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Mostrando entradas de diciembre, 2011

Anuncios navideños

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Igual que los petardos insoportables y los árboles de Navidad de los chinos, abundan estos días los cascarrabias nostálgicos de Scrooge que abominan de las fiestas, del buenismo hipócrita y la felicidad irreal o sospechosamente forzada de los últimos días de diciembre. Sin embargo, a mí me gusta la Navidad. Casi siempre, y aunque moleste a los aguafiestas, saca lo mejor de nosotros durante unos días. La vida ya es bastante jodida y hay demasiados hijos de puta sueltos por ahí como para no alegrarse de tener una tregua.No soy de lágrima fácil, pero una de las cosas que más me gustan de la Navidad son los anuncios. No tiene nada de extraordinario porque los anuncios me gustan en cualquier época del año. Pero, sí, los anuncios navideños tienen algo especial. Desde los turrones El almendro hasta ese de hace dos o tres años, creo, en el que un padre aprovechaba para escuchar un “te quiero” de labios de su hijo gracias a una película; o el año pasado, el de la niña cubana que le regalaba po…

Pasear por Madrid

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Siempre persiguiendo el frío cuando llega esta época, deseando ponerme el lobo marino del capitán Ahab que abriga tanto, los guantes, enroscarme una bufanda al cuello y encasquetarme el gorro de lana si se tercia. Qué raras me parecen esas estampas navideñas de los países tropicales: Papá Noel en mangas cortas o la gente celebrando la nochevieja en bermudas. Para aprovechar unos días libres antes de que empiecen las fiestas, pero también para buscar un poco más de frío, paso unos días en Madrid, donde la temperatura no es mucho más baja que en Sevilla aunque con el inconveniente de entrar en la mayoría de las tiendas o en los bares impacientándote por que algún día inventen ―o comercialicen, si alguien la ha inventado ya― alguna clase de ropa que puedas enfríar o calentar según te apetezca: bastan unos minutos en una tienda para que el chaquetón y los guantes y la bufanda sean un estorbo y acabes haciendo posturas imposibles para sujetarlos, con lo que pesan, mientras tratas de echar…

In time

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Voy a ver esta película con enorme curiosidad. Había visto el tráiler hace tiempo y enseguida se me despertó el interés. Me gustan mucho las películas de ciencia ficción, y últimamente había visto una que me gustó bastante, Destino oculto, con Matt Damon. A propósito: me gustaba mucho más el título en inglés, The adjustment bureau, algo así como El departamento de ajustes, que a mi entender define mejor la película pero quizá en español no suena tan bien. Pero, de todas las de ciencia ficción que he visto en los últimos años, incluidas Yo robot y Soy leyenda, por ejemplo, mi favorita es la inigualable Minority report. La primera colaboración entre Spielberg y Tom Cruise, y detrás de ellos la sombra de Philip K. Dick, como en The adjustment bureau. Cada vez que la veo (y ya va siendo hora de darle una vuelta más), le encuentro algún matiz, un detalle que me hace pestañear un instante.Hablo de estas películas porque In time, sin, por supuesto en mi profana opinión, estar a la altura de

Fernando Aramburu

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Estaba en el extranjero y me enteré tarde, en el avión de vuelta a Madrid, de que Fernando Aramburu había ganado el premio Tusquets de novela. Tengo que confesar que no había escuchado hablar de Fernando Aramburu, o al menos no lo recordaba, hasta el otoño de 2006, cuando publicó Los peces de la amargura. Entonces yo recomendaba libros en la radio e inauguramos el espacio de aquella temporada con la espléndida colección de cuentos que hablaba con gran lucidez del País Vasco, del terrorismo, de un tema que parecía tabú, o casi. Al menos un servidor nunca había leído nada que lo abordara de una forma tan humana, abierta y sencilla. Aquel libro, lo recuerdo perfectamente, es de los que recomiendas a los oyentes convencido de estar animándolos a probar algo que merece la pena de verdad. Al cabo, se trataba de buena literatura sobre un tema interesante. Y además emocionaba. No le pido mucho más a un libro. Este año Fernando Aramburu publicó otro libro de cuentos: El vigilante del fiordo. No …

