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Mostrando entradas de julio, 2012

¿El tamaño importa?

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Llevo media vida escuchando argumentos sobre los libros que prefieren los lectores. Algunos escritores, y editores, aseguran que el libro ideal no debería sobrepasar las 350 páginas, porque, en los tiempos que vivimos, nadie quiere pasarse semanas, o meses, llevando a cuestas la misma novela. Para quienes sostienen este argumento, escribir un libro de más de 500 páginas es una falta de consideración hacia el lector moderno. O casi. Si esto fuera cierto, los libros de relatos o las novelas cortas deberían estar en lo más alto de las listas de los más vendidos. Pero no es así. Los índices de lectura de libros de cuentos, por muy buena salud que tenga el género (y es para celebrarlo), son ridículos comparados con la narrativa en distancia larga. Y con la novela breve sucede tres cuartos de lo mismo. Yo tengo la sensación de que incluso hay menos lectores de novelas cortas que de cuentos. ¿Por qué? Ni idea. Dicen que el lector medio no está habituado a cambiar de registro cada pocas pági…

El silencio de tu nombre

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El 4 de octubre estará en las librerías El silencio de tu nombre, mi nueva novela. Ya está revisada hasta la tortura y enviada a mis editores en Plaza & Janés. No hay vuelta atrás. Han sido más de dos años de trabajo entre documentación y escritura, y estoy muy orgulloso del resultado. El viernes ya colgué la cubierta en Facebook y en Twitter. Ahora os dejo el texto de la contracubierta, para que sepáis lo que os vais a encontrar. Espero que os guste. Pues eso: El silencio de tu nombre. Plaza & Janés. 608 páginas. La ha escrito un servidor. Alea jacta est... Ningún hombre puede engañarse a sí mismo cuando está solo y pronuncia el nombre de la mujer que ama.
Enero, 1950. Cuando Erika Walter, viuda de un agente secreto alemán, huye a Madrid con un importante legajo de documentos que implican a altos cargos nazis en el exilio, su amante Martín Navarro, ex miembro del PCE, se ve obligado a abandonar París y perseguirla. Aunque sabe que en España loespera la cárcel si es capturado po…

László Csatáry

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Ayer, cuando compraba las tres últimas novelas de Philip Kerr protagonizadas por el impagable Bernie Gunther para que mi padre las leyera en la playa (a mi padre le encanta la serie de libros sobre el detective alemán), me acordé de cuánto se quejan ciertos estirados de que algunos autores escriban novelas en las que salen nazis, y, peor aún, que haya lectores que las compren e incluso las lean. Me acabo de enterar que hace un rato ha sido detenido en Budapest László Csatáry, de 96 años, acusado de ser el responsable de haber mandado a más de 15.000 judíos a los campos de exterminio. Qué curioso. No se trata de una película. No se trata de una novela. No es un documental en blanco y negro y sin sonido, ni la página delgada y amarillenta de un periódico guardada durante décadas en un cajón. Se trata del verano de 2012 y lo estoy viendo en la pantalla de mi ordenador. La detención de László Csatáry es una muestra más de lo cerca que nos quedan los nazis en el tiempo. Mucho más cerca de …

Los días de verano

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Pesa el verano como una losa cuando cruza el ecuador de julio. Todo es excesivo: el calor, la potencia del aire acondicionado que refresca pero también termina agobiando. La familia y la playa a un tiro de piedra pero hay tanta gente durante el fin de semana que lo mejor es quedarse en casa, o buscar otra playa, conducir muy lejos, durante horas, porque a veces la mejor manera de encontrarse con uno mismo es alejándote, como un pintor que se separa unos pocos pasos del lienzo para tener otra perspectiva. El jueves vino un mensajero para recoger, por fin, las últimas pruebas de mi nueva novela, que estará en las librerías el 4 de octubre. Dentro de poco os enseñaré la cubierta, y el título, y os iré contando algunas cosas sobre ella. El jueves, también, termino de concretar, por teléfono, con mi editora de Barcelona, las últimas correcciones de la edición de bolsillo de El factor Einstein, que también se publicará en octubre. Y ahora, después de haber trabajado tan intensamente, parece…

