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Mostrando entradas de septiembre, 2012

El silencio de tu nombre. Entrevista

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El próximo jueves estará en las librerías El silencio de tu nombre. Han sido dos años de trabajo. Ni más ni menos. A quien quiera saber qué va a encontrar en la novela lo animo a leer esta entrevista que me hicieron los de Plaza & Janés para incluirla en el dossier que está recibiendo la prensa. Por razones de espacio, en el dossier se tuvieron que eliminar algunas preguntas y respuestas. Aquí la tenéis completa. Creo que con esto el lector podrá hacerse una idea de El silencio de tu nombre.  "En El silencio de tu nombre he querido poner el dedo en la llaga: en España también hicimos negocios con los nazis durante la Segunda Guerra Mundial, no tuvimos escrúpulos para abastecernos del oro saqueado en los países ocupados por Alemania, y después de la guerra nos encargamos de proporcionar a los nazis un refugio seguro, entorpecer el trabajo de quienes querían ponerlos delante de un tribunal o facilitarles la huida a otros lugares. Por afinidad política, amistad o incluso por nece…

El público lee

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El jueves diluvia en Sevilla y me cuelo en un centro comercial. Uno de esos emporios a los que la crisis ha sacudido sin piedad y que, a medida que van cerrando las tiendas más persistentes, se ha convertido en una suerte de restos arqueológicos con telarañas colgando de los altos techos y los suelos de madera podridos por la humedad o la falta de uso. Ya no quedan abiertas ni la mitad de las tiendas, y las que aún no han cerrado tienen un aire funerario o de enfermo terminal que espanta a los clientes o sólo atrae a los buitres dispuestos a rapiñar el género que se liquida en las estanterías medio vacías. Con tantas nubes en el cielo no es el mejor día para pasear por un centro comercial moribundo, pero tampoco es mucho mejor quedarse en casa viendo la tele o encender la radio. La crisis parece una enfermedad contagiosa, una epidemia contra la que todos queremos protegernos porque la certeza de ser inmunes es imposible. Nadie está a salvo. Hace ocho años, cuando publiqué La clave Pinn…

La línea de salida

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Gregorio es un amigo al que saco veinte años. Lo conocí cuando, siendo todavía un adolescente, se pedaleaba Sevilla de punta a punta, de noche -aún no había carril bici-, para ir a entrenar. Me recordaba a mí cuando tenía su edad: yo era capaz de privarme de unos días de playa en verano para no perderme una clase de karate. Y también porque le gustaba el cine y había leído alguna novela mía. Pero sobre todo me caía bien porque, a pesar de tantas bromas que soportaba de los veteranos en la escuela de karate, nunca le vi perder la sonrisa ni las formas. Y para eso hay que ser muy inteligente. Gregorio es uno de esos chavales que después de dejarse las pestañas estudiando ha tenido el coraje de irse al extranjero a buscarse la vida. Creo que lleva ya tres años en Inglaterra. No me extraña que le vayan bien las cosas. Y yo que me alegro. Casi siempre a los buenos corredores se les reconoce en la línea de salida, y cuando hace unos años Gregorio me dijo que hacía las maletas y se marchaba …

La sencillez luminosa

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Siento una gran admiración por la gente que, siendo tan buena en alguna cosa, en lugar de afirmarse continuamente fanfarroneando como un pavo real delante de los demás, cuando alguien le pide que demuestre su habilidades en público amaga una sonrisa tímida, casi forzada, y niega amablemente. Igual que desprecio las conversaciones zafias entre amigos que cuentan o se inventan sus aventuras sexuales y miro para otro lado o pienso en otra cosa mientras finjo prestar atención, me rindo ante la muestra de apabullante sencillez de muchas personas notables. Ayer contaba un periodista en un programa de radio que una vez, yendo de camino a una entrevista con la ex presidente nicaragüense Violeta Chamorro, se le descosió un botón del pantalón, y cuando la mujer poderosa a la que estaba entrevistando se percató de su incomodidad y le preguntó el motivo, sucedió lo que jamás habría imaginado: ella misma se ofreció a coserle el botón mientras él esperaba en una habitación contigua en calzoncillos.…

Posponer la felicidad

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Aunque no me gusta el calor esperaba que el verano se prolongase un poco, al menos hasta mediados de octubre, igual que el año pasado. Tengo alguna foto del otoño anterior, en la playa. Como voy poco a la playa en verano procuro aprovechar para escaparme unos días antes de que llegue el frío, bañarme un rato. No sé. Lo que hace mucha gente en verano pero yo siempre pospongo con el riesgo de que algún año el verano termine cuando lo marca el calendario. A pesar de la frustración me consuelan las nubes y la fina lluvia en el sur, levantarme por la mañana y tener incluso que abrigarme para sentarme en el despacho. Seguro que las nubes y la lluvia desaparecerán y el calor volverá, a ráfagas, hasta quizá finales de octubre, pero yo ya no estaré en el sur. Y el único consuelo será que el verano sucederá otra vez, y quizá seré tan torpe para esperar otra vez a disfrutar de la playa en otoño. Quizá no sea tan bueno retrasar la felicidad cuando uno la tiene al alcance de la mano.


