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Mostrando entradas de abril, 2012

Retorno al pasado

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Resulta extraña la sensación de volver a leer un libro que leíste hace años. Por mucho que quieras nunca podrás verlo igual, sobre todo porque tú tampoco eres la misma persona que lo leyó la primera vez. Pero no menos raro es volver a corregir una novela tuya que escribiste hace once años y publicaste hace ocho. Aprovechando que Debolsillo vuelve a editar La clave Pinner en julio, vuelvo a leer y a corregir la novela después de tanto tiempo. Nada grave: cambiar alguna palabra, mover alguna coma. La trama y la estructura me gustan igual que hace una década. Disfruto lo que leo con un rotulador rojo preparado para marcar los cambios. Es verdad que La clave Pinner es muy especial para mí. Desde que empecé a pergeñar historias había querido escribir una novela de espías de carne hueso, gente corriente que se ve obligada a hacer cosas extraordinarias, un libro en el que pasaran muchas cosas y los sentimientos fueran muy importantes. Y tenía muy claro que mi novela tendría que desarrollarse…

Juego de tronos

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Cuando alguien me pregunta si prefiero leer una novela o ver su versión cinematográfica siempre recurro a una conocida viñeta en la que una cabra está masticando un trozo de celuloide y le dice a otra: “pues a mí me gustó más el libro”. Parece una frase sacada de una película de Woody Allen, pero creo que muestra bastante bien la comparación casi siempre absurda o innecesaria entre una novela y su versión cinematográfica o televisiva. El cine y los libros son dos medios diferentes, con sus propios códigos, y a mi juicio discutir sobre cuál es el más adecuado para contar una historia no tiene ningún sentido. Si acaso, son complementarios: ver en el cine una película después de haber leído la novela puede ilustrárnosla, y leer una novela después de haber visto su versión cinematográfica quizá nos amplíe gratamente la historia. Las dos experiencias pueden resultar placenteras, quiero decir. Todo el párrafo anterior viene a cuento porque hoy se estrena en España la segunda temporada de la …

Antitaurinos

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No soy un gran aficionado a los toros. Y mucho menos un entendido. Pero de vez en cuando veo alguna corrida. De tarde en tarde. Muy de tarde en tarde, puesto que hasta ayer hacía cinco años que no entraba en una plaza de toros, creo. Me gustan los toros de la misma forma que el fútbol: esto es, si la corrida o el partido me resultan entretenidos es posible que los vea. Si no, enseguida empiezo a aburrirme. Algo parecido me sucede con las novelas. Por eso muchas las abandono a los pocos capítulos de empezarlas. Pero no nos desviemos. Los toros, decía. Aunque a mí me gusten puedo llegar a entender que a mucha gente les resulte una fiesta salvaje y anacrónica. Incluso reconocer que tengan razón. Pero también digo sin reparos que ellos se lo pierden. Cinco años sin pisar la Maestranza en Sevilla y cada vez se parece menos a lo que estaba acostumbrado a ver. No sólo en el público que asiste a la corrida, porque aguafiestas, graciosillos a los que deberían poner un esparadrapo en la boca pa…

Espejismos

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Hoy es el aniversario de la inauguración de la Exposición Universal del 92 en Sevilla, y visto el acontecimiento con la perspectiva de dos décadas uno no deja de preguntarse cómo pudo (cómo pudimos) tanta gente caer en la trampa de pensar que después de aquella macroferia sevillana la ciudad sería la más moderna, la más visitada, la que mejores infraestructuras tendría, y que la prosperidad, tan efímera y tan esquiva, terminaría regando todos nuestros jardines, aunque sólo fuera un poco, lo bastante para sacudirnos la mugre o la pobreza. Pero igual que hoy se celebra el comienzo de la Expo 92 no estaría de más que dentro de seis meses alguien se encargase de recordar, aun a riesgo de quedar como un aguafiestas, que después del 12 de octubre de ese mismo año, no es que todo volviera a ser lo mismo, sino que las cosas se pusieron mucho peor que antes, la vida más difícil y el fantasma del paro y la crisis acechando como el lobo convencido de que al final las ovejas desaprensivas, derroc…

