Trabajar como un cabrón



Son días raros estos. Aún falta un mes para que comience oficialmente el verano, pero en el sur de España, igual que cada año, es como si el calendario se adelantara. No es que el verano me disguste, porque tiene muchas cosas buenas, y mientras tecleo esta entrada en el portátil tengo la ventana abierta, la luz del sol se filtra, naranja y prometedora, por la cortina del salón, y apenas escucho más que la algarabía de los pájaros o el trajín de algún vecino en el jardín o estrenando su piscina. Pero será porque un andaluz sabe que casi siempre el verano aquí dura hasta bien entrado octubre, no puedo evitar cierta angustia, o cansancio anticipado, por la que nos espera. Duermo regular estos días, casi siempre ya con el aire acondicionado conectado o un ventilador. Malos sueños aunque durante las últimas semanas es como si viviera en un mundo paralelo, un universo creado por mí del que no puedo escaparme. Termino de corregir la nueva versión de La clave Pinner que Debolsillo pondrá en las librerías dentro de poco más de un mes, y un mensajero me trae las 608 páginas de mi nueva novela que he de leer concienzudamente. Siempre con un bolígrafo rojo en las manos estas últimas semanas, saltando de una novela mía a otra, tan obsesionado siempre porque quede lo mejor posible que casi me olvido de la felicidad de publicar un libro nuevo y ambicioso en otoño y de que mis lectores puedan encontrar sin problemas un par de novelas mías que llevaban demasiado tiempo hibernando. El viernes termino de corregir las primeras pruebas de mi nueva novela pero no hay ni un segundo de descanso porque el mismo mensajero me trae una caja voluminosa con las segundas galeradas de La clave Pinner y las primeras de El factor Einstein. Casi 800 páginas en total (1.400, si añadimos la nueva novela) Luego habré de leer otra vez ―la última vez, por fin―, las segundas pruebas de mi nueva novela y también las segundas de El factor Einstein

Y, además del verano, quizá una de las razones por las que no soy capaz de conciliar un sueño aceptable estos días, es porque no acabo de decidirme por la nueva novela que quiero ponerme a escribir en cuanto termine de corregir las anteriores. Tengo tres o cuatro ideas revoloteándome en la cabeza, como una bandada de pájaros. Pero aún no lo tengo claro.
El otro día comí con mi colega de letras Ignacio del Valle. Estaba en Sevilla de promoción con su novela Busca mi rostro. Hablamos de muchos asuntos. En un momento dado, me preguntó cuántas horas le dedicaba al día a esto de la escritura. Bastantes, respondí, aunque una de las cosas que me he propuesto es trabajar un poco menos, ser menos obsesivo con este oficio que en cuanto te descuidas te quita tanto tiempo de vida. Se reía Ignacio del Valle, que también sabe de verdad de qué va esto. Yo creo que no podrás, me dijo. A mí me parece que tú trabajas como un cabrón. Igual que yo.
Pues eso.



© Andrés Pérez Domínguez, mayo de 2012

Comentarios

  1. Pues siento esas horas de trabajo, pero siendo egoista porque tus novelas me gustan mucho casi que me estoy relamiendo pensando en la que publicarás en otoño y sabiendo que ya tienes en mete otra...

    Yo vivo en el levante y hay veces que el verano se adentra bastante en noviembre, meses de calor nos esperan, espero que con las ideas más claras, que no te impidan dormir y pasarlo bien con los amigos, que todo es importante

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  2. Pues ardua tarea ésta la de revisar, releer, corregir ...y volver otra vez, y más con el sopor de estos días en los que se ha venido el verano encima, y ya me da a mí que no tiene marcha atrás. Quizá sean las noches con su silencio y el frescor que todavía traen consigo el mejor momento para trabajar. Yo también soy egoista y te digo que sigas así porque el trabajo bien hecho se nota, gracias. Saludos.

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  3. Coincido con Alicia, el trabajo duro finalmente se ve recompensado con un resultado de calidad. Y se nota, se nota mucho.

    Un abrazo.

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  4. Os puedo asegurar a las tres que me dejo la piel (y las pestañas) en cada libro. Cuando se publique mi nueva novela, no sé si tendrá más o menos lectores (eso nadie puede adivinarlo), pero os diré, y no es ninguna jactancia (no lo toméis así, por favor), que estoy muy orgulloso de haberla escrito. La he leído un montón de veces y me lo sigo pasando bien. Siempre descubro algo que, por raro que parezca, me sorprende.
    Gracias a las tres.
    Abrazos,

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  5. Hola con tanto trabajo seguro que se te pasa el verano , y tienes otra en mente tú coges vacaciones alguna Bvez? pero de las de no hacer nada.buenas noches

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  6. Rosa Mary, a veces pienso que no sé qué son vacaciones porque siempre ando dándole vueltas a la cabeza. Pero bueno, esto es vocacional...
    Un abrazo,

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