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Mostrando entradas de marzo, 2012

El placer de los defectos

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Siguen apareciendo estos días reseñas (y que sigan apareciendo...) de mis libros que ahora acaban de publicarse en bolsillo. Recupero esta en la que, paradójicamente, el lector (o lectora, no lo sé) asegura incluso disfrutar de los defectos que aprecia en mis libros. Interesante reflexión que entiendo como un valor añadido de la novela. Aprovecho desde aquí para dar las gracias a quien corresponda por sus palabras amables sobre El síndrome de Mowgli. Al final de la reseña podréis encontrar un enlace al blog donde se publicó.
EL SÍNDROME DE MOWGLI
“Las utopías, o las quimeras, o como quieran que se llamen, son un engaño: nos las inventamos, las imaginamos, y cuando llega el momento de vivirlas las cosas ya no son como queríamos, o a lo mejor somos nosotros los que hemos cambiado” Andrés Pérez Domínguezes un autor al que pienso seguirle la pista. Hace poco que terminéEl violinista de Mauthauseny vuelvo a elegir un libro suyo. La forma que tiene de escribir y contar sus historias me encan…

Mad men: vuelve el hombre... y las mujeres también

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Tengo Canal + y no habré de esperar mucho, supongo, para ver la quinta temporada de Mad men que se estrenó el domingo pasado en Estados Unidos. Ya hablé de esta serie en el blog hace casi un par de años. Fue todo un descubrimiento. De lo mejor y más inteligente que recuerdo haber visto en la tele. La guinda del pastel, esto es, el mejor episodio de una serie formidable, para mí es el séptimo capítulo de la cuarta temporada, si la memoria no me falla. The suitcase se titula. Corred a verlo si aún no lo habéis hecho. Una obra maestra dentro de una obra maestra. Leo en el periódico una entrevista con Jon Hamm, el actor que encarna a Don Draper, y dice que no entiende cómo su personaje encandila a tanta gente. Aparte del misterio y de la seguridad en sí mismo con que afronta su trabajo y la vida (si es que para él existe alguna diferencia), yo creo que, por supuesto salvando las distancias, con Don Draper sucede lo mismo que hace años decían algunos críticos para explicar el éxito arrolla…

Carta de una joven lectora

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Resulta imprevisible la reacción que lo que has escrito en la soledad de tu despacho puede provocar en los lectores. Hace unas cuantas semanas un lector, Rafa Rodrigo, me mandó esta foto de una joven lectora con El violinista de Mauthausen. Ahora me escribe para contarme que después de leer la novela esta muchachita ha escrito una carta que presentó a un concurso. Puesto que Rafa Rodrigo me envió la foto públicamente y pegó la carta en mi muro de Facebook, creo que puedo ponerla aquí también, para compartirla con todo el que quiera. 
Apreciado Andrés, hace un tiempo como ya te dije una jovencita... me escuchó hablar de la trama de tu novela, como bien sabes le regalé tu libro y ella redacto una carta inspirado el la impresión e impacto que le causó tu novela. La presento a un concurso, en legua valenciana, quedo en segundo lugar, me he tomado la molestia de traducirla y mandartela, porque ella le da un poco de reparo, aunque sé que esta entusiasmada en saber tu opinión, siempre que ten…

Genero y calidad (o la calidad del género...)

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Poco que contar últimamente sobre mí o sobre mi vida. O pocas ganas. Son días raros. Lo mejor es que no dejan de salir nuevas reseñas de libros míos publicados hace tiempo. No es lo más habitual, quizá por eso a uno lo ponen contento. Este que pego aquí debajo es el comentario de una lectora en su blog sobre El factor Einstein. Permitidme que os recuerde que esta novela la publicará en octubre de este año en bolsillo la editorial Plaza & Janés (Debolsillo)Muchas gracias por tus palabras, Olga.El factor Einstein"Dilemas morales, científicos comprometidos y una espía carismática en una novela de género con gran calidad literaria.  Hace escasamente un par de meses leí en el blog del escritor Andrés Pérez Domínguez que regalaba algunos ejemplares dedicados de su novela El factor Einstein para aquellos que estuviesen interesados en leerla. Me pareció un gesto muy bonito con los lectores y una buena oportunidad para asomarme a esta magnífica historia.
En una Alemania borracha de p…

Escritor de cabecera

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De cuando en cuando mantengo un debate interesante sobre El síndrome de Mowgli con los lectores o con los amigos, que muchas veces son la misma cosa. De todas mis novelas, es la que, hasta ahora, menos lectores ha tenido, y quienes la disfrutan no dejan de preguntarse y preguntarme por qué. Reconozco sin vergüenza que es la que menos se ha vendido, incluso con un punto de extraño orgullo. Me explico: como es lógico, no me hace feliz que una novela mía no funcione como las otras pero, uno igual que cuenta que otros libros suyos llevan nosecuantas ediciones debe asumir también que, por alguna razón, otros no han conseguido interesar tanto. No sé si la cubierta no es la adecuada, o tal vez los lectores están habituados a leer mis tramas de espías y no se animan a zambullirse en otro registro, pero es lo que hay. No me quejo: uno vive de lo que escribe, y a no ser que se pase media vida dando conferencias o buscando subvenciones (no es mi caso: voy a dar charlas de vez en cuando, pero no …

