¿Placeres culpables?

Debo de ser un tipo fácil, la verdad. Cuando me gusta un libro, una película o una serie de televisión, no me pongo a darle vueltas para buscar las razones por las que los disfruto, y, si no me gustan, tampoco pierdo el tiempo en averiguar los motivos por los que sí deberían gustarme. Escribo esto porque me entero de que hay un término que está de moda, guilty pleasure (en inglés, cuando tiene su equivalente, con el mismo número de palabras, en castellano), o sea, placer culpable. El placer culpable, por lo visto, es cuando te gusta algo inconfesable o que, al menos, no te hace sentir muy bien por disfrutarlo. Me he enterado de la existencia de este término curioseando sobre la sangrienta, lujuriosa, y sobre todo la mar de entretenida serie Spartacus. Por lo visto, a mucha gente le cuesta confesar que gusta esta serie.

En este blog he hablado más de una vez de muchas de las series que he disfrutado. Hace pocos días recordaba El ala oeste de la Casa Blanca; y en su día hablé de la espléndida Mad men o de Perdidos. Casualmente, es en verano cuando me suele llamar la atención una nueva serie. Este verano me lo he pasado muy bien con Juego de tronos (“Se acerca el invierno...”), y como la primera temporada me ha dejado con ganas de más, lo mismo me animo a leerme la serie de novelas de George R.R. Martin en las que se basarán las próximas temporadas de la serie.

Yo creo que es de estúpidos sentirte culpable por disfrutar de ciertas series, por muy poco intelectual que les parezca a algunos. Hace unos cuantos años, recuerdo una conversación con una escritora que se llevaba las manos a la cabeza, escandalizada, porque le dije que me gustaba la serie Los Serrano. Es imposible que te guste eso, se quejaba, y de pronto me di cuenta de que empezaba a mirarme por encima del hombro. ¿A que te gustan Los Simpson?, le pregunté. Asintió, claro. Tal vez si fuese una serie española no te gustaría tanto, le dije. Y, bien mirado, en algunos puntos la familia Simpson no me parece tan diferente a la familia Serrano.

Quiero decir que sí, que Mad men es una obra maestra, y que muchos episodios me han dejado con la boca abierta; y que da gusto ver al incomparable Paul Giamatti en la piel del presidente John Adams; y cada vez que empiezo a ver un episodio de Hermanos de sangre no puedo parar hasta el final. Pero también he disfrutado mucho con la amistad sin fisuras de los personajes de Los Serrano, y me he reído un montón con las paridas de Los hombres de Paco; Cuéntame es una de mis citas ineludibles cada otoño, y me dio mucha pena cuando me dijeron que La chica de ayer no se iba a emitir más allá de la primera temporada.

Si alguien cree que debería sentirme culpable por ello, sinceramente, es su problema.

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© Andrés Pérez Domínguez, agosto de 2011

Comentarios

  1. Benditos placeres culpables, piel adentro culpables, porque lo que importa, Andrés, es el palizón de ocio del bueno que dan. Yo acabo de ver Juego de tronos (bueno, falta un episodio, el diez) y estoy disfrutando. He disfrutado mucha serie americana y poca española, pero será porque no les he dado todavía cancha, como dicen. He disfrutado Dexter y 24. Perdidos se me escapó veinte veces. Saludos, vuelvo por aquí en cuanto tenga un rato.

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  2. Que hay de malo ver series españolas?yo veo varias me gustan varias.la republica es muy buena ,gran reserva y más ,parece que ver algo español es raro.Saludos

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  3. Más razón que un santo. A mí me han mirado alguna vez por encima del hombro por decir que me ha gustado Stieg Larsson. Pues eso, que a quien no le guste que no mire. Un abrazo.

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  4. No sé, pero me pasa como a ti y además coincido en casi todos los títulos, será cuestión del guilty pleasure. un abrazo

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  5. Gracias por vuestros comentarios. Abrazos para todos,

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