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Mostrando entradas de junio, 2012

Qué país tan puñetero

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Lo reconozco. Yo también soy de los que ha criticado a Vicente del Bosque por no alinear a Negredo o a Fernando Llorente desde el primer minuto en la mayoría de los partidos que ha jugado la selección hasta ahora en la Eurocopa. Es una frase manida pero no falsa que dentro de cada español habita un seleccionador nacional. Lo mío tiene aún más delito: apenas entiendo de fútbol. De niño nunca me gustó darle patadas al balón en el recreo y sólo de mayor he descubierto que puedo disfrutar viendo ciertos partidos, casi siempre cuando tienen alguna trascendencia, pero de una forma social: con algunos amigos, con la familia casi siempre. Lo mismo que ir al cine o disfrutar de una agradable tertulia en la sobremesa. Supongo que no soy el único, y por raro que te creas terminas dándote cuenta de que hay mucha más gente de la que imaginas a la que le sucede exactamente lo mismo que a ti. No sé que pasará mañana ―en realidad hoy, dada la hora a la que tecleo esta entrada― con Portugal. A lo mejo…

Las pequeñas cosas

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Los amigos que visitan mi bitácora o están conectados conmigo en las redes sociales saben que aprovechando los pocos días tranquilos que quedan en junio me he escapado a la playa varias veces durante este mes, con la única y estimable compañía de unos cuantos libros (George R.R. Martin, Chaves Nogales... Las lecturas son como las dietas, dijo una vez el filósofo Savater: mejor cuanto más variadas). Me preguntaba el otro día mi amigo Gregorio León (que se estrena como personaje de lujo en mi nueva novela) si no me aburro en la playa. En realidad, cuando estoy un rato sentando en la arena ya no aguanto más, le dije. No soy capaz. Pero me gusta estar en la playa cuando hace buen tiempo (y también cuando hace malo) y todavía no se ha llenado de sombrillas y de neveras. Pasear hasta donde ya no hay apartamentos imaginando cómo era la costa hace no tantos años. Acercarme a la orilla por la noche, cuando todavía no hay hogueras ni adolescentes tocando la guitarra, para ver las luces de los b…

El arte de pedir

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Una vez, en Roma, de noche, cerca de la plaza de España, un chaval se acercó para vendernos unas rosas y cuando le dijimos amablemente que no, sacó una del ramo sin pensárselo y nos la regaló. En otra ocasión, en el centro de Sevilla, para endosarme una lata convertida en anillo o en collar ―ya no me acuerdo―, un tipo me contó que lo único que pretendía era buscarse la vida, hacer cualquier cosa para ganarse unas monedas sin tener que robar. Acabé comprándole esa lata transformada en bisutería igual que terminé pagando lo que valía aquella rosa en Roma. Tengo más anécdotas de éstas, pero no se trata de aburrir a mis lectores. Quiero decir que para pedir limosna no está de más un poco de arte, o al menos un miligramo de simpatía. Entre la plebe que se busca la vida poniendo la mano hay de todo: desde el que de verdad lo necesita hasta el caradura oportunista, pasando por quienes enseñan su talento cantando, tocando un instrumento, o simplemente tiesos como una estatua hasta que alguien…

Unos versos de Machado

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El martes preparo un paquete con las galeradas corregidas de El factor Einstein para que las recoja un mensajero y aprovecho para escaparme unos días a la playa, con cierta urgencia ya porque las vacaciones de los estudiantes están al caer y quedan muy pocos días ―tal vez sólo los primeros de la próxima semana― para que desde el lunes hasta el viernes la playa donde ahora habito un apartamento prestado sean tan diferente a esta extensión inabarcable por la que cada tarde paseo un par de horas, sin resistirme a admirar la belleza transparente de las medusas que me encuentro por el camino, hasta que ya no veo a nadie en la línea del horizonte. Quizá los psicólogos tengan un nombre para esto, pero, aunque no debería, enseguida me olvido de cuántos fines de semana seguidos he estado trabajando o de cuántas noches me he desvelado mientras escribía mi última novela. Me olvido y a duras penas mantengo a raya un absurdo en innecesario sentimiento de culpabilidad por aprovechar unos pocos días…

Generación Random

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Nunca me gustaron las etiquetas ni la pertenencia a grupos. El asociacionismo no es lo mío, vaya. Ni en la vida (no pertenezco a ningún partido político ni soy socio de ningún equipo de fútbol), ni en el oficio literario (cuando alguien se inventa una generación cruzo los dedos para que no se acuerde de mí). Los grupos, si los hay en este gremio de juntar letras, deben surgir espontáneamente, creo. El viernes me mandaron unas cuantas fotos de la fiesta de Random House la semana pasada, durante la feria del Libro de Madrid y, de todas, me quedo con ésta. Por alguna razón hemos coincidido unos cuantos autores de una misma generación en Plaza & Janés. Tampoco sé si somos algo así como el relevo, pero estoy seguro de que no es casualidad que todos hayamos recalado en el mismo sitio. Y es posible que los cuatro escritores que estamos en esta foto tengamos en común que a todos nos gusta contar historias y que nos lean. Lo que acabo de decir parece una perogrullada, pero no es tan fácil …

