Para manejarse por este blog y no perderse

Por aquí dejaré cualquier cosa que la vida me traiga y me parezca interesante compartir. Si alguien que se asome quiere información sobre mis libros, en la columna de la izquierda puede pinchar en las etiquetas de cada título. Si quiere acceder directamente a los vídeos (entrevistas en televisión, alguna curiosidad), o a las entrevistas en la radio, solo tiene que mirar en la columna de la derecha. Bienvenidos.

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lunes 31 de octubre de 2011

Encuentro en la biblioteca

Escribo poco en el blog últimamente. A veces la vida aprieta y no te deja tiempo para mucho más. Pero uno echa de menos decir cosas en este rincón, la incertidumbre de no saber si alguien querrá leer lo que has puesto. Si le interesará quizá.

La semana pasada tuve un encuentro con los lectores en Sanlúcar la Mayor. Si la memoria no me falla, no me reunía con los lectores de mi pueblo desde hacía casi dos años, cuando estuvimos charlando sobre El violinista de Mauthausen. Y aunque le había dicho a Chary, la bibliotecaria, que con la asistencia de un lector ya podríamos tener un encuentro -a los actos literarios apenas acude gente-, me alegro de que viniera un estimable grupo de personas a la biblioteca el otro día para charlar conmigo. Por la mañana estuve un rato en la radio para una entrevista. La dejo aquí, por si alguien la quiere escuchar.

Hablamos de todo en el encuentro. Creo que fueron casi dos horas. Chary me había comentado hace poco que le gustaría que la charla fuera sobre mis cuentos. Al final decidimos que, puesto que mucha gente había leído todos mis libros, sería mejor no ceñirnos sólo a las historias cortas. Me gustan tus novelas, me decía la bibliotecaria el otro día delante de los lectores, pero casi prefiero tus cuentos. No es la primera vez que me lo dicen, y lo cierto es que no sé muy bien qué contestar. No resulta fácil publicar cuentos. Quizá tengo un perfil demasiado marcado como autor de best sellers desde que publiqué La clave Pinner. Pero no me quejo. Además de El centro de la Tierra, la colección de cuentos que publiqué en 2009, tengo mucho material guardado. Y sigo escribiendo cuentos. Claro que sí. Nunca he tenido prisa por publicar y no tiene sentido cambiar a estas alturas de la película. Con las novelas cortas -probablemente mi género favorito- sucede algo parecido. Tampoco hay prisa.

Pero me estoy desviando, y la razón ha sido porque estos últimos días me he zampado (y disfrutado mucho) un par de colecciones de relatos. Y esta mañana he recibido otra que me apetecía leer desde hace tiempo. El paquete traía un regalo extra que me ha hecho mucha ilusión. Pero de eso escribiré otro día.

Ah, y muchas gracias a Chary y a Marta, las bibliotecarias. Y a Tere, la librera, que estuvo allí con un buen surtido de todos mis libros. Y a todos los lectores que se pasaron el otro día por la biblioteca. Lo pasé muy bien.

De verdad de la buena.

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© Andrés Pérez Domínguez, octubre de 2011

lunes 24 de octubre de 2011

Este jueves, en la biblioteca de Sanlúcar la Mayor


Pues eso, como reza el título de la entrada, el próximo jueves 27 de octubre, a las siete de la tarde, estaré charlando con todos los lectores que quieran acercarse a la Biblioteca de Sanlúcar la Mayor, en Sevilla.
Al que le apetezca, ya sabe dónde encontrarme el jueves.

sábado 22 de octubre de 2011

Los buenos y los malos

La primera vez que supe de Gadaffi fue gracias a la Literatura, a los catorce años. En El quinto jinete, la novela de Dominique Lapierre y Larry Collins, un terrorista enviado por el líder libio había colocado una bomba atómica en Manhattan. Recuerdo haber disfrutado mucho de la lectura de aquella novela en la que Gadaffi, sin duda, era el malo. Dos años después, una mañana de primavera, me enteré de que los aviones del presidente Reagan habían atacado el palacio del libio en Trípoli. Y es que Gadaffi era malo, malísimo. Tanto, que dos años después se encargó de que hicieran explotar un avión con cerca de trescientos pasajeros que sobrevolaba Escocia. Luego le perdí la pista, por aburrimiento o porque me interesaron otras cosas, y con el tiempo el malo había dejado de serlo. Los políticos europeos no le hacían ascos a fotografiarse con él cuando viajaba al norte con aquella lujosa jaima de beduino rico y su cohorte de vírgenes. Ya no era tan malo, parecía. Podría decirse incluso que era bueno. Un amigo extravagante de Occidente, dijo Aznar hace poco.

