40 años de El Padrino



Hoy hace cuarenta años que se estrenó El Padrino en Nueva York. Resulta complicado a estas alturas hablar de la familia Corleone y no repetir nada dicho antes por alguien, probablemente mucho mejor, incluso repetir algo que ya hayas dicho tú mismo. Los que entienden de cine dicen que la segunda parte es la mejor de las tres. Es posible, pero a mí la que más gusta es la primera. Procuro escaquearme cuando alguien me pide que escriba una lista de los libros o las películas que más me han gustado pero, si me tuviera que quedar con una sola de todas las películas que he visto en mi vida, escogería El Padrino, sin dudarlo un instante, y en la respuesta, además de las cinéfilos, también habría algunos condicionantes sentimentales. A los once años, en un arrebato de precocidad lectora, me zampé la novela de Mario Puzo, a lo mejor porque mi madre me había hablado muchas veces de la escena de una película en la que un productor de cine se despierta espantado porque le han metido debajo de las sábanas la cabeza de un caballo. En la estantería de mi casa estaba la edición de El Padrino de El círculo de lectores -revólver negro y enorme sobre fondo azul en la cubierta- y empecé a leerla. Ya no pude parar hasta el final. Unos años después presté este libro a un amigo que estoy convencido que jamás lo leyó. Tampoco me lo devolvió, y desde entonces fui dejando de prestar libros poco a poco, poniendo excusas absurdas, hasta que una vez ya dejé de prestar libros, sin inventarme pretextos tontos que nadie tiene por qué entender. No presto libros. Simplemente. Es lo que hay. Hace poco encontré esa misma edición en un puesto de libros de la Cuesta de Moyano, en Madrid. Me costó tres o cuatro euros. Hubiera pagado por ella diez veces más. Ahora mismo la tengo aquí al lado, mientras tecleo.
En septiembre de 1983, lo recuerdo perfectamente, con catorce años recién cumplidos, mi madre nos dijo a mi hermana y a mí que en el ya desaparecido cine Pathé de Sevilla estaban reponiendo El Padrino. Ya sé que esto resultará raro para muchos lectores jóvenes, pero antes algunas películas clásicas se reponían, y era un placer verlas en el cine. Mi hermana y yo cogimos un autobús y fuimos una tarde de aquel final de verano para ver El Padrino. Pero ya digo, contar algo sobre esta película no sería más que repetirse. Y yo sólo quería explicaros lo que significa para mí. Quienes me conocen lo saben. La he visto un montón de veces. La he visto solo, acompañado, en castellano y en versión original, con y sin subtítulos. Me fascina. ¿Mi escena favorita? Cuando Vito Corleone, ya jubilado, habla en el jardín con su hijo Michael y se lamenta porque en lugar de haber vivido su propia vida haya tenido que hacerse cargo de la familia. Soy incapaz de ver ese momento sin emocionarme.

© Andrés Pérez Domínguez, marzo de 2012

Comentarios

  1. Hola que hay .Parece mentira pero nunca la he visto y me gustaría ,yo tampoco dejo un libro a nadie solo una vez lo deje a una amiga y después de casi un año se lo pedí (ni siquiera lo había leído )claro me lo dio .Desde entonces no los comparto .prefiero comprarlo antes de que me lo dejen y así lo leo cuando me apetezca .Buenas noches

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  2. La he visto tropecientas veces. Y las que me quedan. Es genial, sencillamente. También los son las segunda y la tercera parte. Un abrazo.

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  3. Ayer lo vi en TV, como pasa el tiempo,parece que fue ayer,pero si miramos atrás y vemos todas las cosas que han pasado en estos 40 años, es impresionante. Me ha gustado mucho tu entrada,yo vi la película y tengo el libro.

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  4. Espero que no me dejaras el libro a mi? con la cabeza que tengo..., pero creo que no pues no me suena esa portada, yo tengo una edición con portada oscura mucho más moderna. Menos mal, no querría vivir sabiendo que soy el causante de semejante trauma literario, jaja. Un abrazo

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  5. Gracias por vuestros comentarios. Abrazos para todos,

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