Calor

Antes era peor. Mis padres me lo dicen siempre cuando me quejo del calor estos días. Es la misma frase que les escucho cuando hace frío. Sonríen, como si yo fuera un ignorante. ¿Frío?, me preguntan, mirándose de reojo, cómplices. Frío era lo de antes. Quizá uno tarda demasiado en valorar lo suficiente, por desgracia, lo que ha recibido de otras generaciones, y a lo mejor solo se da cuenta cuando se queja de la ignorancia ensimismada que suele afectar, o nos parece, a los que vienen después.

Hace mucho calor estos días en el sur. Tanto que salir al campo a pedalear, o simplemente a dar un paseo, se convierte en un deporte de riesgo. En Sevilla, anoche, con el sol ya escondido, por fortuna, desde hacía rato, la gente buscaba las mesas de los bares colocadas debajo de los vaporizadores de agua, ese invento que se ha vuelto imprescindible en verano. Tengo que darme una vuelta por algún sitio para ver si coloco uno en mi terraza. En el centro de la ciudad esta mañana la gente buscaba el aire acondicionado de los comercios como un oasis en el desierto, y daba lástima ver a los turistas en los autobuses descapotables. Tanto calor hace que a las cuatro de la tarde las calles se antojan tan desiertas como si fuera madrugada, y solo caminan por ellas quienes no tienen más remedio o han perdido la razón. El frío es la civilización, recuerdo que decía Harrison Ford en La costa de los mosquitos. O algo parecido, porque cito de memoria, y cuando me pongo a pensar caigo en la cuenta de que hace veintitantos años que vi aquella película. Puede que no le falte razón, porque yo ahora tecleo esta entrada sentado en mi sofá, protegido de la ola de calor por el zumbido reconfortante del aparato de aire acondicionado. Y solo tengo que abrir el frigorífico para coger una botella de leche muy fría, que me gusta tanto.

Antes no era así. No puedo evitar recordar esa frase de mis padres, siempre un recuerdo amable del pasado, tan duro. Jamás una queja. Hace muchos años caminabas por la calle en verano y era como si el alquitrán se derritiera, te hundías en él, te subía por las piernas y ya no te abandonaba. Y en las casas no había aire acondicionado, ni frigorífico, ni siquiera un ventilador. Y tampoco podíamos pensar en una piscina o en ir a la playa. Eran lujos imposibles.

Seguirá haciendo mucho calor. Al final siempre es lo mismo, aunque la memoria sea tan frágil: es lo que siempre pasa en verano. Pero, a pesar de todo, nunca será tan duro como antes.

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© Andrés Pérez Domínguez, junio de 2011

Comentarios

  1. Con esa temperatura de 45º cuidate y no salgas con el sol,busca la sombra y un buen refresquito. Animo que ya queda poco.

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  2. Pues acaba de empezar el verano no te queda nada porque aqui hace calor pero en tú tierra ,es demasiado vete a la montaña es más seguro (yo me marcharé alla )Saludos y a beber agua

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  3. Pues en Menorca, con 90% de humedad y los vientos calientes de Argelia barriendo la isla, no es moco de pavo, aunque parezca todo lo contrario. El verano es el verano, lo mires como lo mires. Dejada atrás la dorada adolescencia el verano, para qué mentir, es un coñazo absoluto, todo dios sudando y oliendo a zorro. Siempre digo que me gustaría largarme dos meses a algún país eslavo, pero nunca lo hago. Dios nos salve del calentamiento global y del sobaco cantor del vecino anestesiándonos en el ascensor.
    Abrazos.

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  4. Muy interesante esta reflexión que has compatido sobre el calor,Andrés.
    Muy cierto lo que dices, hay que tener en cuenta que en épocas pasadas era muy difícil soportar altas temperaturas.Hoy es distinto,los tiempos han cambiado y la vida nos brinda muchas cosas maravillosas y es lindo poder aprender de los consejos de nuestros padres.
    Un fuerte abrazoo

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  5. En habiendo cerveza bien fría, ese termómetro marcando 45 grados no es más que una amable invitación...

    ;-)

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  6. Gracias por vuestros comentarios. Abrazos para todos,

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