El cumpleaños de un chaval

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Esta noche vengo de celebrar el cumpleaños de un chaval de setenta y cinco veranos. Ayer, cuando le recordé cuántos cumpliría hoy, mi padre me decía, resignado, que cumplir setenta y cinco años es una faena, pero yo le dije ―o lo pensé, no lo recuerdo―, que ojalá pudiera soplar velas durante otros setenta y cinco años más, por lo menos; que yo pudiera pedirle consejo cada vez que me asalten las dudas y no sepa cómo encarar un problema y tener la seguridad y la tranquilidad de que, por muy mal que me vayan las cosas, siempre habrá alguien en la retaguardia en quien poder confiar. Alguna vez me preguntan en una entrevista el nombre de una persona a quien admire, supongo que esperando que suelte una lista de escritores famosos, pero yo siempre respondo que a mis padres. Mi padre y mi madre se criaron en un tiempo muy diferente al de ahora, sin prima de riesgo pero mucho más complicado y más duro, y desde muy niño me enseñaron que la única forma que hay en la vida de conseguir algo es esf…

La mirada de otro

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Cuando viajo a una ciudad que no es la mía o no estoy acostumbrado a visitar suelo levantar la cabeza para admirar las plantas más altas de los edificios, la arquitectura a veces diferente a la que están acostumbrados mis ojos. Seguro que la gente que vive en Nueva York, una de las ciudades más falsamente imaginadas por quienes nunca la han visitado, no padece tortícolis de tanto mirar las últimas plantas de los rascacielos mientras camina, algo que yo, por muchas veces que visite la ciudad, siempre acabo haciendo. Por desgracia la mirada se cansa o se atrofia al vivir mucho tiempo en un mismo sitio. Se aburre quizá. Es humano, supongo, pensar siempre que lo mejor es lo que no tenemos, lo que está más allá. Pensaba ayer sobre esto después de recorrer un par de días el Aljarafe con un amigo al que tengo un gran aprecio. Cada vez que se acerca por esta comarca repleta de pueblos y urbanizaciones entre Sevilla y Huelva a mi amigo le afecta un entusiasmo contagioso por las casas con facha…

La clave Pinner, on the road again...

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Hace justo once años acababa de poner punto final a una novela que me cambiaría la vida. Yo todavía no lo sabía. En otoño de 2001 fue finalista de un premio importante. En la primavera de 2002 también. Y lo mismo sucedió en el otoño de 2002. Pero no acababa de ganar. Tal vez los jurados eran reticentes a premiar un libro cuya espina dorsal fuera una trama de espionaje. No lo sé. Finalmente la publicó Roca, en septiembre de 2004, tuvo muchos lectores y me dio a conocer al gran público. Que La clave Pinner fuera una novela de espionaje relacionada con la Segunda Guerra Mundial de alguna manera decidió mi carrera posterior. Gente cuya opinión respeto mucho la considera mi mejor novela. Rara es la feria del libro donde no aparece un lector con un ejemplar de La clave Pinner para que se lo dedique. Y a mí me hace mucha ilusión, claro. Hace un par de años me revirtieron los derechos y ahora la editorial Debolsillo la ha recuperado, con una nueva cubierta que me gusta mucho. He revisado el …

Campeones

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Mi sobrina de quince años hasta ayer no sabía lo que era un córner o un fuera de juego pero sí conocía los nombres de todos los jugadores de la selección y languidecía al decir que son guapísimos. Un par de horas antes de que empezara el partido me llamó para animarme a que fuera a verlo con la familia, y a pesar de que casi toda la noche del sábado la había pasado en vela (el insomnio y el verano van de la mano cuando de mí se trata) conduje durante una hora para ver la final con los míos. Ahora resulta fácil decir que estaba claro que íbamos a ganar, pero yo era de los que no daba un duro por España. Con mucha suerte, pensaba, llegaremos al final de la prórroga cero a cero y luego en la lotería de los penaltis a lo mejor esta vez tenemos la suerte de espaldas. Así que no voy a caer en el momento tonto de decir ahora que estaba claro que ganaríamos. Pues no. Pero me alegro, claro que sí. Me alegro mucho. Por mi madre, que ayer se removía en el sillón cada vez que España se acercaba a…