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Mostrando entradas de 2013

La noción del tiempo

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Me obligo a suspender durante la Navidad la escritura de mi nueva novela, pero al cabo de unos pocos días compruebo con extraña resignación que me he convertido ―en realidad, siempre lo he sido― en uno de esos tipos que se sienten culpables y aturdidos cuando no están trabajando, aunque muchas veces, cuando toca, no me mporte trabajar los sábados y los domingos o levantarme a unas horas muy raras porque mejor que soportar el agobiante insomnio en la cama es mejor sentarse en el despacho a escribir. Aunque puedo trabajar cuando quiera, ahora mismo, en cuanto termine de escribir esta entrada, empujo penosamente los días de la Navidad que me gusta tanto pero también se me hace tan larga. Soy uno de esos desgraciados que no saben qué hacer cuando no están trabajando y necesitan la rutina y miran el ocio con recelo, para tenerlo a raya quizá, y el viernes pasado me mosqueó darme cuenta de que había perdido la noción del tiempo. En el telediario, por la noche, hablaban de la operación salid…

En el instituto de Sanlúcar, treinta años después

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Me habían invitado a participar en un encuentro con los chavales del instituto de Sanlúcar la Mayor, donde estudié desde primero hasta tercero de B.U.P, lo que ahora creo que sería desde tercero de E.S.O. hasta primero de bachillerato. Me contaron que algunos alumnos del centro habían leído La clave Pinner y me preguntaron si podía acercarme un día. No pensé que serían más de cinco o seis estudiantes que habían solicitado un ejemplar en la biblioteca del instituto, pero a ciertos sitios no puedes dejar de ir si te lo piden, y además vas con gusto y por la patilla, entre otras cosas porque también has estudiado allí y cuando uno tenía quince años, como la mayoría de los alumnos de segundo de E.S.O. que han estado conmigo esta mañana, le hubiera gustado ver que los escritores no siempre son seres lejanos y misteriosos que en la mayoría de los casos llevan muchos siglos criando malvas bajo una lápida. Me acerco con algo de tiempo porque antes de la charla quiero echar un vistazo al lugar…

Entre George Clooney y Paco Martínez Soria

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Una de las muchas cosas buenas que tiene Internet es que es una hemeroteca gigantesca en la que basta un click para empezar a bucear. No hace tanto algunos de los políticos que ahora festejan que Sheldon Adelson se vaya con sus casinos y sus millones a otra parte sugerían la conveniencia de cambiar las leyes para que Mr. Marshall no se volviera a escapar sesenta años después. Total, qué más daba mirar para otro lado a cambio de unos cuantos millones y la promesa increíble de doscientos cincuenta mil puestos de trabajo. Después de enterarnos de que los americanos se van por fin a buscar lugares más favorables he visto algunos reportajes en la tele sobre casinos y curiosidades varias, y todavía me alegro más de que hayan pasado de largo. A mí nunca me gustó el proyecto de Eurovegas, no sólo porque no me tragaba eso de tantos puestos de trabajo o prefiriese otra cosa para España, además de que me parecía patético el espectáculo de algunos políticos bajándose los pantalones para decirle a…

Bodas de oro

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Durante el puente de la Constitución y la Inmaculada luce un sol espléndido que te empuja a salir a la calle para dar una vuelta por el centro de la ciudad y ver los adornos navideños recién colocados. El viernes no puedo porque trabajo a pesar de ser fiesta. Llevo mi nueva novela a un buen ritmo y prefiero no parar hasta Navidades, cuando haré una pausa sobre todo para sentarme a leer tranquilamente lo que llevo escrito y ajustar la trama para que no se desvíe y me lleve por derroteros que no son los que quiero. Pero el sábado por la mañana aprovecho para caminar por el centro, acercarme otra vez a la Feria del Libro Antiguo que aún sigue en la plaza Nueva. Me gusta diciembre. Puede que sea el mes del año que más disfruto, porque hace frío y los días son más cortos y las Navidades están cerca. Siempre que he podido en diciembre he aprovechado para hacer alguna escapada y recorrer los mercados navideños de esas ciudades extranjeras donde a pesar del frío hay tanta gente en los puestos…

