8,25 sobre 10



La relación entre los críticos y los escritores es tradicionalmente complicada. Con los críticos pasa como con los los lectores: a algunos les gusta tu trabajo y a otros no. Simplemente. Soy de la opinión de que un escritor debe aceptar -incluso agradecer- cualquier crítica, aunque no sea la más favorable hacia su trabajo, mientras se haga con respeto. Lo del respeto es subjetivo, claro está, y lo que alguien considera un insulto, otro muy bien puede catalogarlo como el legítimo derecho a opinar.
Viene a cuento el párrafo anterior porque recojo aquí una reseña de El violinista de Mauthausen que me ha parecido muy interesante, tanto por lo que al crítico le gusta de mi novela, como, sobre todo ―y sé que puede parecer raro― por lo que no. Como digo, cualquier opinión sobre mis libros será bienvenida mientras, como en la reseña que recupero aquí, se haga con respeto y fundamento. Obviamente, yo puedo estar de acuerdo o no, pero igual que uno hace públicos los elogios debe esforzarse en no ocultar los tirones de orejas. Lo dicho: os dejo aquí la reseña y aprovecho para dar las gracias a Luis Alberto Cao por la reseña mi novela en su blog. Ah, una cosa: la reseña cuenta algún detalle importante de la novela. Nada grave, pero prefiero avisar a quienes no hayan leído El violinista.
Y, antes de dejaros con la reseña, permitidme que os recuerde que el domingo 13 de mayo estaré firmando de 13 a 14 h en la caseta de La casa del Libro, en la feria del libro de Sevilla.

El violinista de Mauthausen” del escritor sevillano Andrés Pérez Domínguez fue galardonada con el XLI Premio de Novela Ateneo de Sevilla, reconocimiento que además ha sido refrendado por los lectores, siendo un libro con bastante éxito de ventas. A la vista de esas cartas de presentación he considerado pertinente traer esta obra a este blog literario, con la intención de reseñarla y comentarla del modo más exhaustivo posible. En primer lugar y para fijar, desde un primer momento, mi opinión, me gustaría señalar que me ha parecido un texto muy interesante, tanto desde un punto de vista formal, como de su temática, aunque, eso sí, creo que el tema que trata ya resulta en exceso manido. Sin embargo, como comentaré con posterioridad, una lectura atenta de la novela, me ha revelado algunos detalles que me han parecido bastante interesantes. Eso no quita que también adolezca, en mi opinión,  de algunos errores que me han distanciado bastante del relato. Y que, en mi opinión, marcan la diferencia entre una novela francamente interesante y una gran novela. En todo caso a lo largo de esta reseña intentaré referir todo ello, del modo más equitativo y reflexivo posible.
Como es habitual y a modo de orientación para el eventual lector de esta reseña, voy a pergeñar, aunque sea brevemente, y a modo de aperitivo a la lectura de esta novela, una somera sinopsis argumental. Creo que el resumen que viene en la contraportada del libro cumple sobradamente esta intención, por lo tanto voy a transcribir literalmente la citada recensión:

En París, una pareja está a punto de casarse en la primavera de 1940, pero la Wehrmacht invade Francia y él, republicano español exiliado, es detenido por la Gestapo y enviado al campo de exterminio de Mauthausen. Ella colaborará con los servicios secretos aliados, dispuesta a cualquier cosa para salvar la vida de su prometido. Entre ellos, un ingeniero alemán que ha renunciado a su trabajo en Berlín para no colaborar con los nazis, se dedica a recorrer Europa con un violín bajo el brazo. Muy pronto, las vidas de los tres se enlazarán para siempre. El violinista de Mauthausen es su historia.
El París ocupado por los alemanes, el Berlín en ruinas después de la Segunda Guerra Mundial y el campo de exterminio de Mauthausen son los principales escenarios donde se desarrolla un relato que mezcla intriga, aventura, espionaje, Historia y romance...”

