Facebook

Lo reconozco. Las redes sociales son unas de las varias contradicciones con las que tengo que bregar en mi vida. Otras son públicas, y algunos las conocéis, como que escribo mis novelas a mano ―y a ser posible con pluma―, pero tengo un blog que me gusta mantener activo. Y las contradicciones privadas, pues eso, son privadas... Desde hace un par de años tengo perfil en Facebook, y además hay una página, donde supongo que me instalaré definitivamente antes o después porque ando ya muy cerca de los 5.000 contactos (y porque aquí nadie puede mandarte aplicaciones o incluirte en grupos), y un grupo con mi nombre. Y aunque reconozco que la red social creada por Mark Zuckerberg ―o, no del todo, si hacemos caso a la espléndida película La red social (impresionante el final, por cierto)― es muy útil para mantener un hilo abierto con los lectores y con los viejos amigos, a veces resulta muy complicado relacionarte con todos. Pero no importa: siempre he dicho que para un escritor es un deber atender, en la medida de sus posibilidades, a sus lectores. Yo procuro contestar siempre a todos, y no quiero dejar de decir aquí que es un honor recibir el cariño de tanta gente que ha dedicado unas cuantas horas de su vida a leer un libro que has escrito. Para eso puse mi perfil personal de Facebook en la solapa de El violinista de Mauthausen. Y siempre que pueda ―y procuro poder siempre―, estaré dispuesto a echar un rato virtual con los lectores o los amigos, que, al cabo, suelen ser los mismos. Faltaría más.

El problema del Facebook, en mi opinión, son las aplicaciones que jamás he utilizado ni tengo intención de utilizar (granjas, tesoros, kisses, como se llame y estupideces varias), y, desde hace una temporada, los grupos en los que cualquier contacto que tengas te puede agregar sin pedirte permiso. Yo ya no sé cómo decirlo, de verdad, y si no borro para siempre mi perfil personal de Facebook es porque la mayoría de mis contactos, por suerte, es gente muy competente. A lo mejor es porque mi nombre empieza por “A” y a algunos les resulta muy cómodo hacer click con el ratón, pero raro es el día que no he de borrarme y pedir que no vuelvan a incluirme en un grupo que, generalmente, ni va ni me viene. A saber: a favor del aborto o en contra; a favor o en contra el PSOE o del PP; a favor o en contra de los indignados... Por lo visto hay gente que está muy segura de mi opinión o de mis afinidades puesto que, muy alegremente, me añaden a los grupos como si me invitasen a una fiesta. Luego, cada vez que alguien escribe en el grupo de turno, te llega un mensaje ―casi siempre me entero de que alguien me ha hecho el honor de pertenecer a un grupo nuevo porque me llega un mensaje―, y ahora, mientras tecleo este post, tengo 1.418 mensajes sin abrir porque, literalmente, no doy abasto. Y estoy seguro que entre esas misivas se pierde más de un correo de un lector amable que se me pasará por alto y pensará que soy un antipático o un desagradecido por no responderle.

Puede que a la larga esta sea la tumba de Facebook. Yo, desde hace poco, estoy en Twitter. Me gusta, es mucho más dinámico y divertido, y al menos aquí todo se reduce a 140 caracteres, y nadie te puede etiquetar en fotos en las que no apareces ni malditas las ganas que tienes de aparecer, agregarte a un grupo y luego mandarte mensajes privados para insultarte porque has pedido que no te vuelvan a añadir a ninguno.

En fin.

www.twitter.com/aperezdominguez

http://www.facebook.com/pages/Andrés-Pérez-Domínguez/272070026881

© Andrés Pérez Domínguez, julio de 2011

Comentarios

  1. Bueno, Andrés, ya te hice un pequeño comentario al respecto y aún no le he dedicado tiempo (lo tengo pendiente); pero, sobre todo, agradecerte que me hayas atendido, creo que siempre, contestando mis mensajes, y por último, desearte que si sigues de vacaciones, no dejes de disfrutarlas y de recargarte. Un besito.

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  2. Pues sí, Andrés. Tú lo has dicho: las redes sociales son un arma de doble filo y a nadie le gusta que se disparen solas. Yo también creo que en Twitter es más fácil controlar la intimidad. Por eso, algunos nos hemos resistido ante Facebook.
    Un abrazo.

    Félix G.M.

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  3. Tony, no hay nada que agradecer. Como digo, para mí es un placer y un deber atender a mis lectores. Pero por desgracia algunos (muy pocos, la verdad, pero molestan mucho) se toman en el facebook una confianza que nadie les ha dado cuando te agregan a grupos.

    Tienes toda la razón, Félix. Pero también es verdad que gracias a Facebook puedo estar en contacto con muchísimos lectores.

    Un abrazo,

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