El tiempo, tan extraño

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Una de las razones, si no la principal, por la que no he acabado nunca de hacer las maletas del todo para no volver es porque soy de esos tipos a los que les gusta estar cerca de los suyos. No soy dado a la nostalgia ni a la melancolía, y aunque a menudo me gusta recordar el pasado prefiero mirar hacia delante. Quiero decir que no me costaría un día empaquetar unos cuantos libros y largarme para siempre, muy lejos. Pero igual que soy capaz de no echar de menos los lugares donde he vivido ―bueno, un poco sí, pero sólo lo justo―, con la gente no me sucede lo mismo. Con mi gente. De éstos no soy capaz de estar lejos mucho tiempo. Hoy han celebrado mis padres su aniversario de boda, y yo he estado con ellos, por supuesto. Uno cree irresponsablemente que los años no pasan, pero son las celebraciones las que te hacen pensar y te devuelven a la realidad. El tiempo, ya digo, es algo muy raro: era ayer cuando yo tenía diecinueve años y mis padres celebraron sus bodas de plata, y de pronto sólo…

La conspiración

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Desde que he llegado de viaje no puedo estarme quieto. Ahora, mientras tecleo en el ordenador, el cielo se ha puesto gris de repente, pero desde que empezó diciembre el sol luce espléndido en el sur de España, en Sevilla encendieron el otro día las luces de Navidad en las calles, y yo, qué queréis que os diga, no puedo evitar buscar cualquier pretexto para dar un paseo, con los auriculares tapándome las orejas, siempre escuchando la radio. Un vicio que me acompaña desde casi siempre, creo. Alguien hablaba esta mañana en un programa de la Constitución y de las libertades. Quizá estamos tan acostumbrados que no nos percatamos de cuánto hemos avanzado desde 1978. Bastaría ver algunas temporadas de Cuéntame... Pero el día que celebramos hoy me trae el pretexto perfecto (como si necesitase alguno) para hablar de la última película que he visto. Hace un par de días había tres películas que me apetecía ver: Un método peligroso, In time y La conspiración. Cualquiera de las tres me hubiera ser…

Instantáneas de Budapest y Praga

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Os dejo aquí algunas imágenes de los últimos días en Budapest y Praga, por si os apetece verlas.
En el Bastión de los Pescadores, en la orilla de Buda, con unas vistas impresionantes del Danubio y Pest. En el búnker de la Ciudadela de Budapest, en un antiaéreo. La Torre de la Pólvora, en Praga. La Plaza Vieja de Praga, con mercado navideño incluido. Lateral de la Iglesia de San Cirilo y San Metodio, en Praga. Si os interesa la Segunda Guerra Mundial y vais a Praga, no dejéis de visitar este lugar donde se escondieron los miembros del comando que mataron a Reinhard Heydrich. Os aseguro que merece la pena. Si os lo estáis preguntando, los agujeros del muro son de disparos, sí. En el (nuevo) cementerio judío de Praga, buscando la tumba de Kafka. Y aquí, en fin... Dejo a vuestro criterio decidir cuál es el monumento... ¿Lo habéis adivinado?

La imaginación desbocada

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Llevaba más de una semana sin escribir y lo primero que hago esta mañana en mi despacho después de haber estado muy lejos es encender el ordenador para contar algo. Siempre digo que para qué, si no me hace falta, pero tengo que comprarme uno de esos netbooks muy pequeños que no pesan nada y ocupan en la maleta el mismo espacio que un par de libros. Cuando estoy de viaje echo de menos escribir cualquier cosa, y parece que mi libreta arrugada no es bastante. Además, con el tiempo he descubierto que me gusta mucho contar aquí lo que me va pasando para que pueda leerlo cualquiera que se asome. A lo mejor algún día no puedo escribir más en el blog, o los lectores se hartarán de mí, o seré yo quien se canse de contar mi vida. Pero al menos, por lo que a mí respecta, ese momento aún no ha llegado. Tampoco me creo a esos que afirman escribir para ellos. No conozco a ningún escritor que sea feliz sin que le publiquen sus libros, sin lectores.Uno sale de viaje y es como si la imaginación se des…