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Los libros de mis amigos

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Apenas faltan un par de semanas para que El silencio de tu nombre empiece a distribuirse por las librerías de toda España y uno se encuentra felizmente atareado contestando llamadas, escribiendo frenéticamente correos electrónicos o escuchando con atención las indicaciones del departamento de prensa de tu editorial. A veces pienso que el trabajo del escritor consiste en estar encerrado durante un par de años viviendo con gente que sólo existe en tu imaginación y luego asomar la cabeza, ponerte al servicio de la editorial para que te lleve de viaje y le cuentes a todos los periodistas que puedas hasta dónde has querido llegar esta vez, si has intentado el más difícil todavía o te has acomodado. Uno cree, y por fortuna casi siempre está equivocado, que cuando publicas una nueva novela muy probablemente a la prensa no le interesará tu trabajo o acaso le interesará pero menos que el de otros escritores; que los lectores ya se habrán olvidado de ti o a lo mejor sus gustos habrán cambiado. …

Todos somos viejos

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El otro día hablaba con un buen amigo sobre el paso del tiempo. Los dos hemos pasado la barrera de los cuarenta y recordábamos lo cercanas que se nos antojan en el tiempo las cosas de hace veinte años. Lo inquietante de esto, resolvimos, es que la gente que hace veinte años tenía nuestra edad ahora anda rondando la jubilación. Quizá haya llegado el momento de hacer lo que uno ha ido dejando pendiente para más adelante, cuando era muy joven y el futuro era una inagotable línea invisible. Cosas que se pueden contar públicamente y cosas que no… Que nadie se me asuste o levante una ceja: no es ésta una entrada derrotista, sino una reflexión sincera sobre el paso del tiempo. Uno puede hacer deporte con la misma intensidad o incluso mayor que hace veinte años, ser un amante tan torpe, tan digno o tan virtuoso después de los cuarenta como a los veinte, y acaso espera secretamente que sea siempre así, pero por mucho que quiera no podrá evitar que una mano invisible siga arrancando las hojas d…

El iphone 5

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No sabéis cuánto echo de menos esos tiempos en los que veías a alguien usando un teléfono móvil en la calle  y te lo quedabas mirando con ganas de llamar a una ambulancia para que lo ingresaran en un sanatorio. Y no niego que los móviles sean útiles. Si no, no los tendría todo el mundo. Por desgracia, ya casi no puedo salir de casa sin el mío porque me aterra pensar que me llamen para algo urgente y no me entere. Una vez perdí el móvil en un aeropuerto y sufrí la angustia de estar lejos y no poder ser localizado. Ahora que parece que están a punto de salir en los informativos las imágenes de la gente haciendo cola en las tiendas para comprarse el nuevo iphone me acuerdo que en el verano de 2008 ya escribí un artículo para la radio donde, seguro que por mi ignorancia sobre todo lo que tiene que ver con nuevos cacharros tecnológicos, mostraba mi perplejidad y mi ignorancia porque tanta gente estuviera dispuesta a pasarse horas de pie para luego soltar una pasta y llevarse a casa un móvil…

La Central en Madrid

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No voy a Madrid desde el final de la primavera, y cada vez tengo más ganas. Pronto me dejaré caer por allí, pero hoy hubiera sido un buen motivo para acercarme porque me habían mandado una invitación para asistir a la inauguración del nuevo local de la librería La Central en Callao. Pero, por una mezcla de pereza y desidia, en lugar de en el AVE camino de Madrid estoy en mi casa sin mucha más tarea que velar armas mientras llega el momento de que mi nueva novela se empiece a distribuir por las librerías y la promoción me empuje a vivir entre estudios de radio, televisiones, redacciones de periódicos, hoteles, estaciones y aeropuertos durante una temporada. La inauguración de la librería no hubiera sido más que una excusa para pasar un par de días en Madrid, saludar a algunos amigos y patearme otra vez las mismas calles por las que transitan los personajes de El silencio de tu nombre. Pero, como digo, tampoco pasa nada: pronto estaré por allí. De todos modos, para cualquier amante de l…