Unas cuantas cosas que he aprendido (III): El desapego

Es lo que más extraño encuentran los lectores cuando se lo cuentas, pero a mí me pasa desde hace varios libros. No sabría decir cuál. Al principio uno está enfermo de literatura, de ficciones, y la idea confusa que tiene del oficio se asemeja a la de un tipo obsesionado con su trabajo. Tampoco creo que yo haya sido uno de estos. Por lo menos no tengo esa sensación. Pero sin que uno pierda el placer o la pasión por contar historias, llega un momento en que te das cuenta de que la distancia entre lo que escribes y tu propia vida es tan saludable como necesaria.

Alguna vez lo he hablado con amigos escritores. ¿No te pasa que cuantos más libros escribes la distancia que mantienes entre las horas que estás sentado jugando a imaginemos y las otras, en las que vives, es cada vez mayor? Eso es oficio, me decía un escritor hace poco. Tal vez. Es inevitable que una buena idea te sorprenda lejos de tu escritorio. Es más, las mejores cosas se te ocurren paseando, viendo la tele, tumbado en la cama, montando en bicicleta o mientras te estás duchando. Es como encontrar algo que has perdido por casualidad, cuando ya has dejado de buscarlo. Cuando no llevas mucho tiempo escribiendo cuesta aceptarlo, pero lo mejor es no obesionarse, dejar descansar la mente y hacer otra cosa.

Una de las preguntas que más veces me han formulado los lectores de El violinista de Mauthausen ha sido lo duro que me habrá resultado escribir algunos pasajes. Cada vez que he escuchado esta pregunta he pensado que el lector se iba a sentir un poco desilusionado con mi respuesta. No ha sido más duro que escribir una página en la que hay una persecución o más complicado que una escena de amor. Sé que puede parecer raro, pero el escritor tiene que mantener una distancia prudente con su libro si no quiere dejarse llevar por la emoción. Porque escribir es, en parte, dejarte llevar, pero también es controlar los impulsos y no soltar las riendas para que el resultado final se parezca a lo que quieres.

No sé si otros escritores opinarán lo mismo. Pero yo creo que la distancia, o cierto desapego, contribuyen a que una novela esté bien contada.

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© Andrés Pérez Domínguez, abril de 2011

Comentarios

  1. Muy interesante tu reflexión. No tengo claro si lo comparto o no, pero eso es lo de menos.
    Beso

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  2. Totalmente de acuerdo, Andrés. No obstante, los lectores tienden a identificar la personalidad del escritor con lo que escribe. A mí me pasa, sobre todo en Poesía que a veces me dicen que estoy enamorado o deprimido. Nada más lejos de la realidad. El escritor es un contador de historias, ficciones que nada tienen que ver con la realidad aunque a veces nos basemos en ella para hacer un poema, un relato o una novela.
    Un abrazo.

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  3. Hola ,es interesante lo que dices ,y tienes razón en que hay que descansar la mente.yo siempre tengo un libro en la mano.Si tengo mis autores fijos y me gustan mucho sus libros .Pero tambien tengo de otros,(para descansar y no obsesionarme )espero aver sabido explicarme,Un saludo Andrés,(ahh claro que si te comentaré cuando termine el libro )

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