Pero las fotos y las hemerotecas no son más que papel mojado, parece.

Este año Gadaffi ha vuelto a ser el malo, y como la OTAN se ha pasado meses bombardeando Libia hasta que los milicianos lo han finiquitado de un tiro en la sien después de sacarlo a rastras de una tubería, me doy cuenta de que cada vez me entero menos de lo que está pasando en el mundo. Cómo puede uno ser primero un enemigo y luego un amigo si nunca ha dejado de ser un tirano. Yo ya no sé dónde están los malos y dónde los buenos.

Con el cese de la actividad armada de ETA me pasa lo mismo. Para mí es una buena noticia, aunque no se haya producido de la manera que muchos esperaban.



Eso suele ocurrir: las cosas nunca se resuelven exactamente como uno imaginaba. Al menos que se resuelvan ya es algo. Pero leía esta semana algunos periódicos y parecía que el anuncio de ETA era una tragedia.

Ya digo. Me estaré haciendo viejo y acercándome a la sabiduría, porque cada día que pasa me doy cuenta de que no sé nada.

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© Andrés Pérez Domínguez, octubre de 2011

sábado 15 de octubre de 2011

Rumores planetarios

Es fascinante el mecanismo del rumor, que se extiende, incontrolable, gracias a Internet y las redes sociales. Ayer, al entrar en Facebook, me enteré gracias al muro de la incombustible Anika Lillo (Anika entre libros) que mi nombre se había mencionado en Twitter como un posible finalista del Premio Planeta que se falla esta noche en Barcelona. Manel Haro, de Llegir en cas d`incendi, el mismo de ese fantástico programa de radio que se hace desde Cornellá, también recogía la noticia:

Como finalista podría figurar el escritor sevillano Andrés Pérez Domínguez, ganador del Premio Ateneo de Sevilla en 2009 con El violinista de Mauthausen(Algaida), novela con notable éxito de ventas.”

Y lo mismo hacía José Luis Ibáñez en Onda Cero, en el programa de Julia Otero:

Se dan un montón de pistas y a ver si toca. Este año es un joven escritor andaluz, autor con buenas ventas, que ha ganado algún premio prestigioso, mezcla bien intriga y aventura, y es aficionado a las conspiraciones y cosas ocultas. Pongamos, Andrés Pérez Domínguez”

Mi nombre no era el único, por supuesto, pero lo confieso, me hizo mucha gracia verme en la lista sin haberme presentado siquiera al premio. Suelo enlazar las informaciones que aparecen sobre mí en Facebook y en Twitter, y al hacerlo ayer enseguida mucha gente me felicitó por el premio, en público o en privado. Es agradable que todo el mundo, al menos los que se han puesto en contacto conmigo, se haya tomado la noticia como algo lógico o natural, como si la condición de finalista o ganador del Planeta fuese un hecho consumado o inevitable, pero no quiero dejar de explicar hoy aquí que no me he presentado al premio. Es verdad que terminé una nueva novela hace poco, pero no la presenté al Premio Planeta. Tampoco estoy en Barcelona, y ya me gustaría, porque sé que por allí andan un puñado de amigos por los que siento un gran afecto. Estoy en Sevilla, y además con una tos puñetera que no se anima a abandonarme después de un catarro.

Y, por último: mi enhorabuena a los ganadores de esta noche. Os doy mi palabra de que no tengo ni la más remota idea de quiénes pueden ser.

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© Andrés Pérez Domínguez, octubre de 2011

miércoles 12 de octubre de 2011

¿Ficción?

“Estaba allí sentado y me dice: Esos malditos campamentos del gobierno. Les das agua caliente y la gente quiere agua caliente. Si les das retretes también los querrán. Dales a esos okies cosas y querrán todo. En esos campamentos hacen reuniones de rojos. Planean cómo conseguir los subsidios.

Huston preguntó:

―¿Nadie le atizó?

―No. Había un tipo pequeño que le preguntó, ¿qué es eso de los subsidios?

―Subsidios, lo que los contribuyentes pagamos y os lleváis vosotros, malditos okies.

―Nosotros pagamos impuestos en lo que compramos, en la gasolina y el tabaco, dice el pequeño. Y dijo: A los granjeros les da cuatro centavos por libra de algodón el gobierno. ¿No es eso subsidio? ¿Y no tienen subsidio las compañías de ferrocarril y transportes?

―Esos hacen cosas que hay que hacer ―dice el ayudante.

―Bueno ―dice el otro―, ¿cómo se iban a recoger las cosechas si no fuera por nosotros? ―el hombre rechoncho miró a su alrededor.