40 años de El Padrino

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Hoy hace cuarenta años que se estrenó El Padrino en Nueva York. Resulta complicado a estas alturas hablar de la familia Corleone y no repetir nada dicho antes por alguien, probablemente mucho mejor, incluso repetir algo que ya hayas dicho tú mismo. Los que entienden de cine dicen que la segunda parte es la mejor de las tres. Es posible, pero a mí la que más gusta es la primera. Procuro escaquearme cuando alguien me pide que escriba una lista de los libros o las películas que más me han gustado pero, si me tuviera que quedar con una sola de todas las películas que he visto en mi vida, escogería El Padrino, sin dudarlo un instante, y en la respuesta, además de las cinéfilos, también habría algunos condicionantes sentimentales. A los once años, en un arrebato de precocidad lectora, me zampé la novela de Mario Puzo, a lo mejor porque mi madre me había hablado muchas veces de la escena de una película en la que un productor de cine se despierta espantado porque le han metido debajo de las …

Pequeñas mentiras sin importancia

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Uno de los inventos que me facilita bastante la vida es un dvd grabador (ya voy por el segundo), que compré hace unos años gracias a la recomendación de mi amigo Patricio, que suele estar mucho más al tanto que yo en lo que a tecnología se refiere. Lo tengo programado para que grabe todos los días unas cuantas horas y de vez en cuando lo reviso, edito y guardo o borro lo que me voy encontrando. Esta tarde rescaté una película francesa que se grabó esta semana, creo: Pequeñas mentiras sin importancia. En parte se salvó de ser borrada porque vi que uno de los intérpretes era François Cluzet, y la última película que vi protagonizada por este actor, No se lo digas a nadie, me gustó mucho. Prefiero no leer las críticas de las películas hasta después de haberlas visto. Manías que tiene uno. Después de verla me entero de que hay de todo: gente a la que le encanta por su frescura y gente que abomina de ella por tontorrona y superficial.

Pues vale. Puede que no sea la mejor película del mundo,…

Un tesoro en mi cabeza

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Termino por fin de corregir mi nueva novela, y después de un par de semanas con la voz cascada de leer cada día en voz alta es inevitable una sensación de vacío. La última página, que parecía que nunca llegaría, al final, como siempre, termina presentándose. Quedan un par de pequeños ajustes antes de mandarla dentro de unos días a mis editores y, aunque luego habré de corregir las galeradas, ahora mismo lo único que quiero es distanciarme de la novela a pesar de la previsible soledad que sentiré al separarme de ella. Se parece un poco al amor: igual que querer a alguien pero al mismo tiempo necesitar estar lejos. Un conflicto sin solución, parece.
Hace pocos años entrevisté a Antonio Muñoz Molina en la radio cuando acababa de publicar El viento de la Luna. Aquella novela que transcurría en la Úbeda de su adolescencia la había escrito en la lejana y cosmopolita Nueva York. Yo iba paseando cada día por Manhattan con la novela en mi cabeza como quien guarda un tesoro, me dijo. Nunca he e…

Una pregunta sobre el blog

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Como habéis visto los que os asomáis por aquí de vez en cuando, el diseño de esta bitácora ha cambiado. Como sobre gustos no hay nada escrito, no voy a preguntaros qué os parece, aunque estaré encantado de escucharlo si queréis decírmelo. Pero escribo esta entrada porque tengo una duda. Algunos lectores me han dicho que no pueden pinchar en las entradas o no pueden verlas, o que les resulta más difícil escribir un comentario. He pensado volver al diseño anterior, pero la verdad es que éste me gusta más. Basta pasar el ratón por la parte de la derecha para que aparezcan los seguidores, las entrevistas en la tele y en la radio, las etiquetas con las entradas correspondientes a cada libro. Llevando el ratón a la parte inferior de la pantalla van apareciendo las entradas anteriores. En fin, yo creo que es bastante cómodo. Bueno, no quiero entreteneros más. Sólo me gustaría saber si los que se pasan por aquí pueden moverse sin problemas. La principal razón de este blog son sus lectores, as…

El cementerio de Praga

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El miércoles tuvimos un debate divertido en Facebook sobre esta foto. La había puesto como portada del nuevo diseño de mi página, y algunos amigos preguntaron dónde era. La pongo aquí porque me gusta mucho esta imagen tomada el último día de noviembre de 2011 en el nuevo cementerio judío de Praga, muy cerquita de las tumbas de la familia Kafka. 
Estos días reescribía un capítulo de mi nueva novela en el que dos personajes mantienen una conversación en el parisino cementerio de Montparnasse. Algunos no pueden evitar cierto repelús al cruzar la puerta de un cementerio, pero para mí es una visita obligada, o casi, cuando visito una ciudad extranjera.











Recuerda que ya tienesEl violinista de Mauthausen 
yEl síndrome de Mowgli 
EN BOLSILLO SÓLO POR 8 EUROS    (ALGAIDA ECO)
www.twitter.com/aperezdominguez
http://www.facebook.com/perezdominguezandres © Andrés Pérez Domínguez, marzo de 2012

Gordon Gekko

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Han pasado veinticuatro años, creo, desde que vi Wall street en el cine, y recuerdo haber grabado en vídeo entonces un reportaje sobre la película en el que Michael Douglas hablaba sobre la ambición. Aquel discurso era una anécdota dentro de una buena película por la que el hijo de Kirk Douglas ganó el Oscar, pero con el tiempo se ha convertido en un referente necesario cuando de tiburones financieros sin escrúpulos se trata.
Greed is good, decía Michael Douglas con esa voz nasal pero extrañamente sugestiva (o no extrañamente, porque es uno de los grandes), y a mí, que me gustaban tanto los idiomas (y me siguen gustando), me empeñé en entenderlo sin subtítulos. Como me fascinan los malos estilosos de las películas y las novelas también vi la segunda parte no hace mucho, en la que Gordon Gekko salía de la cárcel. Ya no estaba ahí Charlie Sheen, aunque hace un cameo, ni su padre en la vida real y en la ficción. Tampoco había rastro de Terence Stamp, y todo me pareció tan aséptico,…