Unas cuantas cosas que he aprendido (IV): Los editores

No tenía muy claro si seguir con esta minisección, pero el otro día leí unas reflexiones del editor Mario Muchnik sobre los escritores y se me ocurrió que un escritor tiene el mismo derecho a opinar sobre los editores. Mario Muchnik en su ensayo El oficio de editor enumera “Las diez impertinencias que un editor no soporta de los escritores”. Quienes leen este blog se habrán dado cuenta, supongo, de que el corporativismo no es lo mío, pero el oficio de escritor ya es a menudo lo bastante amargo y esforzado (y no dudo que el de editor también pueda serlo) como para encima quedarse callado cuando alguien, aunque utilice el fino recurso de la ironía, se burle de nosotros.

Decía la agente literaria Carmen Balcells hace años en una entrevista que, por naturaleza, los escritores son seres endiosados y los editores son arrogantes. Yo creo que hay de todo: escritores endiosados y tipos normales; y editores arrogantes y personas amables y atentas. He trabajado con varios editores, y a casi todos los aprecio y respeto, pero no quiero dejar escapar la ocasión de contestar a algunos de los puntos del decálogo del por otro lado casi siempre interesante y lúcido Mario Muchnick.

Copio algunas de sus aseveraciones y, debajo, en el siguiente párrafo, escribo mi comentario.

Ni una coma
Así, Muchnik ejemplifica que existen escritores que “no admiten que se les toque una coma de su texto”, pese a que el editor cree que si no introduce modificaciones no se comprenderá lo que el autor ha escrito.

Es posible, pero también hay editores que para justificar su trabajo, incluso con buena voluntad, se empeñan en estropear un texto o traicionarlo. Y no hablemos de los títulos: con la misma buena intención el título que te propone un editor puede mejorar o estropear tu novela, o alejarlo de aquello que te gustaría que percibieran los lectores. No es lo habitual, desde luego, pero tampoco es tan raro que suceda.


La cubierta
Otro tanto sería el hecho del escritor que intenta “imponer su propia idea de cubierta” del libro.

En una carpeta de mi ordenador tengo varias propuestas de cubierta sonrojantes para algún libro mío que por fortuna no prosperaron. Además, ¿no es legítimo que un escritor pueda al menos opinar sobre la cubierta de su libro? Nadie es perfecto, ni infalible, creo.


Erratas
El autor de Oficio de Editor también señala a algunos escritores que entregan manuscritos sin corregir, para que sea el editor quien haga dicha labor. “Y luego rompen el pacto de fidelidad y se van con quienes les ofrecen condiciones mejores”, añade sobre este asunto.

Cuando uno escribe, llega un momento que es imposible ver con objetividad su propio trabajo, y eso también significa pasar por alto las erratas. Se supone que una editorial debe de tener a alguien competente que se ocupe de vigilar las erratas. Pero la segunda cuestión es la más interesante: el pacto de fidelidad. No se me ocurre ningún otro gremio, si acaso el de los futbolistas, en que el chantaje de la fidelidad se esgrima con tanta ligereza. A nadie parece importarle que cualquiera cambie su puesto de trabajo por otro donde le ofrezcan mejores condiciones o pueda progresar, pero a veces los editores parecen considerarnos a los escritores de su propiedad, como si el mundo de la edición fuera una suerte de feudalismo moderno. Y la fidelidad, no nos olvidemos, es un asunto recíproco. No he conocido a un editor que se comprometa a publicar cualquier cosa que escribas. Resulta (o debería resultar) evidente, que un escritor tiene el mismo derecho a cambiar de editor cuando le parezca o encuentre la oportunidad, del mismo modo que tu editor puede no publicarte tu próxima obra si no la considera adecuada para su catálogo o prefiere promocionar el libro de otro autor. Generalmente, los editores solo aceptan que te busques la vida una vez que ellos han decidido no publicarte. Muchas veces demoran la respuesta hasta que te aburres de esperar. Y no es infrecuente, cuando te vas con otro editor, aunque ellos no hayan querido publicarte, que te llamen traidor. Ya digo, la fidelidad, o el amor, ha de comprometer a las dos partes.

Amiguismo
Insoportable para el editor también es el amiguismo, tal y como se desprende de la siguiente reflexión de Muchnik. Así, el editor tiene que sufrir que el escritor proponga manuscritos de sus “amiguetes”, dice.

¿Seguro que el señor Muchnik no ha descubierto nunca una obra estimable a través de la recomendación de un escritor? Yo tengo amigos que son muy buenos escritores y he recomendado sus libros a mis editores, y a veces algún amigo escritor ha recomendado un texto mío a un editor. No creo que tenga nada que ver con el amiguismo.

