La compañía de los solitarios

Es muy extraño el momento de terminar una novela. En un oficio tan raro, en el que convives intensamente durante meses con gente que no existe, llegar al final de una novela es como salir a la superficie después de haber estado sumergido durante mucho tiempo, y es como si uno necesitara una cámara de descompresión muy particular para poder adaptarse a un ritmo incómodo, por muy placentero que parezca, en el que desde por la mañana no estés organizándote el día para poder encajar unas cuantas horas inclinado sobre el cuaderno. Es raro, y no es agradable, ni siquiera porque acabe de empezar el verano. Tal vez porque al terminar un nuevo libro uno se siente vacío, o lo asalta una soledad difícil de soportar. Y es que, quién sabe, puede que escribir sea la mejor manera de no estar solo. Hace un rato leía la entrevista con Sam Shepard en El País: “Yo escribo porque es una compañía constante. Llevo mis cuadernos a todas partes. Cuando escribo no me siento solo y necesito esa soledad para escribir. Es un conflicto sin solución.”

Estoy de acuerdo.

Esta tarde veía en el telediario un reportaje sobre unos maestros que acaban de jubilarse después de más de cuarenta años enseñando. Jubilación viene de júbilo, pero no puedo evitar sentir lástima de quien ha de abandonar su oficio a la fuerza, aunque también le apetezca descansar.

Lo bueno de escribir novelas es que la sensación de estar jubilado apenas dura unas semanas. Casi sin darte cuenta estás rebuscando en cuadernos viejos notas que escribiste apresudaramente para olvidar enseguida, y como si una mano invisible te empujase, estás otra vez en tu despacho, diseñando tramas y creando personajes, estrujándote la cabeza para contar algo que es mentira pero tu obligación es hacer que parezca verdad a los ojos de los lectores.

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© Andrés Pérez Domínguez, junio de 2011

Comentarios

  1. Pues yo hablaré de la jubilación de los maestros. Cierto es que hoy en día, para los que estamos metidos en esa profesión tan maltratada por la sociedad, no nos vemos con 65 o 67 años educando a niños y menos aún con las genereaciones que están saliendo, no nos vemos con fuerzas de bregar con pequeños individuos que nos ignoran y que tienen unos padres que encima tratan de darnos lecciones de didáctica pero hoy, hoy se ha jubilado una compañera mía que a pesar de sus años la veo en la flor de la vida. A ella le ha dado pena dejar una profesión tras 43 años pero a nosotros, a sus compañeros nos ha dado más pena aún. A partir de ahora nos sentíremos huérfanos sin su presencia y sin su buen hacer.
    Si eso mismo es por lo que pasa un escritor una vez tras otra... ¡qué vida tan dura y qué soledad la que vivis!

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  2. Siempre lo digo, escribir es la verdadera reencarnación, la única forma de vivir otras vidas.
    Saludos.

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  3. Unas palabras acertadas las tuyas. Aunque yo no creo que los escritores sintais la soledad, muy al contrario, pienso que sois felices con vuestro trabajo aunque sea más dura de lo que parece a simple vista. Yo no sé si estaré en lo cierto, pero hablo por mí, después de una vida llena de trabajo he llegado al punto de la jubilación, y al verme en esa puerta hacia el ocio no me he resistido y como medida de precaucion para no estar sola, hace un par de años decidi ponerme a juntar letras. No es mi oficio, cierto, pero paso horas divertidas contando historias. Nunca llegaré a nada en la escritora, eso lo sé pero lo que me divierto escribiendo no me lo quita nadie. Por eso ya desde una edad en la que lo tengo casi todo hecho te digo que no pienses en soledad, piensa en el gozo de poder escribir lo bien que lo haces. Piensa que no estás solo nunca porqeu no lo estás. mientras escribes estás en el mundo ese ficticio de cada novela y cuando la terminas y sale a la luz estarás siempre con tus lectores.
    Nunca estarás solo y además nunca moriras.
    Un abrazo.

    Bárbara.

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  4. Y sino que se lo digan al recién fallecido Harry Bernstein que hizo su novela a los 93 años de edad, para que luego digan que existen edades para esto de escribir...
    http://blog.editorialcm.es/2011/06/20/harry-bernstein-un-longevo-escritor/

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  5. Suscribo todas tus palabras, Andrés. Es un oficio solitario en que solo te acompañan tus personajes. Y cuando se termina una novela yo también me siento vacío. Bien es cierto que si te publican, con las presentaciones y demás, esa soledad se compensa con creces. Un abrazo.

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  6. Si estás solo es porque quieres... Candidatas a hacerte compañía no te faltan...
    Besos, guapo

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  7. No me parece que te sientas solo lo que pasa que despues de tanto tiempo escribiendo sin parar ,tienes más tiempo libre y no sabes estar sin escribir ,( ademas no estas solo nos tienes a nosotros).Saludos

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  8. Esto Andrés es como todo, cuando terminas una tarea en la que estas metido hasta la medula, luego... cuesta acostumbrarse pero... tan solo has de hacer una cosa para sentirte mejor, volver a escribir, relatos cortos, no hace falta que sea una novela. tienes tu blog y tu facebook para hacerlo, y nosotros tus seguidores AGRADECIDOS

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  9. Muchas gracias por vuestros comentarios.
    Me ha encantado leerlos.
    Abrazos,

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