Los drones mensajeros

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Parece que dentro de pocos años el gigante Amazon va llevar los pedidos a sus clientes en aviones teledirigidos, y ya hemos visto en la tele esos artefactos voladores con hélices y un paquete en la panza que se posan silenciosamente en los jardines de las casas americanas, los dejan en el césped y luego levantan el vuelo para regresar al almacén. Presumo que esto sólo vale para casas con jardín, con lo que el progreso y sus ventajas, aunque no queramos, tiene mucho que ver con las clases sociales. No sé si cada vez nos pareceremos más a Blade Runner o a la para mí aún mejor, mal que a algunos amigos cinéfilos les pese, Minority report, y aunque seguro que entregar paquetes en avioncitos con mando a distancia tiene sus ventajas y resulta la mar de molón, a mí me mosquea un poco pensar que estos trastos sobrevuelen el cielo algún día, que se les pueda caer un paquete y aplastar la cabeza de cualquiera que pasee por la calle, o estropearse durante el vuelo y estrellarse contra el parabri…

Astérix en los tribunales

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La colección de los tebeos de Astérix ocupa uno de los lugares privilegiados de mi estantería desde hace un cuarto de siglo, cuando un día de mi santo tuve el dinero suficiente para comprarla de un tirón y llevármela a casa en una caja que me prepararon en el Corte Inglés del centro de Sevilla. Había leído las aventuras del galo una década antes, en un montón de tardes felices en la biblioteca de mi pueblo, que además estaba en el edificio contiguo a donde viví unos años de niño: Astérix en Hispania, donde todas las carreteras estaban en obras y las ciudades en fiesta, y en Hispalis, además, los druidas celebraban las fiestas encapuchados... Astérix en Bretaña, donde había unos bardos muy famosos de Liverpool... Astérix en Bélgica, donde los galos irreductibles estaban enfadados porque Julio César había escrito que de todos los pueblos de la Galia los belgas eran los más valientes... Lo escribo de memoria y me dan ganas de ponerme a leerlos todos otra vez. Los miro en la estantería de…

Isabel

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Anoche terminó la segunda temporada de la serie Isabel y supongo que la tercera no se estrenará hasta después del verano de 2014. Mucha gente, entre los que me incluyo, tiene ganas de verla. Vale que Isabel no tiene ese glamour lujurioso de Los Tudor y que Rodolfo Sancho no transmite el mismo magnetismo que Jonathan Rhys Meyers cuando se pone la ropa de Enrique VIII, o se la quita... Vale que Isabel no tiene esa oscura épica de Juego de Tronos, y vale también que las escenas de batallas no resultan creíbles por la falta de medios o de ambición, o quizá por ambos motivos. Vale que podría ser mucho mejor serie de la que es, pero a mí me gusta que se cuente ese momento tan interesante de la Historia de España de una forma dramatizada, aunque se permita licencias, como es preceptivo en la ficción para darle un barniz más atractivo al espectador. Isabel resulta un producto más que decente. Ya digo: no es Los Tudor, ni Juego de Tronos, ni Mad men o The newsroom. Ni falta que le hace. No soy…

Aprovechar el día

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No dejo de leer que los blogs están de capa caída, y tal vez sea verdad porque los lectores están acostumbrados (malacostumbrados, vaya) a textos rápidos, a pasar de uno a otro a golpe de click, a no detenerse el tiempo necesario porque enseguida se aburren y pasan a otra cosa. La vida misma, quizá. Pero me preocupa entrar en el mío y darme cuenta de que hace un par de semanas que no escribo nada. Aunque dar explicaciones por no asomarse por la propia bitácora resulta absurdo, pero sobre todo pretencioso, ya que al hacerlo uno supone que habrá alguien esperando enfadado al otro lado porque no has escrito nada cuando lo lógico es que tu blog y lo que escribes no sea más que una gota de agua perdida en el océano. Ni siquiera eso. En fin. Por si le interesa a alguien: ando arremangado con una nueva novela y me gustaría que los días tuvieran más horas. Ahora miro por la ventana de mi despacho y amanece. El de ayer ha sido un día extraño, complicado. Llevo toda la semana resfriado y no he …

