El asedio

Vaya por delante que esto no es una reseña. Los que os asomais por aquí sabéis que no me gusta cuando los escritores se meten a críticos. Y estoy convencido de que el autor de la novela de la que voy a hablar muy difícilmente se asomará por aquí para leer lo que digo sobre su obra. Tan solo quiero transmitir, a quien le interese, como lo he hecho tantas veces en la radio, mi entusiasmo por un libro espléndido que terminé de leer hace un par de noches y, como ya le he dado tanto la lata a cuantos amigos me he encontrado mientras estaba felizmente perdido en sus páginas, me he dicho que por qué no dejar constancia también en mi bitácora.
Descubrí a Reverte como escritor el verano de 1993, muy poco después de que publicara El club Dumas, y al leer aquella novela tuve la sensación, tan gratificante, de haber encontrado algo diferente: la atmósfera, los libros viejos, el personaje de Lucas Corso. Lo he seguido desde entonces, y -como me pasa a mí y a todo el mundo, supongo- algunos de sus libros me han gustado más que otros. El caso es que, dieciocho años después, tenía El asedio en mi estantería desde hace tiempo, sin decidirme todavía a hincarle el diente. No sé si esta novela de Reverte se habrá vendido más o menos que otras suyas o si, en general, a los lectores les ha gustado. Para ser sincero, si había leído alguna reseña antes de leerla, no me acuerdo. Por eso la cogí sin saber muy bien qué me iba a encontrar, con la premonición vaga de que se trataba de la historia de un policía que investigaba unos asesinatos durante la Guerra de la Independencia en Cádiz.
El caso es que hacía mucho ―y cuando digo mucho, quiero decir mucho― que no lo pasaba tan bien con una novela. Y quizá con eso ya lo he dicho todo. Pero añadiré que, hace un par de noches, al cerrarla por última vez, me dio mucha pena darme cuenta de que ya no podré volver a acompañar al comisario Rogelio Tizón por las calles de Cádiz mientras trata de encontrar a un asesino al que le gusta matar a mujeres jóvenes en los mismos sitios donde caen las bombas de los artilleros franceses. Es culpa del talento del novelista que un hijo de puta con mayúsculas como Tizón ―un policía de la vieja escuela con mucho olfato y pocos escrúpulos que tortura, extorsiona y se aprovecha de la gente― acabe ganándote el corazón. No es tarea sencilla. Creedme: sé de lo que hablo... Con pena, también me he despedido de Simón Desfosseux, el aplicado artillero francés obsesionado con las parábolas, los vientos de Levante y las leyes de la Física; y de Felipe Mojarra, salinero, pobre y valiente, capaz de arriesgar el pellejo, empalmando la faca, para robar una lancha, con un par, a los gabachos. No volveré a saber nada del taxidermista Gregorio Fumagal, que sueña con un mundo mejor, ilustrado y afrancesado, si el enemigo consigue entrar en la ciudad. Y, bueno, del amor imposible entre la gaditana Lolita Palma y el corsario Pepe Lobo, mejor no hablo porque me pone de mal humor cuando pienso que ya he terminado la novela. Hay unos cuantos momentos impagables de estos dos en El asedio, pero no debo comentarlos para no destripar el argumento. Aunque sí puedo contaros que bastarían algunos pasajes para justificar la lectura de este libro: cuando el comisario Tizón se entrevista una noche con el corsario Pepe Lobo y su segundo, el valiente hasta la inconsciencia Ricardo Maraña; la noche que el corsario Lobo y el oficial Lorenzo Virués deciden saldar cuentas de la única forma que podían hacerlo en 1812 dos hombres como ellos: en un lugar oscuro y acompañados de sus padrinos; el momento en que el salinero Mojarra se planta delante de un funcionario y se palpa la faca, planteándose si tirar por la calle de en medio, menos porque todavía no le hayan pagado los 20.000 reales de recompensa que por los modales con que lo trata el tipo que viste uniforme.
Qué curioso, y que maravilloso también, que leas algo que es mentira y no puedas sino preguntarte si fue verdad. Qué alegria cuando, a uno que también se dedica a inventar historias, lo que ha salido de la imaginación de otro escritor pueda embaucarlo hasta el punto de robarle horas al sueño.
Pues eso. Que os recomiendo El asedio. No sé si os gustará, pero de verdad que yo ahora ando cabreado porque sé que me va a costar volver a encontrar un libro que me haga disfrutar tanto como éste.
© Andrés Pérez Domínguez, julio de 2011

Comentarios

  1. A mí es la novela de Pérez-Reverte que más me ha gustado.

    Un abrazo.

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  2. Hola ,no he leido nada de Arturo ,pero esta muy bien . Da pena terminar un libro que te gusta.El que estoy leyendo es muy bueno yo lo recomiendo.Prometeme que seras libre.de Jorge Molist es novela historica te gustará. Saludos Andrés

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  3. Yo también creo que es la mejor novela de Reverte, y eso ya es decir bastante, porque muchos de sus libros los he disfrutado como un enano.
    Abrazos,

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  4. A mí no me gustó tanto. Demasiado término marinero. Pero hay que reconocer que te engancha. Y eso no es fácil.

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