El placer de la lentitud

Soy de los se empeñan machaconamente en acudir pronto a las citas, en salir un rato antes por si me pilla un atasco o pincho una rueda. Llegar demasiado pronto no me molesta, todo lo contrario, e igual que los lugares multitudinarios me agobian las prisas y encuentro un sinsentido correr sin necesidad cuando se ha tenido tiempo de sobra para hacer las cosas despacio.

Desde hace mucho no había tenido la oportunidad de corregir una novela con el tiempo suficiente para no correr. Llevo tres semanas puliendo mi nueva novela, a capítulo por día, sin prisas. Y luego habrá que corregir las galeradas. Aún queda casi un año para que esté en las librerías, pero esa fecha tan lejana en lugar de angustiarme o entristecerme me provoca una tranquilidad gratificante, una rara paz que otras veces se me ha escapado en mi trabajo.

Podría ir mucho más rápido, pero no quiero. ¿Por qué correr si aún queda tanto tiempo? Con todo un año por delante sobran días para hacer las cosas bien. Incluso puedo tener otra novela al menos mediada cuando ésta se publique. O no. ¿Quién puede ser tan imbécil como para creer que puede adivinar el futuro?

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© Andrés Pérez Domínguez, noviembre de 2011

Comentarios

  1. Pues ánimo con esa corrección tan lenta como placentera, Andrés. Yo actualmente estoy con una novela que también me estoy tomando con calma. Se trabaja mejor. Y total, con la lentitud que llevan las editoriales en publicar, ¿a quién le interesa correr? Un abrazo.

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  2. Buenos días Andrés, la simple lectura de tu reflexión me ha serenado, será porque coincido contigo en casi todas tus apreciaciones, la cosas que saborean despacio siempre resultan más gratificantes. Estoy seguro de que tu novela te saldrá perfecta.
    Y ahora que tienes tiempo te invito a pasar por mi blog, "Bajo una coliflor", por si te entretuviera unos minutos. Un abrazo
    Primitivo

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  3. Pues ánimo con esa novela, Paco.

    Me pasaré por tu blog, Primitivo. Claro que sí.

    Abrazos,

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  4. Hola Andrés, me encanta lo que dices, en estos tiempos que parece que está de moda andar siempre corriendo, que pareces viejo si tienes tiempo para saborear los días con tranquilidad, y hasta pareces idiota si eres puntual y siempre, eres tú el que espera. El placer de la lentitud, cuando se prueba, ya no se abandona. Un saludo.

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