Ruido

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Salta en los medios de comunicación una noticia estos días que me hace reflexionar sobre la relación que tenemos con el ruido: se está celebrando el juicio a una joven cuya vecina acabó de los nervios de tanto oírla tocar el piano cada día. No sé en qué acabará el asunto, y aunque pedir siete años de cárcel para la pianista me parece desproporcionado, tengo que decir que el ruido resulta tan terrible para quien lo padece como insignificante o risible para quien no le molesta. Me temo que en un país donde cualquier reunión de amigos parece una algarabía y en los bares mucha gente parece estar discutiendo o celebrando que le ha tocado la lotería la denuncia de la vecina a la mayoría no le parecerá más que el lamento de una quejica aguafiestas, ya saben: esas personas tocapelotas que disfrutan incordiando. Pero basta tener la ventana abierta un rato para que antes o después se te cuelen los molestos sonidos de una obra, las motos circulando a escape libre, la música del vecino tan alta p…

San Francisco de Paula

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Quizá por el paso del tiempo, tan evidente e inevitable, y aunque parezca paradójico, feliz también, salto este otoño de una efeméride a otra. Hace poco celebraba unas curiosas bodas de plata, luego los cuarenta y espléndidos años de un gran maestro, y falta menos de un mes para celebrar unas bodas de oro que adivino quizá demasiado emotivas y emocionantes para contarlas, pero al final seguramente también contaré. El viernes me acerco al último de los aniversarios a los que he asistido este otoño. No sé si será porque prefiero no dejarme arrastrar por la nostalgia, pero al cabo de los años me he dado cuenta de que no acostumbro a regresar a los lugares que han sido importantes para mí, aunque, qué curioso, cuando tengo una excusa, aprovecho la oportunidad para volver. Hace seis años me colocaron en la solapa la insignia de antiguo alumno de los Maristas, en el mismo salón de actos del colegio donde estudié la E.G.B. y donde creo que estúpidamente y sin ninguna razón no había vuelto a …

El nirvana

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Hace poco decía Tom Hanks en una entrevista que para él no había nada como meterse en la cama con su esposa a las diez menos diez, colocar la almohada entre las piernas, hablar de cómo les había ido el día, hacer un crucigrama, ponerse el protector bucal, apagar la luz y, a las diez y veinte, el nirvana. Parece claro que estar contento ―la palabra felicidad siempre me ha parecido demasiado grande, y acaso ser feliz no sea más que estar contento muchas veces― para el actor tiene más que ver con las cosas pequeñas que con subir las escaleras para recoger una estatuilla en la ceremonia de los Oscar. Habrá quien diga en la reflexión había algo de impostura, pero yo me lo creo. He dicho muchas veces que una de las cosas que más disfruto en la vida es un rincón tranquilo donde poder leer y escribir. Esta tarde, después de una comida sabrosa en familia y un par de copas de vino, me siento en mi estudio, en silencio, estiro las piernas, las acomodo sobre el viejo escabel, me pongo las gafas, …

Gente que sabe

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Me invita un amigo a comer a su casa porque le pregunté hace tiempo por unas cuestiones que me interesaban saber para una novela que ando escribiendo. Cuando la novela en la que trabajas sucede en otra época lo normal es recurrir a libros y a esas hemerotecas virtuales que tan útiles nos resultan a quienes nos gusta comprobar datos y crear una atmósfera creíble que amueble el mundo donde se van a desenvolver tus personajes. Para la historia de la que llevo más de cien páginas escritas, más que datos técnicos me interesa saber si ciertas cosas que ya he puesto en la trama o tengo previstas que sucedan resultan verosímiles. Escribir una novela es casi siempre inventar, pero yo necesito refugiarme al menos en ciertos detalles reales desde los que pueda trabajar con libertad. Mi amigo ha invitado también a otro amigo porque piensa, con buen criterio, que otra visión puede enriquecer la novela. Para que me ayuden tengo que hacer algo bastante inusual en mí: contarles a grandes rasgos la hi…