El relato que nos plantea Andrés Pérez Domínguez en “El violinista de Mauthausen”  está “deconstruido” en tres narraciones que se intercalan a lo largo de la novela: la de Rubén, el republicano español exilidado, la de Anna, su novia francesa y la de Bishop el espía y militar norteamericano. Es precisamente en este planteamiento formal a la hora de planificar el relato donde, en mi opinión, está una de las mayores virtudes de esta novela. Pero no sólo por tratarse de una narración fragmentada sino por la utilización de los saltos cronológicos, muy frecuentes en el texto, pero muy meritoriamente llevados, que nos dan un efecto literario muy interesante. Y es un detalle técnico muy complejo, que yo valoro especialmente, porque si no se hace bien produce una difusa sensación de que uno no se está enterando de nada. Aunque, afortunadamente, éste no es el caso. De hecho, para situar al lector y a modo de ejemplo, diré que la novela prácticamente se inicia en el final de la historia. Sin embargo, lejos de restarle interés produce un efecto “adictivo”, por así decirlo, que engancha al lector. Pero, por el contrario, éste exceso de celo del autor por “enganchar” al lector se revelará como uno de sus mayores errores, en mi opinión, como pasaré a analizar al final de esta reseña.
La novela tiene algunos momentos francamente inspirados que con un lenguaje funcional, demasiado poco elaborado literariamente en mi opinión, nos narran y nos sirve de vehículo, de un modo eficaz, al relato que nos plantea el autor. Quisiera destacar, por poner un ejemplo, hay muchos más, dos momentos que me gustaron especialmente desde un punto de vista narrativo: la escena cuando Anna vuelve de la sede de la Gestapo y tiene la sensación de que alguien la está siguiendo y, por supuesto, la impresionante escena del vagón de tren donde van hacinados en condiciones infrahumanas los presos camino del campo de exterminio. Y, por supuesto, toda la narración, descarnada y realista, de las atrocidades perpetradas en ese campo de infausto recuerdo.
El violinista de Mauthausen es una novela, en la que sobresalen y destacan, prácticamente en solitario, los cuatro personajes principales. Personajes bien dibujados y perfectamente caracterizados y definidos, sin duda alguna, repletos de vida y profundidad psicológica. Me gustaría, llegados a este punto, destacar la belleza en la creación del personaje de Anna, en mi opinión el más logrado de toda la novela. Esto no es óbice para que, al menos para mí y en mi manera de entender la literatura, eche en falta la aparición de esos personajes “secundarios” que tanta información aportan al lector de una novela. Personalmente no me gusta que todo el peso de la narración recaiga, en exclusiva, sobre ese típico narrador omnisciente en tercera persona, sino que también creo que aportan mucho a la narración esos subrelatos que nos proporcionan los personajes secundarios que, a modo de afluentes de un gran río, nos refuerzan y nos dan otra perspectiva a ese hilo principal de la narración. En esta novela he echado mucho de menos esos subrelatos que, en mi opinión, prácticamente pasan desapercibidos cuando no inexistentes. 
Es indudable que la novela está muy trabajada desde un punto de vista documental y eso siempre se agradece. Como ya comenté en alguna reseña anterior (en concreto, “Niños feroces” de Lorenzo Silva), tampoco me es necesario un sobreexceso de documentación e información, porque la novela no pretende ser un libro de Historia, para eso ya están los historiadores, sin embargo, su ambientación me ha parecido convincente y adecuada, sin resultar excesiva. Especialmente me ha perturbado todo el relato en que vemos la brutalidad que ejercen los Kapos (presos que se dedican a vigilar a los otros presos) sobre los demás reclusos. Aquí vemos hasta que punto llega la maldad del ser humano.... De hecho el propio autor nos dice textualmente en la novela: “Rubén no tardará en comprobar que basta muy poco para que alguien que es torturado se convierta en torturador”. Tengo también que reconocer que en algunos momentos ocurren algunos hechos  y algunas situaciones que me resultan demasiado forzados, demasiado inverosímiles, aunque entiendo que puedan ser necesarios para que la narración avance, pero, honestamente, creo que éste sería un detalle que hubiese sido fácilmente subsanable. El ejemplo más evidente de todo esto es cuando Anna está siendo acosada por un teniente borracho de la Wehrmacht que la sigue, molestándola, hasta su casa.  De repente aparece, de paisano, un oficial de las SS. Se trata, precisamente de Franz Müller. “Casualmente” el hombre que le interesaba a Bishop.