Aviso para navegantes

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A menudo me preguntan los lectores y los amigos cómo funciona el negocio editorial, y uno, que ya lleva bastantes años disfrutándolo y sufriéndolo, casi siempre a partes iguales, se da cuenta de que, quizá por estar acostumbrado a la dinámica de escribir, publicar, unas veces con más suerte y otras con menos, no acaba de darse cuenta de que para la mayoría de la gente lo que sucede en este mundillo resulta tan oscuro como si se tratase de los arcanos de una secta. Una lectora me ha hecho llegar hoy este vídeo donde el escritor Andreu Martín explica diáfanamente y en sólo unos pocos minutos lo que sucede con la mayoría de los libros que se publican. Os aseguro que merece la pena verlo. Un aviso para navegantes interesados en meter la cabeza en el complicado mundo de los libros. Y como me gustaría que llegara al mayor número de personas, además de colgarlo hoy en Twitter y en Facebook también he querido ponerlo en el blog. A grandes rasgos, así es cómo funciona todo. Sólo añadiría que e…

Sálvese quien pueda

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No sé muy bien quién tiene la razón en el asunto de Repsol en Argentina. Palabra. Con estas cosas lo fácil es ponerse patriótico, colgar una bandera en el balcón y entonar el himno como quien canta una saeta. Uno es tan ingenuo o tan bienintencionado que, a pesar de lo parece tan claramente una agresión a una empresa española, piensa que alguna razón de peso habrá para que la presidenta argentina haya tomado esa decisión tan radical. Pero, ya digo, apenas tengo claro lo que está pasando, y mientras más periódicos leo o más telediarios me trago, más dudas me asaltan. Sin embargo, cada vez me aferro más a una certeza, no puedo evitarlo, y esa convicción, qué quieren que les diga, me irrita. Hay un conflicto entre España y Argentina. Y supongo que antes o después se resolverá de alguna forma. Eso es obvio, dirán ustedes. Pero, decía, tengo una certeza: por muchas declaraciones de apoyo, palmaditas en la espalda, frases de consuelo y milongas varias (perdónenme la metáfora facilona) desde…

Las tetas de Kate Winslet

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Si algo hay que reconocer a James Cameron, aparte del talento cinematográfico, es su habilidad para obtener beneficio de casi cualquier aventura que emprenda. No es casualidad que se haya atrevido a ser el primer hombre en bajar en solitario hasta el lecho de la fosa de las Marianas la misma semana que Titanic se estrena en 3D. Dicho esto, no puedo evitar sonreír al enterarme hoy de que el gobierno chino ha mutilado los planos de la película en tres dimensiones donde aparecen los pechos de Kate Winslet mientras Leonardo Di Caprio dibuja sus curvas. Otro golpe de suerte en forma de promoción gratuita. Y, al cabo, van a ser los chinos los que se lo pierdan. Las tetas de la Winslet, quiero decir. Yo recuerdo haber disfrutado mucho con Titanic cuando la vi en el cine, en las dos dimensiones de toda la vida. Pero, si soy sincero, dejando las bromas y las tetas aparte, los protagonistas de la película no me parecieron nada del otro mundo. Tendría que ver Titanic de nuevo (yo tendré la suert…

El país del dinero

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Una de las funciones que cumple la Literatura, la buena Literatura, es contarnos cosas que ya sabíamos o intuíamos pero al leerlas negro sobre blanco de repente adquieren la condición de sentencia demoledora, tan sencilla y tan lúcida que cuando un escritor te la explica con aparente facilidad no puedes sino preguntarte por qué tú mismo no habrías sabido definirlo igual. Suele pasarme eso con los libros de Pedro Ugarte. He leído casi todos los suyos, y resulta conmovedor encontrar emociones comunes traducidas a palabras que a ti no se te había ocurrido definir. Es su propia visión del mundo lo que hace único a cada escritor, y lo más apabullante de Pedro Ugarte es la claridad de sus razonamientos y su capacidad para que sus personajes los vivan y los cuenten dentro de la trama. Cuántas veces hemos pensado en el valor del dinero, en lo que en realidad significa aunque no nos guste, en cómo nos trata la gente en función de los ceros de nuestra cuenta bancaria. Desde que tengo memoria ac…

La tumba de los padres de Hitler

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Basta ver la cara de Alois Hitler para entender un poco mejor que Adolf haya sido uno de los mayores hijos de puta de la Historia. Eso me lo dijo un periodista el día antes de visitar la tumba de los padres del Führer, cuando fuimos a Linz para presentar a la prensa El violinista de Mauthausen. No digo yo que el periodista tuviera razón al referirse al bigote estricto y la apariencia sin duda temible del padre del genocida, pero siempre me acuerdo de aquella frase cuando pienso en la tumba de Alois y Klara Hitler. Viene esto a cuento porque mi amigo Óscar Oliveira me contaba el otro día que, para evitar peregrinaciones neonazis o de curiosos varios (nosotros, de camino al campo de exterminio de Mauthausen, en noviembre de 2009, también nos paramos para visitarla), la tumba del cementerio católico de Leonding ha sido desmantelada. Los padres de Adolf Hitler murieron cuando éste apenas era un adolescente y nadie podría imaginar que pondría Europa patas arriba más de treinta años después,…

