Todos somos viejos



El otro día hablaba con un buen amigo sobre el paso del tiempo. Los dos hemos pasado la barrera de los cuarenta y recordábamos lo cercanas que se nos antojan en el tiempo las cosas de hace veinte años. Lo inquietante de esto, resolvimos, es que la gente que hace veinte años tenía nuestra edad ahora anda rondando la jubilación. Quizá haya llegado el momento de hacer lo que uno ha ido dejando pendiente para más adelante, cuando era muy joven y el futuro era una inagotable línea invisible. Cosas que se pueden contar públicamente y cosas que no… Que nadie se me asuste o levante una ceja: no es ésta una entrada derrotista, sino una reflexión sincera sobre el paso del tiempo. Uno puede hacer deporte con la misma intensidad o incluso mayor que hace veinte años, ser un amante tan torpe, tan digno o tan virtuoso después de los cuarenta como a los veinte, y acaso espera secretamente que sea siempre así, pero por mucho que quiera no podrá evitar que una mano invisible siga arrancando las hojas del calendario.
Ayer vi una película en la que casi todos los personajes eran ancianos. Arrugas es un documento excepcional sobre la vejez, en dibujos animados. Lo peor no es ir perdiendo la memoria y poco a poco no saber quién eres ni quién viene a visitarte a la residencia, sino perder la dignidad. 
No estoy enfermo, le dice Hal Holbrook al joven empresario del circo en Agua para elefantes. Sólo soy viejo. A mi amigo y a mí aún nos queda mucho para eso. Media vida. Pero si como dice el tango veinte años no es nada, cuarenta años más tampoco. Y al final de arrugas hay una sentencia demoledora: Dedicada a todos, ancianos de hoy, ancianos de mañana. Quiere decir que todos seremos viejos, antes o después. Y no está mal recordarlo de vez en cuando.
Y no os perdáis Arrugas. A mí me ha encantado.










© Andrés Pérez Domínguez, septiembre de 2012


Comentarios

  1. pues sí, Andrés, ya no tenemos delante la inagotable línea del futuro, estamos encima de ella haciendo equilibrios para no caernos, y así es esto que llamamos la vida.
    La pena, para los que no creemos en nada, es saber que allí se acaba todo: nos esfumamos con la misma ligereza con la que llegamos, algunos dejando más o menos huella, pero todo termina ahí.
    No hay más incentivo, tal vez por ello inventaron la religión, para animarnos a seguir luchando...

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  2. Así es, querido amigo. Y no te pierdas Arrugas. Te gustará. Un abrazo,

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  3. suena a un remix de "Viejos"...jeje, todo llega!

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  4. Hay muchacho y eso lo dices tú ,(que aun estas en los cuarenta )no sabes lo rápido que se pasan (que me lo digan a mi) ,Buenas noches .Últimamente no me das tiempo a comentar .lo cambias rápido ,claro que yo estoy leyendo un libro y se me va el tiempo

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  5. Rosa Mary: encantado de verte por aquí otra vez. Un abrazo,

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