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Mostrando entradas de mayo, 2012

Marathon man

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No crecí leyendo a Cortázar, ni a Borges, ni a García Márquez. Lo escribo y no es una disculpa ni una jactancia. Tardé un poco más en leer a estos tres autores que cito, y en todos ellos, y en muchos más, he encontrado cosas muy apreciables. Otros se jactan de haberse bebido a estos tres y a muchos otros y además desprecian sin pudor las novelas en las que pasan cosas con la excusa de que aparecen nazis o espías sin haber dedicado un momento a leerlas aunque luego escriban sobre ellas para destrozarlas. Me encojo de hombros. Que, por otra parte, es un ejercicio estupendo. Yo de niño leía a Stevenson, a Dumas, a Salgari, y antes de convertirme en adolescente ya había descubierto a Le Carré, a Graham Greene, o las primeras novelas de Follet o Forsyth. Sí, ¿qué pasa? En determinados círculos literarios uno parece tener que disculparse por haber disfrutado con estos autores en lugar de arrugar la nariz con asco o sacudir la mano con indiferencia elitista al decir que jamás ha leído una n…

Trabajar como un cabrón

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Son días raros estos. Aún falta un mes para que comience oficialmente el verano, pero en el sur de España, igual que cada año, es como si el calendario se adelantara. No es que el verano me disguste, porque tiene muchas cosas buenas, y mientras tecleo esta entrada en el portátil tengo la ventana abierta, la luz del sol se filtra, naranja y prometedora, por la cortina del salón, y apenas escucho más que la algarabía de los pájaros o el trajín de algún vecino en el jardín o estrenando su piscina. Pero será porque un andaluz sabe que casi siempre el verano aquí dura hasta bien entrado octubre, no puedo evitar cierta angustia, o cansancio anticipado, por la que nos espera. Duermo regular estos días, casi siempre ya con el aire acondicionado conectado o un ventilador. Malos sueños aunque durante las últimas semanas es como si viviera en un mundo paralelo, un universo creado por mí del que no puedo escaparme. Termino de corregir la nueva versión deLa clave Pinner que Debolsillo pondrá en l…

Rubén Castro: héroe de novela... y futbolista

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Hace tiempo que quería contar esto en el blog, pero un lector me ha escrito hoy para preguntarme por lo mismo y, como no es la primera vez, aprovecho para aclarar un asunto que no deja de tener su gracia. Como los lectores de la novela saben, uno de los personajes principales de El violinista de Mauthausen se llama Rubén Castro. Y también se llama Rubén Castro uno de los futbolistas del Betis. Al ser yo sevillano más de uno ha pensado, con bastante fundamento, que no se trata de una casualidad, sino que la pasión futbolera me llevó a bautizar a uno de mis personajes con el nombre de un jugador del Betis. Para ganarme el favor de mis lectores verdiblancos podría decir que es así, pero mentiría. Escribí El violinista de Mauthausenentre las primaveras de 2008 y 2009, y elegí el nombre de Rubén Castro para uno de los personajes porque me resultaba peculiar, fácil de recordar, incluso eufónico. Quienes me conocen saben que cuido bastante la elección de los nombres de mis personajes. Antes…

Einstein en Sevilla

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¿Sabéis que Albert Einstein pudo haber sido ciudadano español en 1933 y que, además de uno de los científicos más famosos de la Historia, era un virtuoso violinista, le gustaba perderse en un barco con un cuaderno donde garrapateaba fórmulas a pesar de no saber nadar, tuvo un buen puñado de amantes y disfrutó de una vida apasionante? ¿Sabéis que a pesar de ser un pacifista militante era consciente del peligro que suponía que los nazis construyeran la primera bomba atómica de la Historia y se enfrentó al mayor dilema de su vida cuando decidió animar al presidente Roosevelt a adelantarse a los planes de Hitler?  Hace seis años me pregunté qué habría pasado si la Abwher, el servicio secreto alemán, hubiera enviado a una espía a Nueva York en 1939 con la intención de matar a Albert Einstein antes de que pudiera alertar al presidente de los Estados Unidos sobre el peligro de una bomba atómica nazi. De aquella pregunta nacieron las 576 páginas de El factor Einstein, que Plaza & Janés (…

8,25 sobre 10

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La relación entre los críticos y los escritores es tradicionalmente complicada. Con los críticos pasa como con los los lectores: a algunos les gusta tu trabajo y a otros no. Simplemente. Soy de la opinión de que un escritor debe aceptar -incluso agradecer- cualquier crítica, aunque no sea la más favorable hacia su trabajo, mientras se haga con respeto. Lo del respeto es subjetivo, claro está, y lo que alguien considera un insulto, otro muy bien puede catalogarlo como el legítimo derecho a opinar. Viene a cuento el párrafo anterior porque recojo aquí una reseña de El violinista de Mauthausen que me ha parecido muy interesante, tanto por lo que al crítico le gusta de mi novela, como, sobre todo ―y sé que puede parecer raro― por lo que no. Como digo, cualquier opinión sobre mis libros será bienvenida mientras, como en la reseña que recupero aquí, se haga con respeto y fundamento. Obviamente, yo puedo estar de acuerdo o no, pero igual que uno hace públicos los elogios debe esforzarse en n…