Niños sin deberes

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Me ha llamado la atención un asunto que ha levantado algún revuelo en Francia y parece que ahora toca en España. No sé si por convencimiento propio o porque todo lo que venga de fuera, para variar, por extravagante que sea nos parece lo más moderno y revolucionario. Resulta que, según alguna asociación de padres (padres y madres, dice exactamente), se está estudiando convocar una huelga de deberes. Esto es, que durante quince días los chavales no hagan sus deberes del colegio. Los argumentos en los que se apoya la iniciativa son demoledores: “el alumnado encuentra en las aulas una enseñanza poco motivadora, poco práctica y alejada de la cultura audiovisual en la que ha crecido”; “el exceso de deberes provoca desigualdades sociales”;los deberes crean "tensiones" entre padres e hijos, constituyen "un problema" para muchos progenitores que salen tarde de trabajar y no disponen de tiempo o limitan la realización de actividades deportivas, culturales o de esparcimiento…

Nueva página de Facebook

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Editar foto del perfil Andrés Pérez Domínguez A 6.104 personas les gusta esta página
Como alguna vez conté por aquí, mi perfil personal en Facebook hace mucho que llegó al límite de los 5.000 amigos. También tenía una página en la que pasaban de los 2.000 y, aunque no voy a negar que resulta halagador que los lectores se acuerden de uno, resulta complicado mantener tantos frentes abiertos si tú mismo te encargas de actualizar y escribir en las redes sociales.  Ayer fusioné en una misma página mi perfil personal y mi página de Facebook. Parece que la mayoría de los amigos de Facebook pueden seguir conectados conmigo sin problemas. Sin embargo hay otros que ahora no pueden o les resulta más difícil. Basta con pinchar en esta dirección (http://www.facebook.com/perezdominguezandres1), luego “clickear” en el botón de “Me gusta” y todo volverá a ser como antes, pero sin límite de contactos. En fin. Espero que con este enlace quede solucionado el problema. Gracias a todos los que habéis escri…

Mingote

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Lo normal era que sucediera cualquier día. Es lo más lógico, por desgracia, con noventa y tres años a la espalda. Soy de los que todavía se enteran de las cosas al leerlas en la prensa o al ver el telediario, y esta tarde, a la hora de comer, se me ha torcido el gesto cuando han dicho que Antonio Mingote ha muerto. Sólo lo vi una vez, de lejos, sentado entre otros académicos en un acto de la RAE, pero cuando pienso que ya no disfrutaré más sus dibujos en el periódico tras quedarme unos segundos con los ojos entornados mientras busco alguna interpretación más profunda que se me haya escapado al primer vistazo, no puedo evitar sentirme triste. Un poco más solo.

Uno, que se esfuerza en su oficio para llegar un día, con mucha suerte, a ser capaz de decir mucho con muy pocas palabras, no ha podido sino admirar a un maestro (probablemente el mejor, junto a Forges, de los humoristas gráficos españoles) de lo breve pero intenso, de lo demoledor y liviano al mismo tiempo, de lo sencillo capaz…

Semana Santa

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A pesar de haberme criado en el sur de España nunca he sido nazareno o costalero ni he participado de las celebraciones de la Semana Santa, pero habría que ser demasiado torpe o estúpido para no reconocer al menos el placer estético de las procesiones. Por eso, aunque no lo comparto, entiendo, o procuro entender, a quien las siente (y conozco a mucha gente que las siente de verdad). A poco fervor religioso y alguna sensibilidad que se tenga, creo que nadie podrá negar que una procesión de Semana Santa, además de por las mujeres guapas engalanadas y el olor a incienso, puede ser un espectáculo bellísimo.  Hace poco paseaba por el centro de Sevilla con un amigo de fuera y nos topamos con un grupo de costaleros que ensayaba para la Semana Santa. Soy todo lo contrario a un entendido en la materia, pero procuré explicarle que la devoción por una Virgen puede deberse muchas veces a motivos culturales antes que religiosos. Es decir, se puede ser de la Virgen o del Cristo de tu barrio y no d…