¿Ficción?

“Estaba allí sentado y me dice: Esos malditos campamentos del gobierno. Les das agua caliente y la gente quiere agua caliente. Si les das retretes también los querrán. Dales a esos okies cosas y querrán todo. En esos campamentos hacen reuniones de rojos. Planean cómo conseguir los subsidios.

Huston preguntó:

―¿Nadie le atizó?

―No. Había un tipo pequeño que le preguntó, ¿qué es eso de los subsidios?

―Subsidios, lo que los contribuyentes pagamos y os lleváis vosotros, malditos okies.

―Nosotros pagamos impuestos en lo que compramos, en la gasolina y el tabaco, dice el pequeño. Y dijo: A los granjeros les da cuatro centavos por libra de algodón el gobierno. ¿No es eso subsidio? ¿Y no tienen subsidio las compañías de ferrocarril y transportes?

―Esos hacen cosas que hay que hacer ―dice el ayudante.

―Bueno ―dice el otro―, ¿cómo se iban a recoger las cosechas si no fuera por nosotros? ―el hombre rechoncho miró a su alrededor.

―¿Qué dijo el ayudante? ―preguntó Huston.

―Se puso furioso. Y dijo: malditos rojos, todo el día causando agitación. Mejor será que vengas conmigo. Así que se llevó al hombre y le echaron sesenta días por vagancia.

―¿Cómo hicieron eso si tenía trabajo? ―preguntó Timothy Wallace.

El hombre rechoncho se echó a reír.

―Ya lo sabes ―dijo―. Sabes que un vago es cualquiera que no le cae bien a un policía. Y por eso odian este campamento. La policía no puede entrar. Esto es los Estados Unidos, no California.”

John Steinbeck, Las uvas de la ira.

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© Andrés Pérez Domínguez, octubre de 2011

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