Araña de Oro

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Es tarde y, a estas horas, lo peor que puede hacer un insomne es encender el ordenador. Si encima se pone a escribir, tiene muchas papeletas para dar la noche de sueño por perdida. O casi. Mañana he de empezar a revisar las pruebas de mi nueva novela, pero sé que si me voy a la cama sin contar al menos un poco la cena de esta noche puedo terminar levantándome dentro de un rato, sin haber sido capaz de pegar ojo, hasta dejar constancia. Pero ahora mismo, mientras tecleo esta entrada, tengo una insignia dorada en la mesa que me han colocado esta noche en un ojal de la camisa. Un premio que no estoy seguro de merecer: siempre digo que los reconocimientos que a uno le dan por su trayectoria son un poco extraños, porque bastante suerte supone poder trabajar en lo que te gusta, y para mí el verdadero premio es sentarme cada día delante de una hoja en blanco para jugar a imaginemos. Al grano. Doce años sin pisar la feria de Sanlúcar la Mayor (el pueblo del sur de España donde me he criado) y …

Nazis en Grecia

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Creo que nunca he escrito dos entradas en el blog en menos de veinticuatro horas, pero hoy es un día triste y hago una excepción. Lo había escuchado en la radio. Esta tarde un periodista contaba cómo el sicario del partido griego neonazi que ha obtenido representación parlamentaria conminaba a los periodistas a levantarse cuando entraba el kapo en la rueda de prensa. Lo acabo de ver ahora. Me he acordado de mi tía, que me ha contado muchas veces cómo durante la Transición a veces entraban los ultras en la cafetería de Madrid donde trabajaba y obligaban a los clientes y a los empleados a entonar el Cara al sol. Todos cantaban. El miedo tiene esas cosas. Estoy seguro de que por eso algunos periodistas griegos se han puesto de pie. He escrito kapo y sicario. Sí. Por sus modales los conoceréis. La única diferencia que veo con los nazis de hace ochenta años es que aquellos no llevaban camisetas dos tallas más pequeñas de las que les correspondía y algunos parecían un poco más sofisticados q…

Feria del libro de Sevilla

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Este domingo, el día 13, estaré firmando en la Feria del libro de Sevilla, de 13 a 14 h, en la caseta de La casa del libro. Permitidme aclarar cuatro cuestiones. La experiencia me ha enseñado que cuanto más se repitan estas cosas, mucho mejor. 1. No hace falta que los lectores compren o traigan un ejemplar de El violinista de Mauthausen o El síndrome de Mowgli para que se los dedique (y aprovecho para decir que en la feria estas dos novelas se pueden conseguir en bolsillo por 8 euros cada una menos el 10%, es decir: 7,20 euros): también firmaré cualquier otro libro mío. 2. Sí, he escrito “cualquier libro mío”. Más de una vez viene un lector despistado con la novela de otro escritor para que se lo firme. Por mí no hay ningún problema, pero no quiero engañar a nadie: yo soy Andrés Pérez Domínguez.. 3. Tampoco hace falta comprar los libros en la feria. Si alguien lo tiene en su casa o lo compra en otro sitio y lo lleva a la feria el domingo también se lo dedicaré con mucho gusto. 4. Todo e…

Globalización

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A lo mejor la globalización es esto y no he sabido darme cuenta hasta esta tarde. Ser europeo quizá no sea sólo manejar la misma moneda y que los precios hayan subido escandalosamente al contar en euros, viajar desde Lisboa hasta Berlín sin que nadie te pida el pasaporte o ver como tu país se queda solo cuando necesitaría a sus socios porque, al final, cada uno mira por lo suyo y nada más. El caso es que esta tarde mucha gente (yo también, aunque no quiera) está pendiente de las elecciones francesas. Ya digo, quizá eso de la globalización y de la hermandad europeísta al final sea tan sencillo como estar escuchando la radio, con el alma en vilo por las elecciones del vecino. Qué curioso. Falta saber quiénes se van (nos vamos) al carajo: si todos a una o sólo los de siempre. El derrumbe globalizado. O como quieran llamarlo. Parece que en Francia ha ganado Hollande. Y en Grecia los votantes están tan quemados que han dado la espalda a los de siempre. Nada más certero que hoy el refrán es…

La última noche, de Francisco Gallardo

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Rompo la pereza bloguera de estos últimos días porque esta mañana me ha hecho mucha ilusión recibir un libro. Si además se trata de la novela de un amigo, el placer es el doble. Más todavía si sólo con ver la cubierta intuyes que el libro tendrá muchos lectores. Y, se preguntarán algunos: ¿se puede recomendar un libro sin haberlo leído? Claro que sí. Incluso se puede publicar un libro sin haberlo escrito, o, peor, sin haber leído jamás un solo libro. ¿Que por qué sé que La última noche, de Francisco Gallardo, va a tener muchos lectores? Bastaría la cubierta, tan cuidada, pero no es éste el caso. La primera novela de Francisco Gallardo, El rock de la calle Feria, fue un éxito inesperado y La última noche, que trata sobre la médico Sarah Avenzoar ―nieta del famoso Abu Marwan Avenzoar― en la Sevilla del siglo XII, tiene todos los ingredientes para seguir la estela de aquella primera novela del escritor e ir mucho más allá: la Andalucía del siglo XII, Marrakech, y una mujer ―personaje rea…