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Mostrando entradas de febrero, 2012

¿Por qué escribo? (Félix Romeo)

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Hago una pausa en esta mañana de fiesta en Andalucía que estoy trabajando y al pinchar en el enlace del blog de Antón Castro que está en la columna de la izquierda encuentro este texto de Félix Romeo. Félix Romeo murió prematuramente hace pocos meses. Nunca lo conocí, pero todo el mundo me habló siempre muy bien de él. Tampoco leí nunca nada suyo, pero basta esta confesión del aragonés para darse cuenta de su talento. No me identifico con todo lo que apunta, pero sí con la mayoría de las afirmaciones. Os animo a que le echéis un vistazo. Como poco, sirve para entender algo mejor a los escritores. Y eso no siempre resulta sencillo...
"¿POR QUÉ ESCRIBO?

Félix RomeoEscribo porque soy diferente.Escribo para ser diferente.Empecé a escribir porque era diferente. Empecé a escribir porque quería ser diferente. Nadie quería ser escritor cuando yo decidí ser escritor. Recuerdo a un niño que quería ser dentista y a otro que quería ser mecánico. Tenía doce años. No conocía a ningún escrito…

La Virgen de la Cueva

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En Sevilla a mediodía y al sol uno puede tener la sensación falsa de que el verano está a la vuelta de la esquina, pero basta que oscurezca para que el termómetro baje de golpe doce o quince grados. Si sólo fuera eso uno podría ir preparado, pero yo creo que es peor caminar bajo la luz del sol por una calle y en la siguiente encontrarte a la sombra, como si hubiera llegado la noche de repente, las fachadas umbrías y la humedad que se cuela bajo la ropa para llegar hasta los huesos. Y eso que a mí, como saben los habituales de esta bitácora, me gusta el frío. Pero para estos cambios insolentes de temperatura casi prefiero que llegue el verano. Dice la sabiduría popular que porque no llueve hay tantos catarros este invierno. No sé si será verdad o no, pero yo no paro de salir de uno y entrar en otro. Esta mañana me levanto después de haber maldormido por culpa de una tos puñetera que no quiere marcharse, y al descorrer la cortina y comprobar el cielo azul sin rastro de nubes que parece …

Corregir en voz alta

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Contaba el otro día en las redes sociales que, antes de mandar mi nueva novela para que le echen un vistazo los correctores de Plaza & Janés, la estoy corrigiendo por última vez leyéndola en voz alta. Suelo leer mis libros en voz alta cuando los reviso antes de publicarse, y lo raro es que a tanta gente le haya sorprendido. Escucharte a ti mismo en voz alta es una manera estupenda, creo, de encontrar fallos que después de haber leído lo que has escrito tantas veces ―aparte de haber escrito la novela uno la lee machaconamente antes de publicarse― se te pueden pasar por alto. Después de no haber dormido muy bien, esta mañana soleada de sábado también he estado trabajando. Menos mal que es invierno y tengo las ventanas cerradas. Si no, cualquiera que pase por la calle puede tomarme por un loco que habla solo. Entre ayer y hoy me he ventilado unas cien páginas. Aún me quedan casi otras quinientas. Un par de semanas más, al menos, porque hay que ir despacio, y pararse de cuando en cuan…

Novela con sabor a cine

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Eso es lo que dice de El violinista de Mauthausen Adolfo Caparrós Gómez de Mercado en la web analisisdigital.org. Me mandaron esta mañana la reseña y aquí la tenéis. Más de dos años después de que apareciera la primera edición, la novela no ha dejado de tener lectores. Y ahora, que acaba de salir en bolsillo (a un precio insuperable -8 euros- y magníficamente editada. No me canso de repetirlo) parece que su vida se alarga. Yo me alegro mucho. Claro que sí. Respecto al cine, pues ya veremos. Hubo dos amagos de convertir El violinista de Mauthausen en película, pero ninguno cuajó. No pasa nada: soy un hombre paciente. Y si no, pues lo mismo: tampoco pasa nada.

NOVELA CON SABOR A CINE
Los horrores de La Segunda Guerra Mundial protagonizan El violinista de Mauthausen, de Andrés Pérez Domínguez –Editorial Algaida- Dichos horrores protagonizan esta novela de tal manera que será difícil encontrar una obra tan cruda y sangrante. Parece mentira que en este contexto pueda haber una historia de am…

El mapa del cielo

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Ya he hablado aquí en alguna otra ocasión de Félix J. Palma, pero cada vez siento más pudor cuando escribo su nombre en mi bitácora porque, a medida que a uno lo acaricia la brisa agradable y esquiva del éxito (me refiero a Félix, por si alguien piensa lo contrario), los amigos parecen brotar de todas partes, como si llevasen años escondidos en unas vainas esperando que llegase la invasión marciana. Pero bueno, Félix J. Palma y yo nos conocemos desde hace muchos años, cuando los dos teníamos rizos y cada mes cotejábamos generosamente nuestras bases de datos de premios literarios para completar los que nos faltaban.
La metáfora de la invasión marciana del párrafo anterior no es gratuita. Recién acabada de leer El mapa del cielo esta mañana luminosa de sábado, no se me ocurre otra mejor. O no procede siquiera. Ando estos días terminando de pulir mi próxima novela que se publicará en octubre, y en estas circunstancias, lo peor que se le puede pedir a un escritor es que se anime a leer otr…

