Pedro Ugarte

Cómo corre el tiempo, joder. Me he dicho eso hace un rato, al enterarme de que Pedro Ugarte ha ganado el V Premio Logroño de Novela. Algo más de once años han pasado, casi doce ya, desde que conocí a Pedro. Recuerdo que entonces el escritor de Bilbao acababa de publicar su novela Pactos secretos. Algunos años atrás había sido finalista del premio Herralde y no mucho antes de conocernos yo había leído en una antología que publicó la editorial Lengua de Trapo, Páginas amarillas, su cuento Las truchas, que está entre la docena escasa de textos cortos que me han dejado literalmente tumbado después de leerlos. Esos relatos que, cuando llegas a la última línea, no puedes evitar pensar que a lo mejor deberías dedicarte a otra cosa. Pero bueno, en cualquier oficio siempre hay alguien que lo hace condenadamente bien, y a lo mejor sigues adelante con la esperanza o la ilusión de que quizá algún día habrá quien leerá un texto tuyo y también se quedará tumbado.

A Bilbao viajé hace tantos años para recoger un accésit en el premio Gabriel Aresti por mi Vainilla y chocolate (permitidme la autopromoción, pero el que quiera leer este cuento no tiene más que buscarlo en mi libro El centro de la Tierra). Durante la entrega de premios, alguien me dijo que Pedro Ugarte había formado parte del jurado y además andaba por allí. Me acerqué a saludarlo y me felicitó por mi cuento. Luego fuimos todos a comer y Pedro me contó que había peleado para que a mi relato le dieran al menos un accésit.

Estoy seguro de que Pedro Ugarte no se acuerda de estos detalles. Normal: él ha vivido unos cuantos premios “Gabriel Aresti”, pero para mí fue la única vez. Y pocas cosas alientan más cuando uno empieza que el reconocimiento de alguien a quien admiras y esperas secretamente que algún día te considere su colega.

Decir a estas alturas que el vasco es un gran escritor resultaría una obviedad demasiado escandalosa. Bastaría con entretenerse sólo unos minutos con cualquiera de sus obras para darse cuenta. Y ahorá ya sé que tengo pendientes de leer dos libros que seguro voy a disfrutar: El mundo de los cabezas vacías, la colección de cuentos que Pedro Ugarte acaba de publicar en la editorial Páginas de Espuma, y la novela con la que ha ganado el Premio Logroño: El país del dinero, que Algaida publicará, creo, en la primavera de 2012. Y es muy hermoso comprobar ―y no es la primera vez que me pasa esto con un colega de letras― que te puedes alegrar por un premio tanto como si te lo hubieran dado a ti cuando quien lo recibe lo tiene más que merecido.

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© Andrés Pérez Domínguez, octubre de 2011

Comentarios

  1. Me sumo a tu preciosa felicitación. Un abrazo para los dos.

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  2. Es curioso, yo también recuerdo a Ugarte por ese cuento, "Las truchas". El resto de su obra la tengo pendiente, como la de tantos. A ver si este Logroño...

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  3. A Andrés le pierde un acendrado sentido de la amistad. ¡Joder, aquel accésit! ¡Cuánto bueno me ha dado! No quiero ni pensar qué habría sido de haberme empeñado aún más y conseguir que Andrés hubiera sido el primer premio. Pero luego me demostró y nos demostró que las pequeñas mezquindades de los concursos de pueblo no merecen la pena: llegó más lejos, y lo que falta. Y a mí el consuelo de no haber permitido que se perdiera al menos aquel bendito accésit... Un abrazo a Félix, a Diego, por compartir la entrada, y al autor del blog...
    Pedro Ugarte

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  4. Bueno, pues sí, es un premio merecido. Contigo, Pedro, ya he cruzado algún mensaje ayer vía facebook.
    Enhorabuena de nuevo.
    Abrazos para todos,

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