Editor rico
A estas nueve –llamémoslas así- impertinencias, se une otra hasta sumar la decena. Es la que nos devuelve la imagen del editor más cercana a un mercader que a un artesano. Mario Muchnik lo expresa así en su ensayo: “Por ejemplo, los [escritores] que van por el mundo convencidos de que el editor se enriquece a costa de ellos”.

Por supuesto que un escritor no tiene que pensar que el editor se enriquece a costa de su trabajo. Pero a veces tengo la sensación de que ciertos editores piensan que los escritores somos tontos o nos pasamos la vida encerrados en una burbuja. Que nos conformemos con las liquidaciones, porque no nos quede más remedio o no merezca la pena discutir para al final no conseguir una aclaración satisfactoria, no significa que seamos imbéciles o no sepamos cómo funciona el mundo. El que más y el que menos ha hecho otras cosas en su vida, y las sigue haciendo, además de estar encerrado muchas horas al día inventándose historias. Vale que uno por ser prudente pueda parecer tonto, pero otra cosa es que lo sea.

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© Andrés Pérez Domínguez, septiembre de 2011

Comentarios

  1. Si no fuera por sus otros trabajos muchos escritores se morian de hambre, esperando las liquidaciones de los que se llaman editores que son los que se engordan....., Asi que aplaudo tu comentario.

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  2. Totalmente de acuerdo, Andrés. En este mundillo hay mucha mafia cuando lo verdaderamente importante debería ser que si una historia es buena, se publica y ya está. Un abrazo.

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  3. Respuestas justas, elegantes y cargadas de sentido común.

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  4. ¿Qué decir? ¿Qué nadie nos invitó a meternos en este mundillo? Seguramente. El problema nace cuando socialmente escribir no se ve como un oficio, del que uno debería poder vivir decentemente. Los editores sólo saben que existes cuando vendes. El editor idealista, arriesgado, apasionado por su trabajo, se extinguió hace tiempo. Hoy, para empezar, la mitad están rodeados de "lectores" editoriales que no reconocerían ni a un García Márquez aunque se lo posieran delante. Hay libros de grandes editoriales plagados de faltas ortográficas y de sintaxis, y de calidad mínima ya ni hablamos. Y todo esto porque el editor de raza fue sustituido por alguien armado con una calculadora y sesudos estudios de mercado. ¿Endiosamiento por parte del escritor-picapedrero? Vamos a dejarlo, va.

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  5. Muy interesánte ,pues no sabía que no vale con escribir un buen libro que hay mucho más detras. Y sobre todo a la hora de publicarlo .Tienen más poder las editoriales que el autor(y no debería ser asi)porque sin autores no hay libros que publicar .Pienso yo ...Un saludo

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  6. Así es, Rosa Mary, no se puede expresar con más sencillez: sin autores no hay libros. Pero sabes qué pasa, que si no hay se los inventan. Novelas de Risto Mejide, de Nuria Roca, de Nieves Herrero, de Boris Izaguirre... ¿sigo? Ahora cualquiera que salga en la tele tiene más posibilidades de publicar un libro que un escritor de oficio. Y no hablo solo de principiantes, sino de escritores ya con una cierta trayectoria a sus espaldas y a los que les está costando dios y ayuda sacar sus obras.Quizá el lector debería revelarse contra esa intrusión en toda regla.
    Abrazos.

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  7. Pues sí, es un debate la mar de interesante. Pero me gustaría aclarar que no se trata de una diatriba contra los editores. De hecho, respeto y aprecio a la mayoría de los que editores con los que he trabajado o conozco. Pero creo que Mario Muchnik se había burlado (puede que sin ánimo de ofender) de los escritores en su libro, y he querido contestarle.
    Es un oficio muy complicado, sí, pero uno lo hace por vocación, y la verdadera satisfacción es, o debería ser, disfrutar del proceso. Pego aquí estas palabras del maestro Muñoz Molina hace poco en Babelia:
    "Escribir con entrega a lo que se hace y confianza en los desconocidos es la única seguridad razonable en este oficio incierto"
    Amén...
    Abrazos para todos,

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  8. Interesante aclaratoria para lo que expuso Mario Muchnik, Andrés. Ya está bueno que nos llenen de dogmas y de listas de lo que debemos o no hacer. También existen reglas para los editores. Y la parte que más me gusta es la de la fidelidad. Ja, ja, reciprocidad, sí señor. Lo contrario no es traición.

    Besos!
    Blanca

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