... Y así hasta ahora.

Mi consejo para los jóvenes con vocación literaria es que lean mucho, sin complejos, porque de todo se puede aprender, y que, si de verdad creen en lo que hacen, que no se rindan. A veces las cosas salen bien y a veces mal, pero siempre queda el consuelo de haberlo intentado. Y que escuchen las opiniones de los demás, pero hasta cierto punto: nada vale tanto como el propio instinto.

P¿Nos podría contar alguna anécdota de su época de estudiante? ¿Qué carrera realizó? ¿Cuándo lo decidió? ¿Por qué?

R. No recuerdo ninguna anécdota literaria de mi época de estudiante. Ya digo, no conocí a ningún escritor entonces, y una de las cosas que procuro hacer siempre ahora, cuando me lo piden, es acudir a un instituto para hablar con los estudiantes. Creo que es mi obligación, y además me gusta. Cuando terminé el instituto estaba a punto de matricularme en Geografía e Historia, pero al final estudié Turismo porque pensé que era una decisión más sensata. Hoy no estoy tan seguro. Luego trabajé durante muchos años en mi propia empresa hasta que empecé a dedicarme a esto de juntar letras. Tampoco creo que si hubiera estudiado Literatura o Filología ahora sería mejor escritor. Escribir novelas no tiene mucho que ver con eso, sino con la pasión de contar historias y las ganas de emocionar a tus lectores, entretenerlos, y a lo mejor enseñarles algo.

P. En su novela "El violinista de Mauthausen" y en otras dos novelas más se basa en la Segunda Guerra Mundial para desarrollar la historia. ¿De dónde viene ese interés por esta época?

R. En realidad, la Segunda Guerra Mundial, o más bien los años 30 y 40 del siglo XX, es el marco. Porque la guerra en sí misma no sale en ninguno de mis libros. Me interesa más lo que la rodea: las pasiones, los sentimientos alrededor del conflicto. Sobre todo, lo que hay en esas novelas es una trama que tiene algo que ver con el espionaje, porque eso es muy novelesco, y hace que los libros sean entretenidos. También es verdad, que mirando algunos de los títulos que os he apuntado de mi adolescencia, a nadie extrañará esta tendencia mía a ambientar algunas de mis novelas en torno a una trama de espionaje. Pero insisto, solo algunas. Ni mis cuentos ni mis novelas cortas, que no son tan conocidos por el gran público, tienen nada que ver con esa época ni con el género de espías. Tampoco mi novela El síndrome de Mowgli, que es uno de los libros de los que más orgulloso estoy de haber escrito. Ya digo, siempre escribo de lo que me apetece, sin preocuparme de mucho más.

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Comentarios

  1. Soy una fan de la lectura porque me la inculcó mi padre que sin poder en aquellos tiempos, siempre habia un libro en casa .
    Yo a mis hijos, los dos de letras, y a más uno escritor.
    La lectura es un placer que muy pocos conocen como tal.

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  2. Rocío Fernández López4 de abril de 2011, 22:12

    Nosotras también Andrés,tanto mi hermana como yo desde pequeñas no nos faltaban libros por leer,así como tebeos,no eramos niñas de jugar en la calle,nunca nos gustó,así que imaginate la afición a la lectura desde pequeñas,y en verano ya ni te cuento.
    Mi casa siempre fue una biblioteca,y para más inri,mi hermana apuntada a una famosa casa distribuidora de libros,que te hacía pedir un libro cada dos meses,y claro,eso también te daba ilusión por leer más,"¿cómo estará el libro nuevo?"....jejejeje,todo ello hizo en mi una buena lectora,y lo que más me gusta,es la inquietud por seguir conociendo las novedades de los autores,conocer opiniones,comprar los libros,ufff,es tan placentero comprar un libro nuevo,lástima que haya personas que ese placer no lo pueda desarrollar,por eso,aunque no estoy en contra de los ebooks,soy de las que piensan que el placer que te da tener un libro en las manos no es comparable con nada....y el olor que despide un libro,tan diferente si es nuevo a si es de "segunda mano" (o de más...).
    Me ha encantado tu artículo Andrés,me ha hecho recordar tiempos pasados,lecturas en el suelo del balcón de mi casa en los meses de verano,de vacaciones,o en la playa,o en las navidades frente al calorcito de la estufa catalítica....qué buenos años,qué buenas vivencias y cuántas enseñanzas nos dan los libros.
    ¿Sabes?,hay una frase que dijo mi admiradísimo Arturo Pérez-Reverte que la tengo grabada a fuego en mi mente,"la persona que no lee no tiene vida interior",cuánta razón tienen sus palabras,leer te hace ir más allá de las cosas,viajar,vivir en tiempos en los que no estuviste....te da cultura y sabiduría.Es fantástica esa labor tuya de ir a los institutos para ir introduciendo a los jóvenes en este mundo,porque qué pena,¡¡no saben lo que se pierden!!.
    Un beso muy fuerte Andrés.

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  3. Yo disfruto mucho leyendo me lo inculcó mi tio que siempre tenia en casa muchos libros.Y la curiosidad de mirarlos ,y regalarme cuentos en mi cumpleaños,me me gustabá sentarme en su butaca para leerlos.Ya ves ahora leo uno tras otro .Un saludo Andrés

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  4. HOla ¡¡ pues yo debo ser un poco el "perro verde" porque en mi casa nadie lee , mi mis padres ni mis hermanos.
    Sin embargo yo siempre digo que mis mejores momentos en la infancia han sido pegada a un libro.
    YO si escribí de pequeña, estando aun en el colegio ,escribi una serie de cuentos que tenia yo guardaditos en una carpeta, y que por lo visto debian de ser muy buenos porque se los presté a una compañera y no volví nunca más a verlos jajaja
    Bueno , en parte es broma , pero si que es verdad que siempre tuve la intención de escribir, pero a medida que fuí creciendo se me fue escapando.
    Un saludo Clara

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  5. Hola Andrés.Te comento que a mí me encanta la lectura desde pequeña.En casa mi familia también gusta de leer.Espero poder leer tus novelas que son todo un éxito.
    Me encantó esta entrevista que has compartido en tu blog.¡Felicidades!! Que sigas logrando muchos éxitos en tu carrera de escritor.
    Muchos saludos.

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  6. Gracias por vuestros comentarios.
    Abrazos para todos,

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