Autobombo

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Dejadme que os confiese una cosa: mi contacto con las redes sociales y la blogosfera suele ser bastante ombliguista. Sería demasiado tonto por mi parte ponerme a desglosar las indudables ventajas de Internet, pero lo cierto es que no acostumbro a navegar, y normalmente tengo abiertos Facebook y Twitter con mi propio perfil, para ver solamente los comentarios que se dirigen a mí directamente. Es verdad que de vez en cuando miro el muro de algún amigo o un colega, que no siempre son la misma cosa. Eso es todo. Sin embargo, observo que en el muro de Facebook de Anika Lillo (la archifamosa Anika entre libros) se sugieren debates interesantes, en los que, aunque sea de tarde en tarde, me animo a participar.
El otro día Anika lanzaba al aire una pregunta muy interesante. Más o menos era ésta: ¿qué opináis del autobombo de los escritores? Me di cuenta de que bastantes lectores se quejaban, y he de decir que no sin razón, del burdo bombardeo indiscriminado con el que muchas veces los escritore…

Una gran historia de amor

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Veintisiete meses después de su primera edición, y supongo que también ahora gracias a que acaba de salir en bolsillo, siguen apareciendo reseñas de El violinista de Mauthausen. Ya sé que el autobombo no está bien visto (es un asunto interesante sobre el que quizá reflexione en una próxima entrada), pero dónde contar estas cosas sino en mi blog. Esta reseña ha aparecido la web novelahistorica.com (como ya no se me ocurren más fotos que poner aparte de la cubierta del libro, mientras me pienso sin poner algunas de Charlize Theron o Natalie Portman os tendréis que conformar viéndome posar mientras me estrujo la cabeza o dedico una novela... -:) )
"¡Compra este libro! El violinista de Mauthausen de Andrés Pérez Domínguez es una novela que pretende ser un homenaje a todos los españoles que perdieron la vida en los campos de exterminio nazi. El violinista de Mauthausen no es una novela ágil, rápida en su discurrir, que abrume al lector con una sucesión trepidante de escenas. Es una novela…

Modas

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No pasa nada. O, mejor dicho, no debería pasar nada. Tampoco me gustan Lady Gaga ni las historias de zombis, y por más que llevo toda la vida escuchando que la he probado poco, cada vez que me acerco a los labios un vaso de tónica se me arruga la nariz como si entrase en una habitación sin ventilar. Con el libro electrónico también lo he intentado, pero no puedo. Y acabé preguntándome por qué tenía que intentarlo. Si acaso estaba obligado y no me daba cuenta. Como cualquiera, no acostumbro a comer ni a beber lo que no me gusta; por muchas ventajas que muchos les encuentran jamás le he visto la gracia a las películas de Tarantino ni a las de Almodóvar (salvo tres o cuatro); los ipads me parecen un juguete la mar de chulo y, aunque he visto así a más de uno, no me veo andando por la calle sujetando la pantalla como una pizarra mientras veo una película. Ya sé que no voy a ser original, y además estoy seguro de repetirme porque ya lo he dicho en el blog, en Facebook, en Twitter o donde s…

La democratización de la pobreza (II)

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Después de colgar la entrada del otro día no pensé que la siguiente tendría que tratar de lo mismo o ser una trágica segunda parte de aquélla. Pero salí de casa el lunes por la tarde y necesitaba sacar dinero de un cajero (sí, los escritores tenemos las mismas necesidades que cualquiera...). Aún no era de noche, pero como estos días está haciendo frío a esa hora ya había un mendigo detrás del cristal. Por puro instinto del que a lo mejor no debería estar orgulloso, pero también porque me daba vergüenza sacar dinero delante de alguien que vive en la calle, no entré, y en lugar de cruzar la puerta me dirigí al cuadrado que estaba empotrado en la pared de la calle, pero no funcionaba. Aún dudaba si entrar en el cajero del vestíbulo cuando un hombre muy bien vestido salió del banco.
-Nos vamos, Paco -le dijo al tipo acostado en la puerta-. Hasta mañana.
-¿Funciona el cajero de dentro?- pregunté.
Respondió que sí, inclinando la cabeza, disculpándose a medias por el invitado inoportuno.
Cubiert…

La democratización de la pobreza

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Leo hoy en el periódico que la idea que tenemos de los pobres está cambiando. Quizá ya no sean sólo los desharrapados que procuramos no ver cuando vamos por la calle, tirados en un portal o envueltos malamente en cartones dentro del cubículo helado de un cajero automático. La pobreza ahora es menos llamativa porque se está democratizando y amenaza por igual al que no tiene trabajo que a quien gana una miseria insuficiente para pagar la hipoteca y el supermercado. Por eso da tanta pena cuando alguien llama al timbre para pedirte un poco de comida. No tiene la pinta que uno espera, pero mientras más tiempo pasas dudando si te dice la verdad hasta que decides meter en una bolsa unas latas, pan y algo de leche, más ruin acabas sintiéndote.
Te preguntas si tú también tendrías lo que hay que tener para ir pidiendo casa por casa si llegara el caso. Te preguntas si, tal y como están las cosas algún día, podría llegar el caso de tener que torear en esa plaza. Porque en la vida nunca hay que da…