El pisto de Pepa

Los lectores de un centro de adultos ―lectoras, en el caso de Palma del Río― suelen ser los más exigentes, los más agudos, y también los más amables y los más sinceros. Después de que yo estuviese en su pueblo el año pasado, las mujeres del centro de adultos de Palma del Río, en Córdoba, han estado trabajando El síndrome de Mowgli. De todas mis novelas, esta, que se publicó en septiembre de 2008 (hace menos de tres años, pero eso, en el mercado editorial, es como decir una década), creo que es la que menos lectores ha tenido, pero, también, me da la sensación, es la más apreciada por mucha gente. La culpable de que las mujeres de Palma del Río la hayan leído ha sido Pepa. El año pasado Pepa me dijo que, como sabía que yo iba a ir, antes quería leer un libro mío. Y el único que tenían en la biblioteca era El síndrome de Mowgli. La portada me chocaba, y el tema no me atraía, me contó, pero a pesar de ello empecé a leérmela. Vaya, siento que te la hayas tenido que leer si no te gustaba, le dije. De verdad que no hacía falta. Leer por obligación es una de las cosas más desagradables que se me ocurren. Qué va, respondió Pepa. Me puse a leer mientras preparaba la comida. ¿Y qué tal?, le pregunté, preparándome para escuchar algún cumplido fingido. Que estaba tan entusiasmada con la novela que se me quemó el pisto... Me eché a reír. Antes que una buena crítica con muchas estrellas en un suplemento cultural prefiero escuchar algo así de un lector. Para mí es el mejor cumplido y el mayor reconocimiento: que alguien se siente a leer algo que has escrito y se olvide del mundo. Luego he leído El violinista de Mauthausen, me dijo Pepa ayer, y te aseguro que cuando llegué a la parte en la que Rubén viaja en el tren sentía que me caía del sofá...

Uno no espera repetir en los lugares donde ya ha estado con lectores, porque piensa que lo más lógico es que quieran escuchar a otro escritor, o porque, tal vez, ya no tenga nada nuevo que contar y acabará repitiéndose, pero se pone contento cuando lo vuelven a llamar para volver al mismo sitio un año después. Y el encuentro de ayer con las mujeres de Palma del Río fue muy emotivo. Igual que Pepa (y creo que lo mismo le ha sucedido a muchos lectores), me dijeron que ellas nunca se habrían decidido por una novela cuyo protagonista es un ex boxeador, pero que cuando la empezaron estaban deseando que llegara el día de reunirse todas para poder seguir avanzando en la trama. La leía y era como si estuviera en Lisboa, me contaba una señora ayer. El protagonista dice muchas palabrotas, apuntaba otra, pero me gusta porque habla como cualquier persona normal. Qué mala es Lola (la protagonista), con lo buen chaval que es Rafael Montalbán (el protagonista), se quejaba otra.

Yo creo, les dije, que, de todas mis novelas, El síndrome de Mowgli es la más personal, y sobre todo es una novela muy romántica. A mí la cubierta me gusta mucho, pero también es verdad que los lectores pueden sentirse confundidos. Además, añadí, me gusta que los personajes hablen como la gente de la calle, que la Literatura sea lo más natural posible. Abomino de los libros de prosa engolada en los que tienes que pararte cada dos párrafos para buscar una palabra en el diccionario. A veces parece como si el autor quisiera demostrar a los lectores lo culto que es y lo ignorantes que son los demás...

Antes del acto, Pepa me enseñó unos libros que habían escrito sus alumnas con reflexiones al hilo de El síndrome de Mowgli, con ilustraciones inspiradas en la novela. Incluso una de ellas había escrito un poema para mí. Flor, la directora, me entregó un regalo que ahora mismo tengo en mi estantería. Me traje en la mochila esos recuerdos, lo mejor que te llevas de este oficio tan raro de inventar historias. Yo también les regalé algunos libros, y al final del acto estuve un rato firmando ejemplares y haciéndome fotos con ellas. Todas me daban las gracias por escribir, por haber ido hasta su pueblo para charlar un rato, pero soy yo el que tiene que darles las gracias a ellas, y además públicamente.

Uno escribe para que lo quieran más. Algunos dicen que la frase es de García Márquez. Otros que de Bryce Echenique. Una vez entrevisté a Alfredo Bryce Echenique y le pedí que me sacase de dudas. De ninguno de los dos, respondió. Pero los dos la suscribimos.

Yo también.

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© Andrés Pérez Domínguez, junio de 2011

Comentarios

  1. Qué afortunadas ellas (no hay más verlas), y también tú, por esa entrega, ese cariño que te demostraron. Me alegro que disfrutaras del encuentro... quién pudiera haber estado compartiéndolo contigo!.

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  2. Qué grande eres, compañero.
    Un abrazo,

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  3. ¡Felicidades Andrés!!
    Recibe un gran saludo desde el Perú.

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  4. ¡Felicidades Andrés!!
    Recibe un gran saludo desde el Perú.

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  5. ¡me encanta como escribes! No cambies.

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  6. Felicidades por la buena acogida,se ve que disfrutáron mucho ,( y tú tambien) Un saludo Andrés

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