―¿Qué dijo el ayudante? ―preguntó Huston.

―Se puso furioso. Y dijo: malditos rojos, todo el día causando agitación. Mejor será que vengas conmigo. Así que se llevó al hombre y le echaron sesenta días por vagancia.

―¿Cómo hicieron eso si tenía trabajo? ―preguntó Timothy Wallace.

El hombre rechoncho se echó a reír.

―Ya lo sabes ―dijo―. Sabes que un vago es cualquiera que no le cae bien a un policía. Y por eso odian este campamento. La policía no puede entrar. Esto es los Estados Unidos, no California.”

John Steinbeck, Las uvas de la ira.

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© Andrés Pérez Domínguez, octubre de 2011

domingo 9 de octubre de 2011

Durán i Lleida, el PER y las excusas

Cuando alguien se mete en contramano y luego se disculpa, casi siempre me acuerdo del texto de Jorge Valdano, Creo vieja, que tu hijo la cagó (el que quiera saber más puede encontrarlo, si tiene suerte y aún está en las librerías, en la antología Cuentos de fútbol ―Alfaguara, 1995―). En ese relato había un entrenador al que llamaban el embrague, porque primero metía la pata y luego cambiaba de marcha. “Porque primero metés la pata y después hacés los cambios...”, escribía Valdano. O algo así.

Por alguna razón, a ciertos políticos catalanes les ha dado últimamente por apuntar a Andalucía cuando se levantan con ánimo ofensivo. Estoy convencido de que adivinan que sus palabras van a levantar algún revuelo, y saben que poco después tendrán que disculparse, aunque sea con la boca pequeña, pero ya no vale. A mí, por lo menos, no me vale. Y la estupidez, no hay más que fijarse, no entiende de colores: la pizpireta y rubia con pinta de niña pija Montserrat Nebrera militaba en el PP cuando nos hizo saber a todos que era demasiado torpe para entender a quien la atendía cuando llamaba a un hotel de Córdoba; el otro día Artur Mas soltó que a los niños andaluces y gallegos no había Dios que los entendiera y se quedó tan pancho, como el que espera que todos le rían la gracia; y ayer mismo Duran i Lleida, también de CIU, que siempre me había parecido un hombre educado, un tipo ponderado al que, estuvieras de acuerdo con él o no, te gustaba escuchar porque podría aportar algo interesante, dijo que a muchos andaluces se les paga el PER por pasarse el día en la taberna. Me parece que ya se ha disculpado o ha matizado las palabras, pero en realidad ni me importa ni me creo que lo haga de verdad. Lo mejor es no meter la pata, ya digo, así no hay que hacer los cambios, como el entrenador del cuento de Valdano. Ya no me valen sus disculpas.

Mi abuelo y mi bisabuelo eran analfabetos y jornaleros, como lo fueron también, seguramente, todos mis antepasados. Mi padre fue el primero de su familia en ir al colegio. Yo soy andaluz, y aunque nací en Sevilla he pasado casi toda mi vida en un pueblo, y cada vez que tengo ocasión lo digo con mucho orgullo, que soy andaluz, y además de pueblo. El asunto del subsidio agrario es francamente mejorable. No me cabe ninguna duda. Pero también es cierto que mucha gente lo necesita, y la mayoría no puede permitirse el lujo de asomarse siquiera por una taberna. ¿Que en Andalucía hay más paro que en otras comunidades? Sin duda, pero que nadie piense que es por nuestra culpa. O, mejor, sólo por nuestra culpa. Y ya estoy harto, de hecho, estoy hasta donde todos ustedes pueden imaginarse, de que Andalucía sea el muñeco de goma al que todos golpean o el bufón del que esperan alguna gracia, porque sí, porque es lo que toca o nos corresponde. Me explicaré mejor, por si acaso: que las televisiones se empeñen en sacar a cuatro desocupados en la puerta del palacio de la Duquesa de Alba en Sevilla no quiere decir que a todos nos guste esa imagen o estemos haciendo cola para ver el esperpento de Cayetana de Alba contoneándose al ritmo de una rumba mientras su recién estrenado marido está al quite por si resbala. Estoy harto de ver cómo algunas cadenas de televisión se aprovechan de la buena voluntad de la gente del sur, y en cuanto recorren una calle de Sevilla les piden que bailen y que canten o que cuenten un chiste para sacarlos en el telediario porque esa es la imagen que quieren vender desde Madrid. Créanme, porque sé de lo que hablo. Y, para quien no lo sepa: no hay nada más desagradable que un andaluz antipático. Estoy deseando que me pongan una cámara por delante un Jueves Santo, el lunes del alumbrao o la víspera de un Sevilla-Betis. Ya verán lo gracioso que puede ser un tipo andaluz y de pueblo cuando le pone ganas. No se lo pierdan.

