Igual que escribía aquí hace poco sobre Pedro Ugarte, hay más escritores de cuyos éxitos uno se alegra como si fueran propios. Félix J. Palma es uno de ésos. Me reía hace pocos días al abrir un paquete con dos libros que me ha mandado mi viejo amigo Félix. Uno es su colección de cuentos publicada el año pasado,
El menor espectáculo del mundo. Ha tardado un poco en enviármela, pero al leer la dedicatoria tan hermosa uno siente que ha merecido la pena. El otro libro es la edición alemana de
El mapa del tiempo. O sea,
Die Landkarte der Zeit. Este verano yo había encontrado su novela en una librería de Munich. Me hice una foto con ella y se la mandé.

Ahora Félix me manda su libro en alemán, y me acuerdo de cuántas veces hablamos, hace casi tres años ya, cuando
El mapa del tiempo se acababa de publicar en España, y yo le decía que, a poco que le sonriese la suerte, le iban a llover las traducciones. Le vaticiné algunas cosas que se han cumplido. No me extraña que su imaginación oceánica y su prosa de orfebre lo hayan llevado tan lejos. Ya he perdido la cuenta de los países y las traducciones. Y como en febrero se publica la segunda parte de su trilogía (
El mapa del cielo), como decía
Buzz Lightyear en
Toy story, hasta el infinito y más allá...
Desde que era un niño me obligo a leer un rato cada día. Miento: obligar no es la palabra, sino la forma de decir que me esfuerzo en buscar un rato al día para leer. La desventaja de ser escritor es que apenas te queda tiempo para leer por placer, pero yo sigo esforzándome para encontrar un hueco cada día en el que leer algo que no tenga que ver con lo que esté trabajando.
Leo de todo lo que me apetece, saltando de un género y de un escritor a otro. Durante las últimas semanas me he dado un festín sabroso de cuentos: primero, la magnífica colección del vasco Pedro Ugarte, El mundo de los Cabezas Vacías. Sus cuentos me han llevado a revisitar los de Ignacio Aldecoa. Y en cuanto termine la novela que ahora me quita el sueño por las noches empezaré con los cuentos de Félix. La verdad, no es mala compañía.
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