Un tesoro en mi cabeza


Termino por fin de corregir mi nueva novela, y después de un par de semanas con la voz cascada de leer cada día en voz alta es inevitable una sensación de vacío. La última página, que parecía que nunca llegaría, al final, como siempre, termina presentándose. Quedan un par de pequeños ajustes antes de mandarla dentro de unos días a mis editores y, aunque luego habré de corregir las galeradas, ahora mismo lo único que quiero es distanciarme de la novela a pesar de la previsible soledad que sentiré al separarme de ella. Se parece un poco al amor: igual que querer a alguien pero al mismo tiempo necesitar estar lejos. Un conflicto sin solución, parece.

Hace pocos años entrevisté a Antonio Muñoz Molina en la radio cuando acababa de publicar El viento de la Luna. Aquella novela que transcurría en la Úbeda de su adolescencia la había escrito en la lejana y cosmopolita Nueva York. Yo iba paseando cada día por Manhattan con la novela en mi cabeza como quien guarda un tesoro, me dijo. Nunca he escuchado una definición mejor de lo que para un escritor significa llevar a todas partes una novela mientras sólo le pertenece a él. Yo también he llevado en la cabeza durante dieciocho meses un tesoro que pronto dejará de ser mío. Porque la novela que he terminado cada vez me pertenecerá menos a mí pero más a los demás. Y está bien que sea así. Primero a los editores, luego a los correctores; a los de marketing, que ya están con ella; a los del departamento de diseño, que ya tienen preparado algo para la cubierta, según me cuentan. Después del verano, puede que al principio del otoño ya, pasará a los libreros, y luego a los lectores. Y cuando llegue ese día, durante un momento extraño el autor sólo podrá disimular la inquietud y la incertidumbre por no saber si la novela en la que ha estado trabajando durante año y medio en la soledad de su despacho será capaz de emocionar a alguien o lo dejará indiferente. Pero lo que ocurra a partir de entonces ya no dependerá de mí. Y, además, ésa es otra historia.


Recuerda que ya tienes El violinista de Mauthausen 

y El síndrome de Mowgli 

EN BOLSILLO SÓLO POR 8 EUROS    (ALGAIDA ECO)





© Andrés Pérez Domínguez, marzo de 2012

Comentarios

  1. Hola Andrés, gracias por tu explicación y por fin puedo entrar en comentarios, tu blog me encanta y para mi era un disgusto no poder entrar.
    Me quedo esperando tu nueva novela, que seguro que será un éxito como las demás,vaya por adelantado mi enhorabuena.

    Un abrazo.

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  2. Caray que de vueltas da una novela desde que está terminada hasta que llega al lector. y no puedes adelantar el titulo?.Un saludo

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  3. Pakiba, me alegro de que puedas comentar y curiosear por aquí.
    Rosa Mary, sí, tiene mucho trabajo una novela antes de llegar al lector. Prefiero no decir el título todavía. Pero puedo adelantaros que es un título muy romántico. Hoy mismo me han pasado las primeras pruebas de la cubierta. Todo pinta muy bien.

    Abrazos,

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  4. Es una explicación preciosa, esa comparación de la historia que merodea dando vueltas sin parar por la cabeza del escritor, convirtiéndola y dando forma en lo que después leeremos, lo que después nos hará a los lectores soñar, y continuará después en nosotros. Qué tesoro más bonito y más generoso. Gracias

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  5. Muchas gracias, Alicia. Me lo dijo el maestro Muñoz Molina, y yo no sabría expresarlo mejor. Gracias a ti, a todos los lectores.

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