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viernes 7 de octubre de 2011

El capitán Trueno

Es curioso, pero con los héroes norteamericanos no me suele pasar. Disfruté con las últimas de Spiderman, Hulk o Daredevil. Incluso no lo pasé mal con la primera de Iron man, y me divertí con las tres entregas que he visto de X men; las versiones cinematográficas de Thor y El capitán América aún las tengo pendientes, pero las veré, seguramente; el Batman de Nolan me entusiasma, y algunas de las de Superman que hizo Chistopher Reeve me siguen entusiasmando igual que cuando era un niño.

Hoy se estrena la versión cinematográfica de El capitán Trueno y me hallo en un dilema: tengo tantas ganas de verla como aprensión porque no me guste. Y no es por perder el dinero y un par de horas sentado en la butaca de un cine, sino porque igual que de los personajes de una novela, cada uno tiene su propia imagen de los héroes con los que ha convivido cuando era un crío, y la del director de la película puede no ser la mía. En realidad, no tiene por qué ser la misma. Y eso que Antonio Hernández firmó hace unos años una película que me gustó mucho, En la ciudad sin límites; Sergio Peris-Mencheta me cae simpático; y la elección de Natasha Yarovenko como la reina Sigrid me parece un acierto, mucho mejor que Elsa Pataky, cuyo nombre se había esgrimido siempre como reclamo principal para el futuro proyecto.

Así que no sé, la verdad. Quiero ver El capitán Trueno pero no me atrevo.

PD: hace ocho años entrevisté en Onda Cero al Capitán Trueno. Víctor Mora, su creador, se metió en la piel de su personaje. Si os apetece escuchar la entrevista, sólo tenéis que pinchar aquí.

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miércoles 5 de octubre de 2011

Pedro Ugarte

Cómo corre el tiempo, joder. Me he dicho eso hace un rato, al enterarme de que Pedro Ugarte ha ganado el V Premio Logroño de Novela. Algo más de once años han pasado, casi doce ya, desde que conocí a Pedro. Recuerdo que entonces el escritor de Bilbao acababa de publicar su novela Pactos secretos. Algunos años atrás había sido finalista del premio Herralde y no mucho antes de conocernos yo había leído en una antología que publicó la editorial Lengua de Trapo, Páginas amarillas, su cuento Las truchas, que está entre la docena escasa de textos cortos que me han dejado literalmente tumbado después de leerlos. Esos relatos que, cuando llegas a la última línea, no puedes evitar pensar que a lo mejor deberías dedicarte a otra cosa. Pero bueno, en cualquier oficio siempre hay alguien que lo hace condenadamente bien, y a lo mejor sigues adelante con la esperanza o la ilusión de que quizá algún día habrá quien leerá un texto tuyo y también se quedará tumbado.

A Bilbao viajé hace tantos años para recoger un accésit en el premio Gabriel Aresti por mi Vainilla y chocolate (permitidme la autopromoción, pero el que quiera leer este cuento no tiene más que buscarlo en mi libro El centro de la Tierra). Durante la entrega de premios, alguien me dijo que Pedro Ugarte había formado parte del jurado y además andaba por allí. Me acerqué a saludarlo y me felicitó por mi cuento. Luego fuimos todos a comer y Pedro me contó que había peleado para que a mi relato le dieran al menos un accésit.

Estoy seguro de que Pedro Ugarte no se acuerda de estos detalles. Normal: él ha vivido unos cuantos premios “Gabriel Aresti”, pero para mí fue la única vez. Y pocas cosas alientan más cuando uno empieza que el reconocimiento de alguien a quien admiras y esperas secretamente que algún día te considere su colega.

Decir a estas alturas que el vasco es un gran escritor resultaría una obviedad demasiado escandalosa. Bastaría con entretenerse sólo unos minutos con cualquiera de sus obras para darse cuenta. Y ahorá ya sé que tengo pendientes de leer dos libros que seguro voy a disfrutar: El mundo de los cabezas vacías, la colección de cuentos que Pedro Ugarte acaba de publicar en la editorial Páginas de Espuma, y la novela con la que ha ganado el Premio Logroño: El país del dinero, que Algaida publicará, creo, en la primavera de 2012. Y es muy hermoso comprobar ―y no es la primera vez que me pasa esto con un colega de letras― que te puedes alegrar por un premio tanto como si te lo hubieran dado a ti cuando quien lo recibe lo tiene más que merecido.

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© Andrés Pérez Domínguez, octubre de 2011