El Rocío

No me gusta el Rocío, y al escribirlo no puedo evitar una incómoda sensación de disculpa, como cuando digo que no me entusiasma la Semana Santa y que la Feria de Sevilla la soporto a ratos. Entonces, ¿a ti qué te gusta?, me han preguntado muchas veces, como si el mundo no existiera más allá de los farolillos de la feria, las procesiones de Semana Santa o el polvo del camino. Acabo de caer en la cuenta que hace muchos años que ya no escucho esa pregunta tan tonta, a lo mejor porque ser escritor te inmuniza contra la sospecha de ser un andaluz discrepante. Ya sabía yo que este tío era muy raro...

Pero no creo que sea el único. Y cada vez que llega el Rocío y veo las imágenes que las televisiones se empeñan en sacar en los informativos o en los programas del corazón, como si les fuera la vida en encontrar el tópico, me pregunto cuántos andaluces arrugarán la nariz, como yo mismo, y mirarán para otro lado, esperando que se pase pronto el bochorno. Visto desde fuera, parece como si todo el que se hubiera criado de Despeñaperros para abajo al escuchar los cohetes de las procesiones no pudiera evitar calzarse los botos, los zahones y el sombrero para empezar a beber vino desde por la mañana.

Lo decía más arriba, pero lo matizo aquí abajo: no comparto la pasión cofrade, pero las procesiones de Semana Santa en Sevilla, aunque yo no participe ni las conozca, me parecen un espectáculo estético impresionante. Y la Feria también tiene algo, aunque no me gusten las sevillanas (las que se cantan y se bailan, las otras sí, mucho...) Pero si no te gusta la Semana Santa ni la Feria, a no ser que vivas en el centro de Sevilla o en el barrio de Los Remedios, ni siquiera tienes por qué enterarte de que se están celebrando. El Rocío es diferente: carreteras cortadas durante una semana, atascos para que los peregrinos puedan ir tranquilamente a ver la Blanca Paloma y el sol andaluz en lo alto, como un castigo divino. No sé que le habrá parecido a Mario Vargas Llosa, que este año ha cruzado el Guadalquivir con la hermandad de Sanlúcar de Barrameda. Tengo curiosidad por escuchar su opinión. Mientras tanto, yo procuro emigrar estos días, irme los más lejos que pueda, a una playa donde no se escuchen cohetes ni sevillanas ni tambores.

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© Andrés Pérez Domínguez, junio de 2011

Comentarios

  1. Andrés:

    Guardas mucha razón en tus argumentos. Ahora en TVE Internacional observé a los romeros como energúmenos, parecían mandriles aplastándose unos contra otros, y todo por una tonta imagen!


    Abrazos fraternos en Amistad y Poesía verdaderas,

    Frank Ruffino.

    P.D. de más joven me ponían estas escenas de mal humor, ahora es una gozada ver a mis congéneres chillando y brincando, sea en esto, o en concierto ante la empalagosa de Shakira, o a la fanaticada futbolera; tan absurdos todos.

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  2. El sevillano más universal, Machado, fue el poeta más castellano y de tierra adentro que quepa imaginar, así que no eres el primer raro, macho, si es que no ser fan de tópicos y fiestorros populares es serlo. A mí tampoco me entusiasmaron nunca las festividades patronales de mi tierra (un montón de energúmenos ebrios haciendo saltar a pobres caballos al son de una música repetitiva), y no pocas festividades (incluídas la Navidad)me dan ganas de emigrar. Bendita rutina!
    Abrazos,
    d.

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  3. Bueno a mi si me gusta la semana santa , ver las procesiónes de mi tierra ,lo que no entiendo de sevilla es porque ese empeño de agarrarse a la virgen? y lloran ,nosotros tambien tenemos la nuestra pero nadie hace eso y se ve pasar tranqulo .me parecen falsos.Saludos Andrés

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  4. IDEM, EADEM, IDEM...qué difícil es ser "objetor" en nuestra querida ciudad. Coincido plenamente Andrés. Y somos muchos...Gracias. Maria

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