Empezando el año


Ya sé que va a parecer una contradicción: me gusta la Navidad pero me aburre la Nochevieja. Los que me conocen lo saben. Y no es por ser aguafiestas, pero tampoco me gustan las uvas, el champán no me entusiasma y anoche viendo a Anne Igartiburu me di cuenta de que los que se hacen un lío (yo el primero) con el asunto de los cuartos y las campanadas ahora lo tienen más fácil porque en la tele van desapareciendo unos circulitos a la par que hay que tragarse las uvas.
Pese a mi aburrimiento acostumbrado de cada treinta y uno de diciembre me acosté tarde viendo la tele, navegando un rato en Internet, leyendo. Ya no me acuerdo. Esta mañana, sin embargo, trabajo desde las nueve: tengo que ajustar algunos detalles de mi nueva novela, oscurecer ciertos rasgos del protagonista y comprobar una vez más los tiempos de varias caminatas por las calles de Madrid. Sé que suena algo obsesivo, pero es lo que hay. Este trabajo es así, y la única manera que yo conozco de sacarlo adelante es no parar de darle vueltas al texto hasta que el libro empieza a imprimirse. Aún quedan diez meses para eso. Tiempo más que suficiente para releer, corregir, quitar o poner. Para desvelarme más de una noche porque hay algo que no me acaba de encajar. En fin, que voy a estar muy entretenido.

Pero en el sur luce estos días un sol espléndido y a media mañana ya estoy pedaleando. Es fiesta, después de todo. Me encuentro a otros ciclistas, gente andando por el campo (haciendo senderismo, como ahora se llama no sin cierta cursilería), padres que pasean con sus hijos por las calles de los pueblos que atravieso. Vuelvo a la hora de comer, otra vez con la familia. Los momentos con la familia nunca son suficientes. Y en cuanto termino estoy andando otra vez por un camino con el mismo entusiasmo de un hobbit, disfrutando de la luz del atardecer, con la única compañía de unas cabras que pastan felices al otro lado de una valla.

Quizá para muchos no sea el mejor plan del mundo en Año Nuevo, pero a mí vale con estos buenos ratos. Ahora, mientras escribo, Maribel ve en un deuvedé Qué bello es vivir en versión original. Tampoco es la película más vanguardista para una noche navideña, pero es que, no nos engañemos: casi todo lo bueno ya está inventado. Y resulta agradable escuchar al bueno de George Bailey en inglés mientras escribo.

Que el 2012 sea muy bueno para todos los que os pasáis por aquí.

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© Andrés Pérez Domínguez, enero de 2012

Comentarios

  1. Pues no creas que yo hice nada diferente ayer no sali y hoy al cine ( vi Drive)que esta bien Felz año Andrés

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  2. Pues a mí me parece un plan perfecto. Nunca como uvas, no me gustan, ni tomo chapán por los gases. Soy un aburrido, supongo. Lo que más me gusta de fin de año es levantarme pronto el día 1 y comprobar que, pese al jolgorio, todo sigue ahí, donde siempre. Feliz año, hermano.

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