Las bolas sobre el tapete. Tour de El silencio de tu nombre XXV. Oviedo



Asturias siempre será como un pellizco agradable, un recuerdo que a medida que se aleja en el tiempo se vuelve más entrañable. Hace trece años, al final del verano, me llamaron para decirme que había ganado un concurso de relatos. Era la primera vez, y tan sorprendido estaba cuando descolgué el teléfono que cuando dijeron mi nombre pensé que me iban a pedir mi dirección para devolverme las copias que había mandado al concurso. No tenía que ir a recogerlo, pero a mediados de ese otoño enfilé el morro del coche rumbo a Asturias y con el pretexto del diploma y el cheque me pasé una semana en el norte. Creo que es una de las mejores inversiones que he hecho nunca. De aquel viaje nació un cuento que pocos meses después ganó el premio “Max Aub”. Todavía hay quien me recuerda por ese texto.
Siempre he vuelto a Asturias por motivos literarios: en el otoño de 2004, para presentar La clave Pinner. En el verano de 2005 porque esa novela fue finalista en un premio en la Semana Negra de Gijón; un par de veces en la primavera de 2010, durante la promoción de El violinista de Mauthausen. Ese mismo verano fui finalista otra vez de un premio en la Semana Negra de Gijón y ahora, al volver a Asturias, pienso en aquel viaje de hace trece años y siento que la vida es como una partida de billar en la que el taco empuja a la bola y ésta empieza a rodar por el tapete sin que nadie pueda adivinar lo que va a pasar. Ya escribí una frase muy parecida en una novela. Hace tiempo. Puede que algunos lectores la reconozcan.
He vuelto a Oviedo y el placer es tan grande como la primera vez. Mayor incluso, porque uno disfruta más cuando regresa a los lugares donde ha sido feliz.



© Andrés Pérez Domínguez, diciembre de 2012

Comentarios

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Las pajas reales (o cómo escribir una felicitación navideña políticamente correcta)

La Teoría de la Relatividad

Un viejo cascarrabias