Escritores pobres, pobres escritores

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Al relacionarme con amigos norteamericanos siempre me ha sorprendido la naturalidad con la que se habla de dinero. En una sociedad en la que se tiene asumido sin complejos el éxito como una meta importante en la vida no resulta extraño que alguien te cuente, y no necesariamente con petulancia, lo que le ha costado su casa o el dinero que ha ganado su hijo ese año, que además esta enfadado, te lo explica con una sonrisa, porque ha de pagar impuestos, o te pregunte abiertamente el dinero que ganas en tu oficio. En España es diferente, probablemente porque este país tiene una mayor e inevitable tendencia a la envidia y a la mala leche y hemos mamado eso de no hacernos notar, o será porque aún nos quedan ecos de siglos de Inquisición ―ya sabéis: con la Inquisición, chitón― o de la dictadura, y a todos nos enseñaron desde pequeñitos que, de política y de dinero, cuanto menos se hable mucho mejor. Puede que por eso jamás he preguntado a un amigo, por mucha confianza que tenga con él, cuánto …

Gravity

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Me siento a ver Gravity sin estar muy seguro de lo que me voy a encontrar. La otra opción es Prisioneros, pero aunque también me apetece ver la de Hugh Jackman al final se impone esa lógica que habla de que quienes entran en una sala de cine están más predispuestos a ver un espectáculo. Muy probablemente veré Prisioneros, pero no sé si en el cine o cuando la estrenen en Canal +, y ahora que caigo no sé por qué he mencionado eso del espectáculo, ya que también quiero ver la última de Daniel Sánchez Arévalo y no quiero perderme la de David Trueba cuando la estrenen. Quizá sea más sencillo y sólo se trate de lo que te apetezca en cada momento. Ayer me apetecía Gravity. Eso es todo. Yo creo que Gravity es de esas películas que a mucha gente fascinará pero también a otra mucha la dejará indiferente o decepcionará. Yo soy de los que se van a situar en un término medio. Bueno, sí, pero un poco escorado hacia el grupo de los primeros, porque merece la pena ver Gravity, y merece la pena verla s…

Tanta buena gente

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Me divierte que a tantos lectores sorprenda mi gusto por el karate. Alguna vez, si la ocasión lo merece, cuelgo una foto en Facebook dedicando una novela a un compañero de tatami, o junto al Maestro si viene a visitarme a la feria del Libro, y al personal le sorprende. El caso es que no suelo hablar mucho del karate en esta bitácora ni en las redes sociales, seguro porque lo practico desde hace tantos años ―la afición por el karate me ha durado más que cualquier novia, trabajo, negocio o incluso la mayoría de mis amigos― y es algo demasiado íntimo. Es verdad que, como decía un amigo el otro día, planchar el karategui (la ropa se llama así, no kimono), doblarlo y guardarlo en la bolsa antes de ir a entrenar tiene algo de litúrgico y, con la distancia y las diferencias oportunas, por supuesto, quizá se asemeje a la emoción de vestirse de nazareno, pero no puedo estar seguro porque quien firma esta entrada en el blog jamás ha desfilado en procesión con un capirote y un cirio en la mano. A…

Horario europeo

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Anoche me dormí a deshoras porque me quedé en la terraza mirando un cielo limpio de nubes y apareció una estrella fugaz. Aunque no sean más que meteoritos, esas luces que cruzan a veces el cielo y que cuando más impresionan es a la luz del día siempre me parecen una oportunidad para pedir un deseo o, como mínimo, el motivo para apuntar una sonrisa. Pero acostarme tarde por la observación astronómica me descoloca un poco hoy, y después de ver una película quiero salir a andar por el campo —lo siento, la palabra senderismo siempre me ha parecido una cursilería— pero me doy cuenta con pena de que el sol se esconderá pronto en el horizonte y apenas podré caminar un rato. Escribo esta entrada cuando pasan quince minutos de las ocho de la tarde y ya es casi de noche. Me acuerdo de las veces que he escuchado hablar en los medios de comunicación estos días sobre el cambio de hora. Según nos corresponde por el meridiano ahora debería ser una hora menos, y para que nuestros ritmos fueran parejo…

