FIN
Pues sí. Ya he llegado al final de mi nueva novela, pero eso no quiere decir que esté terminada. El lunes pasado, por la tarde, un año y seis días después de haber escrito la primera palabra, paré la pluma un momento, tomé aire, como si fuera a zambullirme en el agua, y escribí la palabra FIN, así, con mayúsculas. Ahora ando leyéndola con ojos de lector, lo que no es tarea sencilla. Se trata de apuntalar, pulir, corregir, cambiar bloques de sitio, eliminar párrafos que sobran y reescribir otros. Pero lo más complicado ya se ha terminado. Supongo que otros escritores encenderán un pitillo, satisfechos, o abrirán una botella que tienen guardada para la ocasión. No es mi caso, porque ni fumo ni bebo. Algunos lectores y amigos me han preguntado en Facebook el título, o que les avance algún pasaje. De momento, prefiero no decir nada, salvo que esta novela que ahora estoy corrigiendo tendrá unas 150 páginas más que El violinista de Mauthausen o El factor Einstein (o sea, que, quien tenga i...