La playa en otoño

Basta apenas un rato conduciendo para llegar a la misma playa que hace unas semanas estaba tan abarrotada de veraneantes que sólo me acercaba para visitar a la familia. Aunque en el sur aún se mantiene un calor aceptable, el calendario dice que ya hemos estrenado el otoño, y en la playa la mayoría de los bares y tiendas están cerrados, y en los que aún resisten estos días con valentía o inconsciencia hay tan pocos clientes que una vuelta por el centro comercial tiene algo de fantasmagoría. En la orilla, si uno no vuelve la cabeza para obviar los bloques de apartamentos vacíos, no es muy diferente a estar sentado en una playa desierta: apenas algunas sombrillas muy espaciadas, muy de tarde en tarde un vendedor de relojes que sigue pateándose la arena como si aún no hubiera terminado el verano, siempre con la sonrisa resignada, una mancha blanca en mitad de la cara negra, cuando le dices, también sonriendo, que lo sientes, que no vas a comprar nada.

Menos gente todavía en el agua que en la arena, y celebro estos baños tanto como los primeros del año, al final de la primavera, incluso más, porque ahora la temperatura del mar es más agradable que en abril o en mayo. Paseo mucho rato, al caer la tarde, sin apenas encontrarme con nadie, y enseguida se me hace de noche porque ahora los días son más cortos. No me he traído el ordenador, no tengo conexión a Internet, y maldita la falta que me hace. Compro el periódico cada mañana: puede que sea un anticuado porque siempre preferiré leer la prensa en el ordenador o en esas tabletas que ahora se han puesto de moda. Apenas veo la tele. He traído unos cuantos libros que me hacen compañía. Duermo como un bebé a pesar de que la mayoría de los días no soy capaz de espantar el insomnio.

Qué sencilla puede ser la vida cuando todo se reduce a tres o cuatro cosas que te importan. Y a mí hay pocas cosas que me gusten más que la playa en otoño.

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© Andrés Pérez Domínguez, septiembre de 2011

Comentarios

  1. Para mi mucho más cercano al paraiso que pelearme por un metro cuadrado de arena hirviendo. Una entrada preciosa, aunque da un poco de envidia. Un saludo

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  2. Muy linda reflexión.Apreciar la playa en el otoño es maravilloso.Contemplar el mar al atardecer transmite mucha paz.
    Muchos saludos,Andrés.

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  3. Suerte que tienes .Cuando más me gusta que hay poca gente,al principio y al final del verano que hay pocas personas y es toda ( o casi)para ti .y en otoño más como en la foto.tú que la tienes cerca .Un saludo

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  4. El mar (sin playa, sin gente y con las manos cargadas de palabras nuevas) todo un placer..

    Un abrazo al pasar

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  5. Pues sí, pocas cosas tan buenas como la playa en otoño. Disfrútalo.

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  6. Muchas gracias por vuestros comentarios. La verdad es que sí, que no se está tan mal en la playa estos días.
    Abrazos para todas,

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  7. Otra sensación parecida: oír el tintineo de los aparejos de los barcos en el puerto deportivo (pongamos Puerto Marina)con una ligera brisa sin el jolgorio acústico del verano.
    Ambos tienen su punto. Creo que se disfruta porque existe el contraste.

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