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sábado 7 de enero de 2012

El topo


Es una tarde rara la de ayer porque las calles de Sevilla están abarrotadas de gente que parece querer aprovechar el último día de las fiestas, pero en la mayoría de los escaparates los adornos navideños han sido sustituidos apresuradamente por cartelones con el precio de hace apenas veinticuatro horas tachado con un aspa enorme y números más grandes todavía que anuncian las rebajas. No me cabe duda de que el centro esta mañana estará igual de repleto de gente que hace cola en las tiendas y hoy los telediarios abrirán con la misma imagen tópica de cada año el día del pistoletazo de salida de los saldos. Sin embargo, la tarde de ayer se me antoja la mejor para ir a ver El topo, y después de salir del cine pienso que no se me habría podido ocurrir un plan mejor. Ni el más rico roscón de Reyes ―si me gustara, porque no me entusiasma― me habría deparado un rato más feliz. Hoy es sábado, vuelvo a trabajar desde muy temprano, pero no puedo dejar de pensar en lo que vi ayer. El topo es una película con una trama complicada en la que no resulta difícil perderse, pero no es sólo eso por lo que uno termina de verla y con gusto pagaría otra vez la entrada. Bastan las interpretaciones, la atmósfera o los minutos finales para gastar seis euros y otras dos horas de vida en el cine.

No niego que lo paso bien con James Bond y con algunas de las misiones imposibles de Tom Cruise, pero me pierden los espías de carne y hueso que trabajan en oficinas sórdidas, las historias sin estridencias, sin efectismos, que dignifican eso que los estirados llaman “género” desdeñosamente cuando hablan de las novelas de espías. Los libros de Le Carré me han procurado muchos momentos de felicidad desde muy jovencito, y ayer, en el cine, era como si volviera a leerlos. Fantástico Gary Oldman como el inteligente, miope y cornudo Smiley. Fantásticos todos los demás, desde el primero hasta el último. Creo que tenía doce o trece años cuando leí El espía que surgió del frío. Tal vez porque fue la primera que me zampé de John le Carré, de sus novelas siempre ha sido mi favorita. En ella había una frase que jamás pude olvidar y la puse como cita en La clave Pinner casi veinte años después:

“¿Qué te imaginas que son los espías: sacerdotes, santos y mártires? Son una lamentable procesión de memos, vanidosos y traidores, además; sí, maricas, sádicos, borrachos, gente que juega a pieles rojas y cow boys para iluminar sus putrefactas vidas”

Estos son los espías de El topo. No os la perdáis.

www.twitter.com/aperezdominguez

http://www.facebook.com/perezdominguezandres

© Andrés Pérez Domínguez, enero de 2012

5 comentarios:

Jesús Lens dijo...

¡Diga usted que sí! Totalmente de acuerdo. Solo ver cómo y lo que beben los espías ya te pone los pelos de punta. Esa turbiedad, esa oscuridad, ese beber frío y desapasionado, como si el whisky o el vodka fueran un escarpelo con el que seccionar la mala conciencia...

No dejes de ver "The artist", por cierto.

Carlos Erice Azanza dijo...

Calderero, sastre... Eso sí, se echa en falta a Michael Caine...

Andrés Pérez Domínguez dijo...

Tengo ganas de ver The artist, Jesús. Pero no sé si iré al cine o esperaré a que la pongan en Canal +. También me apetece mucho la nueva de Sherlock Holmes.

Carlos, sí, es es verdad. Michael Caine también hubiera estado bien, pero todos los que están lo bordan.

Abrazos,

Rosa mary dijo...

Hola buena pelicula porsupuesto ya la he visto y Sherlock Holmes tambíen y ayer La Dama de Hierro y para hoy Un lugar para soñar con Matt Damon y Scarlett johansson.Como ves soy más cinéfila que tú .SALUDOS

Andrés Pérez Domínguez dijo...

Pues sí, Rosa Mary. Te me has adelantado...
Un abrazo,