Dos fotografías
Han
pasado cuarenta años, o casi, entre estas dos imágenes. La de la izquierda es
una de mis fotos favoritas. Recuerdo el momento en que nos la hizo, cuando
estábamos a punto de salir para un viaje o una excursión, un viejo amigo de la
familia que hace ya muchos años que murió. Me gusta tanto que una vez la
dibujé, en carboncillo, y la tengo guardada en una carpeta que ya no abro
porque me recuerda que hace demasiado tiempo que no me siento a trazar líneas
en un papel por puro placer. Y ya va siendo hora de dibujar otra vez. La de la
derecha tiene poco más de un mes y ahora preside el salón de la casa de mis
padres. La foto original de la izquierda me la regaló mi hermana hace unos
cuantos años, y debe de estar escondida en algún álbum polvoriento, en el fondo
de cualquier caja arrinconada en una mudanza. Hace más de dos años que cambié
de casa y estos días, al tomar medidas para una nueva estantería que voy a
poner porque los libros parecen multiplicarse milagrosamente a mi alrededor, me
he dado cuenta de que no hay fotos en las paredes. Las pocas que
tengo aún están colgadas en la buhardilla donde escribía antes. Quizá con las fotos
analógicas (las que se pueden tocar, como dice mi madre) y las digitales pase
lo mismo que con los amigos de carne y hueso y la gente que conoces en las
redes sociales: a poco que te descuides llega un momento en que para ver las
fotos que te emocionan o para hablar con alguien a quien no has visto en tu vida tienes que sentarte delante de una pantalla. Y no acaba de gustarme. Yo también
prefiero las fotos en las paredes y sentarme a charlar con un viejo amigo.
Estoy
seguro de que estas dos fotos van a estar muy pronto colgadas en algún lugar
destacado de mi casa. Cerca de cuatro décadas entre las dos y son tan parecidas
que al mirarlas juntas me asalta un leve escalofrío. En la primera no se ve,
pero mi hermana, que tiene casi cuatro años más que yo, me sujeta mientras mi
padrino nos retrata. Seguro. En la segunda soy yo quien pasa el brazo por la espalda
de mi hermana. En la expresión de mi hermana anida el mismo entusiasmo y las mismas
ganas de vivir entonces y ahora. Yo tengo la sonrisa idéntica, levemente torcida, en las dos fotografías.
El gesto algo escéptico, calcado el de hace un mes al de cuando tenía tres o cuatro años. Quizá
en un mundo paralelo haya un Andrés octogenario mirando ahora mismo tres fotografías,
sonriendo igual que yo, alegrándose por los momentos vividos o lamentándose por
el tiempo perdido. Quién puede saberlo.
©
Andrés Pérez Domínguez, enero de 2013


Comentarios
menudos mofletes más graciosos que tenías, un beso.
¡Enhorabuena a los dos!
Saludos.
Rosa Mary siento mucho tu pérdida. Un beso muy fuerte
Cuantos recuerdos nos traen mirando esas viejas fotografias,verdad?.
Un abrazo
Las fotos que has compartido están preciosas.
Muchos saludos.
Abrazos para todos.
Y a ti, Rosa Mary, decirte que lamento mucho lo de tu madre. No sabía nada. Lo siento mucho, de verdad.
Un beso grande.