Ray Bradbury

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Había escrito antes de comer una entrada del blog y no acostumbro a castigar a mis lectores con dos posts el mismo día, pero me he enterado de que se ha muerto Ray Bradbury y sé que si lo aplazo hasta mañana terminaré sintiéndome un miserable. Con 91 años era de esperar, claro, aunque uno desee secreta o ingenuamente que los genios duren para siempre. Esta mañana me había alegrado mucho al conocer que a Philip Roth le habían dado el premio Príncipe de Asturias, y cruzo los dedos para que, igual que pasó con Gunther Grass, el mismo año que se acordaron de él en Oviedo los suecos también caigan en la cuenta de que ya va siendo hora de invitarlo a Estocolmo en diciembre. Ojalá. A Ray Bradbury nunca le dieron el Nobel, ni puñetera falta que le hacía. Había escrito unos cuantos libros que llegaron al alma de millones de lectores de varias generaciones. No creo que para un escritor exista un premio mayor que ése. Esta mañana también, qué casualidad, me he encontrado con un profesor del inst…

Yo he venido a hablar de mis libros

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De vez en cuando me escribe algún lector en las redes sociales para que le recomiende un libro mío. No resulta fácil, porque casi siempre desconozco las preferencias de quienes me escriben. Normalmente los remito a esta bitácora, para que exploren un poco. Pero no está de más facilitar las cosas a quien quiera información sobre mis libros con esta entrada. Aquí van las cubiertas de cuatro novelas mías, y justo debajo una entrevista en la radio o en la tele para que los lectores puedan hacerse una idea de la trama. Creo que es lo mejor. También he publicado dos libros de cuentos, tres novelas cortas y un relato suelto, pero son difíciles de encontrar. Al menos de momento. Pero todo se andará...

La clave Pinner (Debolsillo, a partir del 5 de julio de 2012). Podéis escuchar esta entrevista que me hizo Carlos Herrera en Onda Cero en diciembre de 2004:
El factor Einstein (Debolsillo, a partir de octubre de 2012). Os animo a escuchar esta entrevista con Susana Valdés y Chema García, en Onda C…

El héroe de Tiananmen

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Me entero hoy de que se cumplen 23 años de las revueltas de Tiananmen y, como todo el mundo, al recordarlo resulta inevitable que la primera imagen que se me venga a la cabeza sea la del héroe solitario que detuvo una fila de tanques en la Cháng An Dà Jie, muy cerca de famosa plaza, armado con un par de bolsas de plástico. Pienso en este valiente y recuerdo haber leído alguna vez que jamás se volvió a saber nada de él, si sobrevivió y sigue en China; si se marchó al exilio. Ni siquiera su nombre. Me gustaría pensar que aún está vivo, quizá secretamente orgulloso de aquel gesto que nos enseñó a todos lo que significan palabras tan usadas ―tan mal usadas― como valor o dignidad. Pero la lógica me conduce a pensar que lo silenciaron para siempre. Leyendo testimonios de los supervivientes del Holocausto comprendí lo que significaba el sentimiento de culpabilidad de los que sobreviven a las tragedias. ¿Por qué he tenido que sobrevivir yo y no muchos otros que fueron más valientes? se pregun…

Cosas que importan

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Llegué ayer de la feria del Libro de Madrid. Y aunque lo normal sería contarlo en orden cronológico, hoy prefiero hablar de otra cosa, una cosa que me importa de verdad. Qué más da la lógica. Ya hablaré de la feria otro día. O no... Hoy quiero hablar de las dedicatorias de los libros. Pero no de las firmas que uno estampa tras el mostrador de una caseta, sino de esas que van impresas en el libro y se quedan ahí para siempre, multiplicadas en todos los ejemplares. Una de las manías que tengo es fijarme en las dedicatorias. Los libros que no las llevan siempre me parecen un poco huérfanos, y me pregunto si el escritor se habrá quedado sin amigos o acaso nadie merece unas palabras amables en las primeras páginas. Desde que publiqué La clave Pinner he dedicado todos mis libros: a mi familia o a gente muy querida por mí. Puedeparecer una tontería, pero dedicar un libro tiene algo trascendente, porque va a quedar ahí mucho tiempo,.con suerte incluso cuando tú ya no estés. Dedicar un libro e…