El vecino de Bin Laden

Nunca lo habríamos imaginado así, creo. A fuerza de ser escurridizo, Osama Bin Laden se había convertido en una especie de entelequia: sabíamos que existía, o que había existido, pero ya habíamos perdido la esperanza de volverlo a ver. Algunas veces me ha dado por pensar que a lo mejor un día un agente secreto infiltrado lograba encontrárselo en alguna montaña recóndita, como en una novela escrita por Frederic Fortsyth, y que al espía, antes de matarlo, le empezaban a flaquear las convicciones. Otras veces se me ha ocurrido que Bin Laden estaba muerto, pero que eso era irrelevante, porque los terroristas que lo adoraban seguirían en la brecha aunque ya no estuviera su líder, como creo que, por desgracia, sucederá. Incluso el maestro Le Carré escribía un artículo poco después del 11 de septiembre de 2001 en el que decía que no le extrañaría algún día ver al propio jefe de Al Qaeda pilotando un avión para inmolarse.

Y no ha sido como ninguno lo habíamos imaginado, decía, ni en las montañas de Afganistán ni poniendo el morro de un 747 rumbo al Empire State, sino en una urbanización de una ciudad paquistaní. De lujo, dicen los periódicos, aunque cuesta imaginar el lujo en una casa en la que se ven paredes sin enfoscar y camas revueltas. Pero, sobre todo, lo que nadie hubiera sido capaz de vaticinar hace diez años era que un vecino de Bin Laden retransmitiría vía Twitter, sin saberlo, la operación de un comando de las fuerzas especiales de Estados Unidos. Es lo que más curioso me resulta de toda la operación: Obama, Hillary Clinton, el vicepresidente y unos cuantos más con los labios apretados en la Casa Blanca mientras asisten en directo al asalto de la casa de Bin Laden en Pakistán, mientras un vecino de la urbanización lo están contando en directo sin saber de qué se trata. Yo me imagino el cuadro, sentado en mi casa, de noche, dándole a las teclas del Twitter, y por la mañana me entero de que vivía junto a Osama Bin Laden. A lo mejor me plantería que ha llegado el momento de vender mi casa...

Si alguien dudaba que las redes sociales han cambiado el mundo, creo que se acaba de quedar sin argumentos.

Bueno, lo dejo por hoy. Aún debo escribir un rato. Hoy ha tocado jornada doble porque mañana tengo cosas que hacer fuera de mi despacho.

Ah, y, por si a alguien le interesa, hoy, por fin, he podido estrenar mi nueva bicicleta.

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© Andrés Pérez Domínguez, mayo de 2011

Comentarios

  1. Hola Andrés:caramba que pronto te animas.Pues no me imaginé la muerte de Bin Laden asi parece de pelicula,(acabarán haciendola)porque ya veras como van a sacarle rentabilidad.Que tal tú paseo en bici,yo tambien me he animado a comenta,Un saludo

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  2. Andrés ,muy bien explicado, yo tampoco me imaginaba que acabaria así y seguro que como dice Rosa acabaran haciendo una peli.

    Buen paseo en bici, y ponte casco,vale.

    un abrazo

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  3. Gracias por vuestros comentarios.
    La bici, muy bien. Me pongo casco, claro que sí...
    Abrazos,

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