Tom Clancy

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Anoche me enteré de que se había muerto Tom Clancy, que con toda seguridad no pasará a la historia como un virtuoso de la Literatura pero presumía de lo que sólo unos cuantos autores de ahora pueden: tener millones de lectores. Creo que Ronald Reagan dijo alguna vez que era su escritor favorito, y probablemente esa afirmación no le hizo mucho bien. Yo sólo he leído dos novelas de Tom Clancy, hace muchos años, y aunque al hacerlo uno puede entender por qué fueron las favoritas del presidente Reagan (enseguida aflora cierto tufillo reaccionario), he de decir que la primera de ellas me la zampé con la emoción del adolescente que era. En España se publicó en 1987, si no me falla la memoria, con el título La caza del submarino ruso, aunque luego se reeditó y se le cambió convenientemente el título por el suyo original en inglés, el mismo que llevaba la película: La caza del Octubre Rojo. Consideraciones literarias aparte, que ni me corresponden ni me apetecen, he de decir que la premisa de…

Críticas contaminantes

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Sé que ahora es lo habitual cuando alguien quiere enterarse de qué va una película o un libro antes de leerlo o pagar la entrada en el cine, pero a mí me gusta hacerlo al revés. Quiero decir que lo más lógico es entrar en el foro de turno y leer los comentarios que ha dejado el personal. Y no es una mala idea, pues generalmente las opiniones de los otros sirven como guía. O pueden servir. Pero será porque antes, cuando no existía Internet, a mí me gustaba ir a ver una película o leer un libro sin haber leído una sola crítica sobre ellos, ahora tampoco me gusta entrar en los foros para saber lo que piensan los demás. Hoy he hecho la prueba para ver lo que dicen por ahí sobre una película que he visto hace poco y me ha decepcionado y una serie que me ha encantado. Algunos espectadores opinan lo mismo que yo y otros opinan lo contrario, faltaría más. Al cabo, cuando me siento a ver una película o a leer una novela no soy más que un lector o un espectador cualquiera. Y leer críticas a pos…

La foto fálica

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Sólo rompo la disciplina marcial de escribir por las mañanas si hay un motivo muy importante. El de hoy merecía la pena, sin duda. Me había escrito Daniel Mordzinski para decirme que se inauguraba su exposición en la Casa de la Provincia en Sevilla y que él andaría por allí, lo que resulta la excusa perfecta para no sentirte culpable por alejarte de los folios y de tu despacho durante unas horas. Además, cualquiera que haya llegado hasta la plaza del Triunfo en Sevilla alguna vez paseando desde la calle Miguel de Mañara sabrá que resistirse es poco menos que imposible. Con Mordzinski estuve en Sevilla en julio, y ya dejé constancia en el blog de por qué me acabó retratando con una caña de pescar y una pistola de agua en el Guadalquivir. Sus fotos van a estar durante un par de meses expuestas en la ciudad y luego se podrán ver en otros sitios. Os aseguro que merece la pena acercarse. Docenas de instantáneas de las que podrían contarse docenas de historias. El fotógrafo las ha vivido to…

La cueva de los inmigrantes

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Quizá porque este país se despeña cuesta abajo y sin frenos y ahora los jóvenes tienen que hacer las maletas para buscarse la vida, me da la sensación de que se piensa menos en los inmigrantes, los que vienen desde algún país africano después de atravesar el desierto y el estrecho. Pero siguen ahí , aunque no nos queramos dar cuenta. Ayer los vi otra vez, en el telediario, mostrando a las cámaras una cueva marroquí en la que malviven esperando la oportunidad de entrar en Europa, temerosos de ser descubiertos por la policía de Marruecos. Siempre me ha impresionado la determinación de quien es capaz de dejar su familia, su casa, quizá endeudarse con unos mafiosos implacables y arriesgar la vida para venir a un sitio donde, con suerte, acabará vendiendo pañuelos en un semáforo o baratijas en la playa, lo que no es más que una manera, y no necesariamente menos humillante, de pedir limosna. Tan triste y tan falta de esperanza debe de ser su existencia en el lugar donde han nacido para que…