En el trasfondo histórico del relato, subyace y forma parte determinante de éste, el trato y la represión que siguieron sufriendo, esta vez por parte de los nazis los exiliados republicanos españoles, todo esto aplaudido y jaleado por el régimen franquista.
Aparentemente pudiera parecer, al eventual lector de estas líneas que “El violinista de Mauthausen” es una novela de amor al uso, pero no es así. Es una novela dura y realista, inserta en un tiempo duro y difícil.  Además la novela tiene un final abierto que a mí, particularmente me ha gustado mucho. Por así decirlo creo que es una novela bien rematada, aunque sobre este particular no me quiero extender mucho, para no reventaros el final. Pero lo que sí puedo decir es que merecerá la pena leerla...
Pero, sin embargo, creo que debo ser justo con mi conciencia y, sobre todo, con mis lectores a la hora de mostrar y señalar también los errores que, en mi opinión, he detectado y que lastran mi valoración final sobre esta novela. Un poco más arriba hablaba que la prosa que utiliza en este texto Andrés Pérez Domínguez, “un lenguaje funcional, demasiado poco elaborado literariamente” y me reafirmo en ello. Por otra parte he encontrado varias frases con una construcción, por así decirlo no muy ortodoxa. Entiendo que pudiese tratarse de algún tipo de hipérbaton, pero personalmente me han resultado desagradables y molestos. Voy a transcribir una muestra, de las múltiples que sobreabundan en la novela, para ejemplificar a qué me refiero:
“ ... la imaginación de las personas no tiene límites cuando de hacer daño con impunidad se trata”
Aquí se aprecia con claridad, ese desorden en el “orden” lógico de la frase, que a mí, al menos, me resulta francamente molesto.
Como comenté un poco más arriba el uso abusivo de esta figura del narrador omnisciente, y el afán de intentar atraer la atención del lector, produce en esta “El violinista de Mauthausen” un abuso en prevenir al lector sobre todo lo que aún le queda por descubrir. Estoy convencido que a la vista de un par de ejemplos se entenderá mejor a qué me refiero:
Eso no será nada comparado con lo que aún le queda por hacer, pero aún no puede imaginarlo, todavía no puede saber Rubén cuántas cosas verá o qué cosas será capaz él mismo de hacer”.
“Anna odia a Bishop cuando se lo pide, pero todavía no sabe que aún le odiará más, cuando pasen unos años, lo odiará tanto que deseará su muerte, peor aún, querrá matarlo ella misma con sus propias manos”.
Creo que en estos dos ejemplos queda claro a lo que me refiero. Aquí se ve ese uso “tramposo” de la figura del narrador omnisciente, que abusa de su omnisciencia para incitar al lector a continuar, de un modo poco “honesto”, valga la expresión, con la lectura del relato. Digamos que me recuerda, por así decirlo, a aquel personaje de los dibujos animados que decía: “No se vayan todavía, que aún hay más...”
Como siempre veo que me van a quedar muchos detalles que comentar, y de nuevo mi cuaderno de notas va a quedar con un montón de anotaciones que no van a poder ver la luz en esta reseña, por razones de espacio. En cualquier caso,  y a modo de resumen, me gustaría decir que “El violinista de Mauthausen” de Andrés Pérez Domínguez, ganadora del XLI Premio Novela Ateneo de Sevilla, es una novela en líneas generales muy interesante, de lectura amable y entretenida. Es la primera vez que leo a  Andrés Pérez Domínguez pero, en mi opinión, creo que es un autor a seguir. Y, reconozco, que me han quedado ganas de leer alguna de sus otras novelas.
Dicho todo lo cual, y atendiendo a todas las razones aducidas con anterioridad y siendo fiel a mi conciencia y a mi manera de entender el arte literario, creo que la puntuación que más haría justicia a la novela “El violinista de Mauthausen” sería de un 8,25/10.

Podéis leer la reseña en el blog donde se publicó pinchando aquí.


© Andrés Pérez Domínguez, mayo de 2012

Comentarios

  1. Los críticos siempre ven algo ,(y por eso se llaman así) que nosotros ni nos fijamos al menos yo .Solo se que me gustó mucho ,y hay escenas que te dejan sin aliento .podría citar muchas y sobre todo dos que me impresionaros la del vagón y Franz tocando en Mauthausen .Aun lloro cuando lo recuerdo .Y por eso me encanta ,(la tengo aquí junto a mi mientras escribo esto).Buenas noches Andrés .

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